Mostrando entradas con la etiqueta Folklore. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Folklore. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de julio de 2018

Jorge Cafrune - La Independencia


Esta obra quiere contribuir dignamente al memorable fasto del sesquicentenario de la independencia Argentina (1816 - 9 de julio - 1966). La ocasión era propicia para un proyecto noblemente ambicioso. Entendimos que el homenaje no debía quedar reducido a una mera relación del hecho histórico y su circunstancia. Era necesario extraer la vibración vital que alentó en ello, subrayar lo humano del personaje heroico, destacar inclusive la participación popular en la gesta libertador; humanizar, en fin, la figura de los próceres, para acercarlos más a la admiración y el cariño del pueblo. Y no debía ser olvidado el soldado desconocido, el valeroso criollo que se sumó a la gesta libertadora con alma y cuerpo, dejando, en no pocos casos, sus huesos en algún arenal, sin tumba y sin memoria.
Para exponer el tema con la intensidad debida centramos el enfoque en algunos de los principales hombres y acontecimientos que contribuyeron a la emancipación Argentina desde el primer grito de libertad, el 25 de mayo de 1810, hasta la formal declaración de independencia en el histórico congreso de Tucumán.

La patria estaba amenazada por el norte, el este y el oeste. La revolución corría inminente riesgo de ser ahogada para siempre. Triunfó, con todo, la valerosa decisión que significaba quemar las naves para gobernarnos en adelante a título de nación soberana.

Este long play ha sido el resultado del permanente diálogo entre intérprete, autor y compositores para que la obra se integrara en un homenaje elevado y digno, pero de cálido tono popular como lo tuvo la criolla gesta de nuestra emancipación.
La patria en sí, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Guillermo Brown, el Soldado Desconocido, Martín Güemes, San Martín y sus granaderos, el Congreso de Tucumán, forman sucesivamente el temario que inspira las composiciones. La nota romántica de una zamba -Niña de Tucumán- cierra, con broche evocativo, con melodía inspirada en la condición, el homenaje que nos propusimos rendir.

-León Benarós-


jueves, 4 de febrero de 2016

Jorge Cafrune - El Chacho, Vida y Muerte de un Caudillo

Imperdible obra maestra dedicada al caudillo riojano Ángel Vicente 'Chacho' Peñaloza, interpretada por el inolvidable Jorge Cafrune sobre textos de León Benaros y música de Eduardo Falú, Adolfo Abalos y otros.

Descarga El Chacho de Jorge Cafrune

viernes, 21 de agosto de 2015

Cerro de la Matanza - Zurdo Martínez


Señor del río dame tu luz, tu resplandor
Mi tiempo es éste, mi madre tierra, mi padre sol…
Aquí en el cerro de la matanza junto a tu cruz
amo tu delta, tus aves libres, tu cielo azul.

Voy con mi sueño, caudal de coplas, detrás de ti
Yo soy tu barro, tu artesanía, tu soplo soy…
Y en la escultura de tu más bella cuñataí,
Veo tus manos creando un mundo de perfección.

El río pasa y se va,
Bermejo, al atardecer,
Y la tristeza del indio,
Sangrando parte con él.

Señor del viento, dame justicia, dame tu voz,
Dame paciencia para sembrar por donde voy…
Dame tu piel, yo se que estás en cada flor,
En cada espina, y en cada pétalo de amor.
Hermano indio, perdón te pido, yo bien lo sé,
Tu sangre y lágrimas, que son penas sin resolver…
Perdón guitarra, si he lastimado tu corazón…
Tú me comprendes y estás llorando igual que yo.

(Aníbal Sampayo)

sábado, 4 de abril de 2015

Moriscos y Gauchos: El Legado

         El nombre ‘español’ no puede aplicarse indistintamente a cualquier vestigio colonial originado en la España del siglo XVI porque todavía seguían residiendo en ella miembros y ex-miembros de la comunidad musulmana cuyas creencias y costumbres se diferenciaban netamente de las del sector cristiano. Serán precisamente los descendientes de musulmanes los más necesitados de abandonar España cuando en 1609 se decrete un edicto de expulsión contra su comunidad.

         Al mismo tiempo, el movimiento humano que supone la colonización del Nuevo Mundo brindaría la ocasión de que estos moriscos, disimulando su origen, aprovecharan las ventajas de radicarse en América. Es ese mecanismo el responsable del traslado al Río del Plata de rasgos culturales, materiales y psicológicos que evocan, desde entonces, la presencia del lejano marco islámico dentro del que habían vivido los moriscos antes de la cancelación jurídica de su comunidad.

Estudio completo en: Moriscos y Gauchos: El Legado

sábado, 17 de enero de 2015

Señor de Montiel

Dedicada al poeta Delio Panizza. Escrita por Aníbal Sampayo, interpretada por el Zurdo Martínez.

Partió con el alba
en brioso corcel,
guitarras y lanzas...
guitarras y lanzas
galopan con él.

Lo llora Entre Ríos
al amanecer,
y aquí en la otra Banda...
y aquí en la otra Banda
lo lloran también.

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma
sangrando un laurel.

Los talas del monte,
el rojo clavel,
beben de su canto,
beben de su canto
rocíos de miel.

Y en los espinillos
se ojala la piel
cuando grita el viento,
cuando grita el viento:
"don Delio se fue".

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma
sangrando un laurel.

En décimas suyas
vibra el Uruguay,
los hijos de Artigas...
los hijos de Artigas
no lo olvidarán.

Y allá en su Entre Ríos
siempre vivirá
con don Martiniano...
con don Martiniano,
dos glorias serán.

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma

sangrando un laurel.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Décimas de Antonio Alejandro Gil


Planta un árbol convencido, aunque el sitio en que lo plantes no sea tuyo y mueras antes de saberlo florecido,
que hará un pájaro su nido a su abrigo acojedor,
que a un hombre trabajador será su sombra propicia,
y que siempre beneficia lo que se hace por amor.

Me enviaron a trabajar cuando aún era tan pequeño,
que hasta me parece un sueño que eso pudiese pasar,
jugar, no aprendí a jugar, y aunque lo hubiese aprendido,
por la noche tan rendido me dejaban los recados,
que mis últimos bocados me los mascaba dormido.

Es cierto, mi vida nada tiene de particular,
monótono trabajar, jornada sobre jornada,
esta guitarra templada, alguno que otro soñar,
llorar cuando hay que llorar, reír si toca la risa,
vida que así se desliza, ¿a quién pude interesar?

Lucidez en el decir, transparente la intención,
piedad en el corazón, vivir y dejar vivir,
no ser lastre, no pedir, de recibir saber dar,
ofendido perdonar, o dar la ofensa al olvido,
hablar con hondo sentido, hablar y dejar hablar.

No caigas a la reunión con un jarro de agua helada
a destemplar la templada fe de ningún corazón,
que aunque te sobre razón y estar en lo cierto creas,
es imperioso que seas capaz de condescender,
una cosa es imponer, otra intercambiar ideas.

Verso que no hable de amor, o que al amor no recuerde,
es como una llama verde sin la gracia de una flor,
¿qué ha de cantar el cantor si no lo agita el querer?
¿Cómo habrá de convencer el ruido de su garganta,
cuando no canta el que canta pensando en una mujer?

Cuando clamo sólo estoy, miento, porque estoy con ella,
lazarillo de mi huella, por ella soy lo que soy,
como una criatura voy en pos de su claridad,
y es tanta la santidad del hondo amor que le tengo,
que a menudo me contengo por no llamarla 'mamá'.

En mi velorio quisiera que te hallaras tú presente,
cuatro velas, poca gente, y algún gracioso cualquiera
que contase o que dijera algo para entretener,
que es el último querer de un egoísmo postrero:
de morirme primero que el tenerte que perder.

No nací para enemigo, y he tenido amigos buenos,
o fueron buenos al menos al enfrentarse conmigo.
Porque coseché mi trigo sin molestar al lindero,
de la vida en el tablero tuvo suerte mi ajedrez,
y hoy llego a la madurez consecuente y compañero.

Cuantas veces me consuelo, eterno desconsolado,
ante un perro abandonado hecho un ovillo en el suelo,
mi desvelo a su desvelo pongo en línea de igualdad,
su orfandad con mi orfandad mido, a silencio me llamo,
porque ese perro sin amo humilla mi soledad.

Tiende tu mano al vecino porque sí, por elegancia,
que no todo sea ganancia a lo largo del camino,
cambia de sabor el vino cuando no hay con quien brindar,
¿qué harás con atesorar y ser opulento en bienes,
si entre tus bienes no tienes el bien supremo de dar?

A dos excelsos José invoca mi corazón
para imantar su emoción y purificar su fe,
uno extraordinario fue arquetipo paladín,
fustigó el otro lo ruin con los azotes más grandes,
son dos José: José Hernández y José de San Martín.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Sikus y Sikuris, música nativa tradicional

El poblador nativo de América asumió desde siglos el lenguaje de la naturaleza y la tomó de guía. La historia está llena de esa concordancia, así como del respeto e intuición que se mantiene a lo desconocido; desde esta cosmovisión emerge la eterna esperanza de bienestar simplificada en las costumbres y las creencias. Es en este contexto, entre simbolismos y realidad, donde encontramos a los Sikuris, músicos nativos tradicionales.

El elemento material e instrumento musical del Sikuri es el Siku: este consta de dos partes separadas (Ira, el macho, y Arka, la hembra) que se necesitan y complementan para conseguir melodías gracias a la técnica del diálogo musical; el Siku por lo tanto se toca en pareja, y la tropa (grupo de Sikuris) viene a ser la junta de varias parejas de Iras y Arkas que se fusionan para existir. A esta dualidad unitaria, tanto del instrumento como de los instrumentistas, y que viene a representar la concepción esencial para la vida, la conocemos como JJAKTASIÑA IRAMPI - ARCAMPI, entendido como ponerse de acuerdo, recibir-devolver, producir algo nuevo.

El siku es un instrumento de viento constituido por un conjunto de cañas, que se utiliza en el altiplano de Bolivia, Perú y Norte Argentino; la denominación proviene del idioma aymara, "siktasiña", que quiere decir preguntarse o comunicarse, actividad humana social y natural del hombre altiplánico, que acercándose y comunicándose puede lograr grandes desarrollos comunales. Este instrumento universalmente es conocido como zampoña o flauta de pan; en el idioma quechua se le denomina "antara".

En las culturas del mundo el soplo está asociado con el génesis, la energía y la magia. En el Sikuri todo eso lo encontramos, desde las cañas tomadas de la Pachamama (tierra) y convertidas en Siku (instrumento), hasta el fervoroso arrebato humano del Sikuri (músico) que al darle su aliento lo transforma en Sikuri (música); música destinada nuevamente a la pachamama, pues su función es propiciar la buena cosecha. Es el simbolismo de la vida, el ciclo y la eternidad; por eso cada sesión de Sikuris intuitivamente desemboca en ritual, su energía trasciende lo artístico y evoluciona en espiritualidad y vigor.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Dúo Coplanacu - "Guitarrero"

Guitarrero con tu cantar
me vas llenando de luz el alma
porque tu voz temblando está
corazón adentro de las farras.

Como un puñal clavado está
el grito arisco de la baguala
y el eco de tu corazón
bombo se vuelve en las cacharpayas.

Si alguna vez el tiempo
calla para siempre tu guitarrear
sobre tu sueño irá el viento
quemando maderas de jacarandá.
Adiós, adiós guitarrero
tu viejo sendero que rumbo ai' tomar.

Hijo de aquel viejo cantor
que se fué al cielo de las vidalas
por las noches machaditas
con las estrellas de tu guitarra.

No te vayas guitarrero
que se me apaga la luz del alma
quiero volver a amanecer
para morir en las cacharpayas.

Si alguna vez el tiempo
calla para siempre tu guitarrear
sobre tu sueño irá el viento
quemando maderas de jacarandá.
Adiós, adiós guitarrero
tu viejo sendero que rumbo ai' tomar.

domingo, 22 de junio de 2014

El Origen Andaluz de la Payada Argentina

La cultura siempre ha sido la manifestación de un espíritu activo que expresa su irradiación sirviéndose de las herramientas naturales que el entorno le dispone. Para un pueblo determinado esa manifestación espiritual equivale a una identidad tradicional distintiva con la que se distingue de los demás. La cultura es, por lo tanto, el resultado propio de un genio étnico regional que retrata lo autóctono, el color singular que representa un sentir y un ser diferencial, original y que se perpetuará a través de los tiempos con el impulso que le confiere su cualidad de universalidad. Nuestra tradición argentina en gran medida viene representada por la cultura campera, y todo aquello que desde ella ha germinado como expresión de un espíritu o de un genio étnico particular: música, poesía, costumbres, etc. El gaucho, el paisano, como modelos de esta tradición, fueron -y son- los encargados de difundir y preservar nuestra cultura vernácula desde los albores mismos de la constitución de la patria argentina.

El gaucho, el hombre de la extensión infinita que se conoce como pampa, fue en sus orígenes un hijo libre de la llanura que a caballo recorría las distancias sin más horizonte que el de su dichosa libertad. Se había forjado fama de cantor errante pues poseía la virtud innata del alma musical, heredada de sus antepasados peninsulares. La guitarra, símbolo visible de aquella valiosa herencia, era, junto a su caballo, las prendas infaltables que reunía como única riqueza con la que cubrir su necesidad. Y con eso le bastaba. Se dedicó a la caza del ganado cimarrón, fue arriero, baquiano, y más tarde, con la llegada del alambrado limitador, fue peón de hacienda, domador, esquilero, y demás faenas del campo. Y lo más importante, aquello que definió un tipo cultural que arraigó y sirvió de instrumento para la obra cumbre de nuestra literatura proverbial representada por el Martín Fierro: fue payador, costumbre también de herencia peninsular que aquí halló un nuevo color, original y distintivo, signo indudable de identidad y tradición.

Cuando se indaga sobre el origen de la payada y el payador, nuestros representantes culturales en primera instancia suelen aludir como antecedente a los trovadores provenzales, juglares medievales que llevaban una vida ambulante y recitaban versos improvisados de diversa índole, tratando desde temas de amor hasta diatribas políticas. Sin embargo, luego de algunas pesquisas que hemos llevado a cabo encontramos que su procedencia data de un origen muy diferente y que nos remite directamente a la España musulmana.

Los musulmanes entran a la Península Ibérica hacia el año 711 de la era cristiana forjando una de las culturas islámicas más florecientes por aquel entonces: el emirato de Al-Ándalus. Este emirato caería definitivamente en manos de los reyes católicos en el año 1492. Sin embargo los musulmanes transmitirían pautas culturales que encontrarían arraigo en los no-musulmanes, quienes las asimilarían a su acervo y las harían propias. Por ejemplo, el poeta Ezra Pound, en su Canto VIII, en referencia a la canción de un trovador, nos dice que Guillermo de Poitiers (noble francés, noveno duque de Aquitania, séptimo conde de Poitiers y primero de los trovadores en lengua provenzal del que se tiene noticia, 1071-1126) "había traído la canción de España, con sus cantantes y sus velos...", estableciendo un origen moro para la poesía lírica medieval popularizada por los trovadores. El erudito Evariste Lévi-Provençal (1894-1956), en sus estudios ha encontrado cuatro versos arabo-hispanos completos recopilados en un manuscrito del mismo Guillermo de Aquitania. Según fuentes históricas, el padre de Guillermo había hecho llevar a Poitiers centenares de prisioneros musulmanes luego de los combates por la “reconquista” católica de España. Guillermo, impulsor de la tradición trovadoresca, habría heredado su sensibilidad, e incluso su temática, de la poesía andalusí. Esta hipótesis fue apoyada a comienzos del siglo XX por Ramón Menéndez Pidal, aunque su origen se remonta al Cinquecento (periodo artístico del Renacimiento europeo correspondiente al siglo XVI) de parte de Giammaria Barbieri (filólogo italiano muerto en 1575) y Juan Andrés y Morell (1740-1817, sacerdote jesuita, humanista cristiano y crítico literario español de la Ilustración). Meg Bogin, traductor al inglés del Trobairitz (trova occitana de los siglos XII y XIII), también apoya esta hipótesis. Otra de las influencias recibidas por los trovadores desde los hispanomusulnanes fue la introducción en Francia desde el siglo XI, y luego al resto de Europa, de un gran número de instrumentos musicales, por ejemplo: las palabras laúd, rabel, guitarra y órgano, derivan de los originales árabes 'oud, rabab, qitara y urghun. Así también una teoría propuesta por Meninski en su 'Thesaurus Linguarum Orientalum' (1680) y luego por Alexandre de Laborde en su 'Essai sur la Musique Ancienne et Moderne' (1780), sugiere que los orígenes de las notas del solfeo también provienen de una raíz árabe. Esta teoría sostiene que las sílabas del solfeo (do, re, mi, fa, sol, la, si) habrían derivado de las sílabas del sistema árabe de solmización llamado 'Durr-i Mufassal' (Perlas separadas): dal, ra, mim, fa, sad, lam, shim.

De igual modo consideramos que si bien la payada encuentra un antecedente en los cantos de los trovadores provenzales, quienes a su vez lo recibieron de los cantores poetas andaluces, ésta se encuentra íntimamente relacionada en su forma y estilo con el repentismo y el trovo de la cultura hispanomusulmana. Debemos aclarar que esta influencia netamente andalusí llega al Río de la Plata de mano de los exiliados moriscos que arribaron a estas costas americanas de manera clandestina, eludiendo los controles o integrando las filas de los ejércitos españoles. Y por esto mismo debemos ser categóricos al diferenciar la influencia que ejerció en nuestro suelo argentino el color español-europeo del color morisco-andalusí. Este último, si bien forzado por la Inquisición a una conversión al cristianismo y a una cancelación jurídica de la comunidad islámica, conservó marcadas pautas del acervo cultural musulmán que se plasmaron con libertad en los llanos pampeanos de mano de su vástago directo: el gaucho y la cultura gauchesca. La payada es una de esas pautas que aquí arraigaron y se transformaron en parte formativa de la tradición autóctona.

Ahora bien, retomando nuestro estudio: el repentismo es un canto de improvisación que toma el tenor de 'discusión dialéctica' entre dos trovadores y que responde a un patrón determinado que ha estado presente en un gran número de culturas, sobre todo en la historia del Mediterráneo Musulmán.

En el ámbito árabe-musulmán, la improvisación es un arte arraigado desde el siglo VIII. La costumbre de improvisar 'sobre pie forzado' aparece en multitud de textos de la cultura islámica (p.ej. Las Mil y Una Noches), generándose incluso todo un sistema de juegos poéticos basados en la repentización, como señala Bencheikh en ‘Poetíque arabe’, Ed. Gallimard, París 1989, pg. 73. El 'pie forzado' es un verso octosílabo que se impone a un poeta-cantor improvisador para que construya un poema improvisado cuyo último verso debe ser obligatoriamente el forzado[1]. El Arte de la poesía improvisada, en forma de duelo entre dos poetas, está suficientemente acreditada en Al-Ándalus (Cf. Del Campo Tejedor, Alberto: ‘Trovadores de repente’, Centro de Cultura Tradicional Ángel Carril, Salamanca, 2006).

Del repentismo surge el Trovo, forma musical tradicional de la comarca de La Alpujarra, región histórica de Andalucía que comprende Granada y Almería, así como de otras zonas del sureste español, y que consiste en la improvisación de 'poesía dialogada' sobre una base musical folclórica. A partir de 1492, y especialmente tras la rebelión de los moriscos liderados por Muhammad ibn Umayya (en 1568-1570), la Alpujarra sufre un proceso de feroz despoblación a manos de la inquisición católica. En este largo período de casi un siglo, los moriscos alpujerraños mantuvieron sus tradiciones músico-poéticas y sus bailes (como la zambra).

El escritor y escribano Emilio Pedro Corbiére (1886-1946) nos dice: "Este gusto a payador o cantor, creación árabe, que es la primitiva sangre de los andaluces, vino importado con los conquistadores a América, y de aquéllos se han copiado muchos de sus objetos de uso, como los frenos y las riendas de cuero trenzado. Es árabe el estilo de sus canciones pesadas, monótonas, quejumbrosas como lamentos, siempre en el mismo tono, y que los nativos denominaron 'tristes'" ('El Gaucho. Desde su origen hasta nuestros días', Editorial Renacimiento, Sevilla, 1998, pág. 206)

En este contexto, son altamente significativas las declaraciones del cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa (1903-1969): "La milonga es rioplatense... Se trata de un ritmo que recibe influencias afro y, por cierto, también proviene, como una buena parte del folclore nuestro, del folclore del sur de Andalucía, del sur de España, del folclore andaluz". (Entrevista que se le realizó en España por el periodista José Luis Izaguirre, para Radio Peninsular en diciembre de 1976).

El ya citado Lugones escribe: “Precisamente los trovadores del desierto habían sido los primeros agentes de la cultura islámica, constituyendo en sus justas en verso, la reunión inicial de las tribus que Mahoma, un poeta del mismo género, confederó después (el autor habla del Profeta Muhammad como ‘poeta’ remitiéndose al Sagrado Qur’an, libro revelado que Muhammad se encargó de transmitir y cuya particularidad es el verso, ya que en el momento se dirigía a un pueblo de eminentes poetas para quienes la palabra tenía un influjo particularmente especial). Así se explica que para muchos gauchos, en quienes la sangre arábiga del español predominó, como he dicho, por hallarse en condiciones tan parecidas a las del medio ancestral  (el desierto árabe, la pampa argentina), tuviera el género tanta importancia (…) ¡Quién habría dicho al conquistador que con la guitarra introducía el más precioso elemento de civilización, puesto que ella iba a diferenciarnos del salvaje, el espíritu imperecedero! Dulce vihuela gaucha que ha vinculado a nuestros pastores… con la rediviva dulcedumbre de las qassidas arábigas cuyos contrapuntos al son del laúd antepasado y de la guzla monocorde como el llanto, iniciaron entre los ismaelitas del arenal la civilización musulmana: el alma argentina ensayó sus alas y su canto de pájaro silvestre en tu madero sonoro, y prolongó su sensibilidad por los nervios de tu cordaje, con cantos donde sintiose original, que es decir, animada por una vida propia. (El Payador, págs. 61-62)

Acerca del numen artístico del gaucho, el sociólogo y jurista argentino Carlos Octavio Bunge (1875-1918) dice:

"Poseía un espíritu contemplativo y religioso. Falto de escuelas, su filosofía era simple ciencia de la vida formulada en abundantes sentencias y refranes. (...)

Trovador de abolengo, habíase traído de Andalucía la guitarra, confidente de sus amores y estímulo de sus donaires. Sentado sobre un cráneo de potro o de vaca, bajo el alero del rancho o bien sobre las salientes raíces de un ombú, tañía las armónicas cuerdas para acompañar sus canciones dolientes o chispeantes, a cuyo ritmo bailaban los jóvenes. De este modo se unían en una sola manifestación, como en las culturas primitivas, las tres artes: danza, música y poesía. En la danza alternaban movimientos graciosos, casi solemnes, y alegres zapateos. En la música -cielitos, vidalitas, tristes, a veces no sin marcado sabor morisco-, recordaba las melodías populares de la bendita tierra de los claveles y las castañuelas. (...)

Era fértil en imágenes como los poetas orientales; casi no se expresaba más que con metáforas y en estilo figurado. Fácil lirismo tenía en el fondo del alma y el chascarrillo a flor de piel. Prolongaba inmensamente notas trémulas, vibrantes, cálidas, que se dirían nacidas, más que humano pecho, de las entrañas mismas de la Pampa, como por evocación divina." (Fragmentos del discurso pronunciado en la Academia de Filosofía y Letras, 1913)

Si bien la payada hoy en día en nuestro territorio -y hace ya un siglo- se desarrolla sobre ritmo de milonga, es sabido que originalmente los gauchos improvisaban sobre ritmo de cifra. Uno de los grandes intérpretes de música surera -la música de tradición campera que mejor ha sabido mantener el color de la estirpe gaucha-, don Argentino Luna, en una entrevista realizada por el músico Chango Spasiuk para el Canal Encuentro, decía que la cifra tenía un claro origen en el flamenco andalusí. Ahora bien, el escritor andalucista Blas Infante (1885-1936) sostiene que el término 'flamenco' proviene de la expresión árabe 'fellah min ghair ard', que significa 'campesino sin tierra'. Asimismo dice que muchos moriscos se integraron en las comunidades gitanas y supone que desde ese caldo de cultivo surgió el cante flamenco, como manifestación del dolor que ese pueblo sentía por la aniquilación de su cultura (cf. Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, 1929-1931). En su obra 'El Ideal andaluz' escribe: "(,..) estos moriscos, estos andaluces fieramente perseguidos, refugiados en las cuevas, lanzados por su sociedad española, encuentran en el territorio andaluz un medio de legalizar, por decirlo así, su existencia, evitando la muerte o la expulsión. Unas bandas errantes, perseguidas con saña, pero sobre las cuales no pesa el anatema de la expulsión y la muerte, vagan ahora de lugar en lugar y constituyen comunidades organizadas por caudillos, y abiertas a todo peregrino (...) Basta cumplir un rito de iniciación para ingresar en ellos. Son los gitanos (...) Hubo, pues, (el morisco) de acogerse a ellos. A bandadas ingresaban aquellos andaluces, los últimos descendientes de los hombres venidos de las culturas más bellas del mundo, ahora labradores huidos. ¿Comprendéis ahora por qué los gitanos de Andalucía constituyen, en decir de los escritores, el pueblo gitano más numeroso de la tierra? ¿Comprendéis por qué el nombre flamenco no se ha usado en la literatura española hasta el siglo XIX, y por qué existiendo no trascendió el uso general? Un nominador arábigo tenía que ser perseguido al llegar a denunciar al grupo de hombres, heterodoxos a la ley del estado, que con ese nombre se amparaban. Comienza entonces la elaboración del flamenco por los andaluces desterrados o huidos en los montes de África y España" (págs. 107-108). El Padre García Barroso también considera que el origen de la palabra flamenco puede estar en la expresión árabe usada en Marruecos 'fellahmengu', que significa 'los cantos de los campesinos' (cf. La música hispanomusulmana en Marruecos, Larache, 1941). Asimismo, Luis Antonio de Vega aporta las expresiones 'felahikum' y 'felahenkum', con en el mismo significado (cf. El origen del flamenco. El baile de los pájaros que se acompañan en sus trinos).

Con estos breves apuntes hemos querido sumar información sobre la indudable influencia que la cultura hispanomusulmana ha tenido en la forja de nuestra identidad tradicional argentina. Por esto, y en tanto que musulmanes argentinos, es nuestro deber conocer, respetar y amar nuestras señas culturales distintivas para así poder sanamente desarrollar nuestro espíritu en el marco de una experiencia islámica espontánea y natural.



[1] Así encontramos en un cantautor argentino contemporáneo, el gaucho y payador surero Alberto Merlo (1931-2012), una payada titulada ‘De pie forzado’, en la cual expone excelentemente este género de interpretación (en el disco ‘Paisano’).

jueves, 5 de junio de 2014

José Ballesteros,"Celebración del Paisano"

Uno de los grandes exponentes de nuestro canto surero interpretando una hermosa oda reivindicatoria de nuestros gauchos.

domingo, 4 de mayo de 2014

Aires de Milonga, prolongación de luz

Milonga, feliz regalo que Dios ha hecho a los hombres
música de renombre que en suelo argentino se prolonga
tal vez tu sinuosa sombra en las noches se haga estrella
y en el cielo donde no hay brecha
alcances consumación
que si hoy mi alma halla perdón
tal vez mañana en canto
se estremezca.

Personalmente encuentro que el arte tradicional que mejor representa nuestra etnicidad argentina es la música, y que su representante acabado es lo que se ha denominado 'música surera', más precisamente el estilo conocido como milonga campera.

La milonga campera ha sido por un lado el resultado criollo gestado por los payadores gauchos de antaño y que aún pervive en cantores folklóricos asociados al ámbito rural, fruto de un proceso involuntario propio a una identidad cultural que se define a sí misma, y por el otro lado ha sido la madre de la milonga urbana solidaria del tango rioplatense.

Hubo una íntima y hasta espiritual consubstanciación entre el gaucho, personaje señorial de nuestra historia, y la música, expresión de un sentir grave y profundo. Y la música serviría de soporte para que ese sentir elaborara su mensaje, antiquísimo rumor transportado por el viento, como bien nos supo contar don Atahualpa Yupanqui. La guitarra fue prolongación del interior gaucho, y si bien el virtuosismo se reducía a unos pocos acordes, lo hacía triunfar el temple de la voz, el sentido pronunciado, la imagen noble del cantor, que también era poeta innato como mensajero de antepasados ilustres, los santos milagrosos y el alma del sabio invocados por Martín Fierro al comenzar a cantar sus versos. La milonga campera nace espontáneamente de esas fuentes que han bendecido sus notas y les han conferido color de universalidad. Ella es la supervivencia gaucha que se prolonga a través de los tiempos, y esto se nota al comparar cómo otros estilos folklóricos han caído presas de la moda que ha inculcado la reversión de estilos tradicionales deformando su sentido original, como ha sucedido con la zamba, la chacarera y otros ritmos norteños. No ha ocurrido lo mismo con los estilos propiamente sureños, que han mantenido su impronta original, su mensaje primordial de gauchismo y tradición rural. De aquí que consideremos que nuestra etnicidad se vea definida por el machazo criollismo de herencia gaucha que guardan los exponentes de la milonga campera, regalo de Dios para los hombres de este suelo argentino. Podríamos citar los grandes pendones de nuestra cultura tradicional, algunos que ya no están, otros que aún siguen avivando la llama criolla del sentir campesino: don José Larralde, Alberto Merlo, Argentino Luna, Omar Moreno Palacios, Víctor Velázquez, Jorge Cafrune, José Ballesteros, Claudio Agrelo, don Atahualpa Yupanqui, Suma Paz... Mensajeros de un sentir vernáculo que debemos aprender a escuchar, respetar, disfrutar y difundir, para que la luz del espíritu gaucho nos siga iluminando y encontremos en él los nutrientes para que sobreviva nuestra identidad cultural.


sábado, 22 de marzo de 2014

Antecedentes de la Payada en varias Culturas Antiguas

Los payadores representan lo que podría llamarse la "época heroica" de la poesía criolla. La historia de esta poesía (o digamos la protohistoria si así se prefiere), comienza con los cantares improvisados por los trovadores campesinos de las generaciones criollas de la colonia y se continúa con los gauchos del siglo XIX, llaneros, sertoneros, rudos y analfabetos, en quienes confluían secretas corrientes antiquísimas que de alguna manera los vinculaban con los bardos de la antigüedad grecolatina; con los cantores árabes que animaban las travesías de las caravanas, y con los poetas arábigo-andaluces, antes y después de Aben Guzmán; con los trovadores medievales del Viejo Mundo; con los cantores cosacos (gau­chos de la vieja Rusia) que improvisaban al son del laúd y con aquellos otros que lo hacían al compás de la balalaika; * con los cantores repentistas de los países escandinavos;** con los músicos-poetas-cantores de la América precolombina; con los poetas improvisadores polinesios; y con los poetas-cantores del Continente Negro, cuya expresión está caracterizada por el repentismo y las formas dialogales.

Por lo común los autores que, en el Río de la Plata, se han ocupado de este asunto, encuentran en las tensiones provenzales el antecedente más directo de la payada criolla. Quizá aquella sea la forma antigua que más se asemeja al contrapunto americano, pero no hay duda de que la payada tiene múltiples antecedentes en diversas culturas antiguas. Pudiera decirse que en los trovadores criollos hay una confluencia de elementos culturales (pero no legados de modo directo y algunos con relaciones remotas), fundidos en una síntesis nueva y desarrollados dentro de las condiciones del medio americano, con matices y rasgos de originalidad.

Lugones, luego de citar las fuentes grecolatinas (las églogas de Teócrito y de Virgilio); los torneos en verso llamados tensiones, que sostenían los trovadores de Provenza, y los "romances con ecos" difundidos en España, resume así sus observaciones sobre los antecedentes de la poesía payadoresca: "Ahora bien -dice-, si el origen de las tensiones provenzales y de los romances con ecos estaba sin duda en las églogas grecolatinas, puesto que la civilización romana persistió vivaz sobre toda la Europa meridional, hasta el siglo VII, fueron los árabes quienes continuaron y sistematizaron aquel género de poesía, que les era también habitual, cuando en la época mencionada, dominaron allá a su vez. Precisamente, los trovadores del desierto habían sido los primeros agentes de la cultura islamita, constituyendo con sus justas en verso, la reunión inicial de las tribus, que Mahoma, un poeta del mismo género, confederó después. Así se explica que para nuestros gauchos, en quienes la sangre arábiga del español predominó, como he dicho, por hallarse en condiciones tan parecidas al medio ancestral, tuviera el género tanta importancia".1 Por su parte el erudito Ramón Menéndez Pidal, a través del estudio de los zéjeles arábigoandaluces, su expansión y su influjo, establece "una relación histórica entre la canción andaluza, cuyo primer poeta aparece a fines del siglo IX y la canción provenzal, cuyos primeros cultivadores escriben en los comienzos del siglo XII".2

El Dr. Ricardo Rojas, a su vez, basado en las referencias de Albert Lavignac sobre los poetas-cantores errantes de la Europa medieval, establece similitudes entre aquéllos y nuestros payadores gauchos. Y, al mencionar las tensiones, dice "tan parecidas a nuestras payadas".3

 El Dr. Ismael Moya, al referirse a la herencia recogida por el trovador gaucho, expresó: "Su abolengo poético le vincula con los pastores virgilianos, tan dados como él a las controversias líricas. Se hermana a los antiguos trovadores de Provenza que también gustaban de la polémica en verso -tensiones-; con los bardos de Inglaterra y Alemania; con los romancistas imbuidos de un incurable sentido de lo heroico; con el árabe sentencioso y fantasista, cuya sangre hereda en la sangre del conquistador".4

 En relación con las fuentes griegas el Dr. Moya, además, examinando certeramente el Idilio V de Teócrito, muestra las analogías de la payada pastoril entre Comatas y Lacón -cuidador de cabras aquél, de ovejas éste- con los contrapuntos de nuestros antiguos payadores. 5

El poeta Andrés Chabrillón comienza su magnífico poema Santos Vega evocando a los más famosos trovadores provenzales. Y finaliza así la primera parte:

Lo mismo que en Provenza
aconteció en el Plata;
y yo acerqué el oído
a los pastos del alma,
para escuchar el eco de la vida,
la común resonancia,
oyendo al payador, cuya existencia,
por el destino acuchillada,
pasó enredando el fleco de las coplas
y la dulzura fiel de la guitarra.6

En el Uruguay el musicólogo y folklorista Lauro Ayestarán, al escribir sobre la milonga se refirió también al canto de contrapunto. De éste dice que es el "amebeo" de la antigüedad, distribuido entre dos cantores que luchaban en verso acompañándose con la lira apolínea. Es el "joc partí" -juego partido- de los juglares de 1250 en el verso cantado de las lenguas romances con el acompañamiento de los laúdes medievales. Hasta la "tensión" trovadoresca es el antecedente más exacto del "compuesto" payadoresco del siglo XIX”.7

Enrique Heine dedicó uno de sus cantares a la evocación romántica de los combates poéticos protagonizados por los antiguos trovadores europeos. Comienza así su canción:

A disputar su valía
En la excelsa poesía
Hoy los trovadores van:
¡Grave será la porfía!
¡Arduas las justas serán! 8

Respecto de Chile, Fernando Alegría encuentra en el contrapunto "un nexo más entre la poesía popular chilena y la tradicional española. En efecto -dice- las payas de nuestros pliegos sueltos son descendientes de las "preguntas y respuestas" de los Cancioneros del siglo XV y una derivación de la tenzone provenzal.9

En cuanto a la improvisación poética en los pueblos indígenas del continente, ésta se ha registrado entre los antiguos araucanos, como así también entre los tamoyos y tupinambás. Y, en la época actual, entre los yakalamarures de Colombia y los naturales de la región cuzqueña, como lo veremos en los respectivos capítulos. Igualmente entre los mukuchíes de Venezuela. 10

Con referencia al Brasil, varias son las opiniones vertidas por los estudiosos acerca del origen de la payada, desafío, porfía o canto de contrapunto. Algunas de estas opiniones han sido resumidas por Almeida Prado en su interesante trabajo sobre los cantadores paulistas.11 Se dividen así: hay quienes aseveran que la payada brasileña es de calificación africana; otros, que es de procedencia portuguesa o ibérica; otros que la consideran herencia indígena y por último aquellos que le asignan origen mixto. Seguramente ésta es la opinión más atendible, teniendo en cuenta la conformación étnica y cultural del Brasil.

Cita Almeida Prado a dos estudiosos contemporáneos: Roger Bastide y Otoniel Mota, quienes en 1946 pronunciaron conferencias sobre el tema.

El profesor Roger Bastide sostiene que la porfía es de origen africano y que la costumbre de trocar versos de improviso, existente entre los aborígenes del África, fue trasmitida de aquel continente a través del tráfico de esclavos. En cambio Otoniel Mota observa que no puede tener origen africano el improvisador de versos al son de la viola, pues en África no existe ese instrumento; trae a colación referencias contenidas en los escritos de Herculano indicadoras de la existencia del desafío en Portugal, y luego cita el testimonio de Gabriel Soares de Souza sobre la improvisación poética en competencia entre los indios tamoyos y tupinambás (aunque no dice con qué instrumento), y en conclusión se inclina por el reconocimiento de un doble origen: portugués e indígena. Después de estas citas agrega Almeida Prado que si bien la viola existe en Portugal, es poco usada, y que los desafíos, que allá también se estilan, son sostenidos con guitarra o armónica.

Gabriel Soares de Souza, viajero portugués del siglo XVI, también ha sido citado por Afranio Peixoto en sus indagaciones acerca de los orígenes de la poesía brasileña, juntamente con otros testimonios que destacan la importancia y el arraigo que el canto improvisado tuvo entre los indios tamoyos. Observó Soares de Souza que esos indígenas "son grandes componedores de canciones improvisadas, siendo muy estimados del gentío por donde quiera que van". Simáo de Vasconcellos corrobora: "Ninguna otra satisface tanto a esta gente, como la dulzura del canto; en ella pone la felicidad humana". Y certifica Fernán Cardim: "Remedan pájaros, culebras y otros animales, todo trovador por comparaciones para incitarse a pelear. Esas trovas las hacen de repente, y las Mujeres son insignes trovadoras".12

 Cardim es autor de un Tratado descriptivo del Brasil (1587).

A nuestro juicio, en los orígenes de la payada brasileña deben computarse tres corrientes: la indígena, la ibérica y la africana, con preponderancia de esta última en algunos casos. En ciertas regiones americanas ha sido bien establecida la procedencia africana del canto payadoresco. Así en Cuba, a través de los amplios, sagaces y medulosos estudios del Dr. Femando Ortiz.13

Decile a la vida mía,
la que vive en Chiquinduy,
decile que soy papuy
en su pecho murmuruy,
Querés que te cante en lengua
en lengua te cantaré,
Qué muchucupé sairá,
que sairá muchucupé.

 Entre los pueblos africanos existen varias formas de canto improvisado y contrapunteo, desde los cantos dialogales de los remeros hasta antífonas rituales, desde el canto de puya o desafío llamado makagua, con intervención de coro, hasta el torneo poético que acompaña los juegos pugilístico-danzantes denominados maní. Esas modalidades están arraigadas principalmente entre los congos, pero en general la improvisación poética está difundida en toda el África, en el Congo como en Guinea, en la región de Tanganika y en otras áreas, entre los abakuás, los ashantis, los bantús, los yorubas, etc. Destácanse como características esenciales del canto en los pueblos negros, el sentido coloquial y la repentización. En diversas circunstancias se estila el canto improvisado y la controversia poética, en las ceremonias rituales o mágicas y en las fiestas profanas, en los trabajos, en los juegos, en los viajes en grupo, en canoa o a pie.
Con referencia a la música negra, de indudable influencia en América y fuente de la jazz moderna, el distinguido musicólogo Kurt Pahlen se ha expresado en forma coincidente: "En las interpretaciones musicales de las negros -dice- prevalece siempre la improvisación, como en toda música primitiva; entre ellos no existe música escrita y cada ejecutante tiene no sólo el derecho sino el deber de inventar e improvisar lo más posible, rasgo que se encuentra también en la música gitana". 14

En el Congo hay cantos de remeros, generalmente improvisados, que entona un solista a quien responden los demás con una especie de acompaña­miento. En la región del lago Tanganika donde los grupos de remeros nunca son menos de diez (a veces doce, o catorce), actúan dos entonadores -uno adelante y otro atrás dirigiendo el timón- que improvisan couplets, por turno, mientras los demás, en coro, repiten un estribillo. "Con frecuencia, entre los akikugas, en una hilera de personas en marcha, alguna que va al frente prorrumpirá en un canto de invectivas o sátiras contra otra que va atrás, y ésta le contestará en igual forma musical. En tanto, el resto formará un coro que a modo de estribillo comentará las salidas de los contendientes. A veces el diálogo se ejecuta entre personas de uno y otro sexo. Entre los bambala, hombres y mujeres entonan alter-nativamente los versos del canto. Hasta entre los negrillos se nota esa forma poética".15 Entre los congos se registra un género de controversia payadoresca que, introducido en Cuba, tiene allí el nombre de makagua o managua, o canto del "puya". También hay cantos funerarias improvisados "por plañideros de uno u otro sexo”. (La africanía de la música folklórica de Cuba, p. 228). Igualmente se repentizan cantos para ridiculizar a alguien. 

Entre los yorubas se practica el canto improvisado por todas las clases de la población. Con referencia a los negros de Angola, Henry Chatelain observó: "Son los más rápidos improvisadores". Y Stephen Chauvet suministra estas otras referencias interesantes: "Los cantos circunstanciales representan la inmensa mayoría de los cantos negros consisten en palabras improvisadas por los aficionados, sobre los aires de música que son tradicionales y fijos. Esas palabras constituyen o recitativos (por ejemplo, los que acompañan a los juegos de los niños baluba) o bien estrofas, como las que recitan los cargadores de caravanas a lo largo de las rutas, al son dei m' bieli, y en las cuales cantan su infortunio de verse obligados a trabajar o todo la que concierne a los blancos que los mandan. Los más características de esos cantos circunstanciales son los cantos de remeros" .16La forma de contrapunteo llamado canto de "puya" o "makagua" reaparece en el pugilato danzario denominado juego de maní, "durante el cual un jugador que está bailando trata de abatir con un fuerte golpe a puño cerrado a uno de los varios participantes que están a la defensiva, formando un corro a su alrededor"... "Los púgiles afamados al iniciar su baile "roncaban" es decir, cantaban con alarde de sus pasadas victorias y desafiando a los demás"... "Los cantos con frecuencia se improvisaban y cada «gallo» lanzaba a su antojo sus «puyas» y fanfarronadas que enardecían a los rivales. Al canto del solista retador, replicaba el coro con un estribillo o repitiendo las palabras finales".17 Tiénese entendido que este raro torneo en que se pegan] puñetazos, se baila y se canta de contrapunto, es de origen gangá. Tanto ese juego como la payada se arraigaron en Cuba con las gentes traídas del Continente Negro. En mayor o menor grado, la influencia africana en la poesía y el canto está presente en todas las Antillas. También la improvisación poética se ha registrado entre los negras de Jamaica. Es visible la presencia del negro en el crisol etno-cultural americano. El árabe -mencionado a menudo con referencia a las gentes dé las llanuras sudamericanas y su afición al canto-, corresponde a filtraciones más remotas. Mas no dejaremos computar ninguna si miente, así nos haya llegado por escondidos canales en lento andar de centurias.

El legendario Antar, hijo de un emir árabe y de una esclava negra, erguido hace siglos en el centro de un formidable drama histórico, héroe que también comenzó siendo esclavo y fue siempre poeta, que entregaba sus cantares improvisados a lo largo de sus andanzas, es un alto símbolo de la poesía errante de todos los tiempos, y ese símbolo cobra en América una especial sugestión.18

Entre los berberiscos el canto improvisado asume algunos caracteres llamativos. Un caso ilustrativo observó Clifton Joseph Furness en un café popular de una pequeña población tunecina, donde dos cantores ambulantes -un niño y un adulto-, unidos en íntima colaboración, cantaban de mesa en mesa y producían visible efecto artístico. Predominaba la nota humorística. El cantor, adulto improvisaba sus estrofas, cada vez con versos distintos e infinitas variaciones de inflexión y contenido, y con referencia especial a cada parroquia- no a quien aquellos eran dedicados; pero terminando siempre cada tirada juntándose las voces de ambos en un estribillo. La participación del niño, apenas de doce años, era muy interesante "porque jamás vacilaba cuando tenía que unir su voz para el estribillo".19

También la improvisación poética se manifiesta entre los polinesios. Al mencionar el importante papel que la poesía desempeña en aquella cultura, Lowie dice que los polinesios a menudo improvisan y apropósito recuerda que "los tahitianos celebraron en verso la llegada de Darwin y más recientemente cantaron en forma lírica la guerra europea".20

Métraux anota que en las islas de la Polinesia "no había un sólo acontecimiento de cierta importancia que no se transformara en canción". Y, después de referirse a los géneros de poesía cantada cultivados por los antiguos bardos de la isla de Pascua -poemas sacros, peanes guerreros y cantos de intención satírica dirigidos a las mujeres infieles y a las muchachas demasiado esquivas- dice que "los enamorados improvisaban también canciones en honor de la amada, y si la melodía o la letra habían complacido a los auditores, quedaban incorporadas al folklore de la isla".21

Al hacer estas menciones recordamos que los etnólogos y arqueólogos han señalado la presencia de elementos polinesios en las culturas de la costa sudamericana del Pacífico. (No dejaremos de prevenirnos sin embargo, en este en otros casos, contra la exagerada tendencia a buscar los signos americanos fuera del continente. América ha mostrado suficientemente sus caracteres originales).

En este punto cabe observar que entre los estudiosos de las cosas de América y sus valores culturales, quizá es el antropólogo Rafael Girard quien ha asumido una posición más firme en la estimación de los caracteres de originalidad y autoctonía de nuestras culturas precolombinas.22

Florecían sin duda en el espíritu del payador algunas sabidurías ancestrales que no procedían de una sola fuente. Pero al hablar de los antecedentes, las vinculaciones y las semejanzas, no debemos creer que la aparición del payador se haya producido por un proceso simple de adaptación de elementos depositados en sus manos para que él los elaborara. Los fenómenos de esta naturaleza son extremadamente complejos, y también debe tenerse en cuenta que ciertos hechos similares pueden producirse independientemente en el seno de diferentes culturas, en d0istintos lugares del mundo, cuando algunas condi­ciones de parecida influencia favorecen determinados desarrollos. El espíritu humano y las formas de vida y de cultura tienen manifestaciones coincidentes a través de la historia, en el seno de diversas razas.

Tampoco habrá de creerse que el payador aprendió su oficio como quien aprende una copla, un romance, una canción. El don del canto pertenece a la raza humana, Y bien se ha visto que nuestros pueblos no han carecido de este don: ni los indígenas ni la nueva población resultante de los más diversos cruzamientos. Además es preciso reconocerles a los payadores, formados a la intemperie, un gran caudal de originalidad. Ellos son los fundadores de una nueva poesía en el continente, con bastantes rasgos típicos y emancipado vuelo como para desbordar los moldes coloniales y crecer con el mismo impulso con que estos pueblos hicieron la Revolución Americana, A ellos pertenecen los primeros capítulos de la historia de la literatura criolla.

Sin duda la poesía primitiva, en las culturas más arcaicas de todos los continentes, fue una poesía improvisada, que más tarde se encuadró en esquemas más o menos fijos, trasmitidos oralmente en el cauce de la tradición, hasta alcanzar, por fin, la forma de los documentos literarios con la aparición de los primeros sistemas de escritura. En verdad la poesía payadoresca -poesía improvisada y cantada- se relaciona con las formas poéticas más antiguas de los pueblos de diferentes razas esparcidos por el mundo.

Notas:

* Korolenko, en su novela corta "Los ruidos del bosque", pinta a un cosaco dotado de un fuerte instinto de la libertad y de la poesía, que prolongaba su estampa en el caballo y era un bravo hombre de pie sobre la tierra ajena, y cultivaba el canto improvisado acompañándose con el laúd. Con su laúd transmitía voces profundas de la naturaleza, el lenguaje de los vegetales y el llanto de los sauces sobre una tumba. Y en sus cantares decía cosas que prolongaban su resonancia hasta el recinto de la muerte. A veces, por sus rasgos, sus impulsos rebeldes y su duro destino, nos hace pensar en nuestro paisano Martin Fierro. Un día hizo trizas su laúd contra un árbol y, con su ciega rebeldía social, se refugió en los bosques y quiso hacer justicia a su modo. (Vladimiro Korolenko: El día del juicio, novelas, esp. pp. 121-24, Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1953). Otro de los grandes escritores rusos, Iván Turgueneff, ha presentado en uno de sus Relatos de un cazador  (V, Los cantores rusos, pp. 81 ss., Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1943) una competencia por apuesta entre dos cantores de la estepa rusa, realizada en un "pritinni" o taberna que se parece bastante a nuestras antiguas pulperías: "En la parte donde están los parroquianos no hay, generalmente, más que algunas barricas vacías, un banco y una mesa" (p. 85). Pero ciertamente tal competencia de canto, como bien lo observara Carlos Alberto Leumann, es muy diferente a la típica payada rioplatense. No podría decirse, sin embargo, que carece en absoluto de relación con ella.

** Domingo Prat, refiriéndose a Carlos Miguel Bellman, nacido en Estocolmo el 4 de febrero de 1740, dice que "pertenece al grupo de juglares, trovadores, payadores y "tocaores". Y agrega: "Bellman fue poeta improvisador y cantor, valiéndose para ello del laúd unas veces y otras de la guitarra. En la Argentina tiene sus similares en Gabino Ezeiza, Betinotti y tantos otros". ("Diccionario de guitarristas”, p.45).

1- Leopoldo Lugones: El payador, cap. IV, La poesía gaucha, pp. 115 -122, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1944.

2- Ramón Menéndez Pidal: Poesía árabe y poesía europea, p. 57, Espasa-Calpe, Argentina, Buenos Aires, 1941.

3- R. Rojas: Historia de la literatura argentina, I, Los gauchescos, pp. 248 y 297.

4- Ismael Moya: Romancero I, p.163.

5- Cf. Ismael Moya: Las ascendencias de la payada, en "Ñandubay", revista folklórica argentina, Buenos Aires, agosto de 1955.

6- En Si pensara la rosa... p. 98, Ed, Nueva Impresora, Paraná, 1954.

7 - Lauro Ayestarán: La milonga, en Folklore de las Américas (primera antología), recopilación de Félix Coluccio, p. 422, Bs Aires, 1949.

8- Enrique Heine: Los trovadores, en Sus mejores obras, p. 179, Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

9- Fernando Alegría: La poesía chilena. Orígenes y desarrollo, pp. 140-41, Fondo de Cultura Económica, México, 1954.

10- Gilberto Antolínez: Hacia el indio y su mundo, p. 94, Caracas, 1946. Tanto los tamoyos como los tupinambás (tribus brasileñas) son miembros de la familia tupí, pero a los primeros ya Daniel G. Brinton, hace más de medio siglo, los consideraba extinguidos. Los mukuchíes, andinos del Estado Mérida, pertenecen al grupo timote. La información de Antolinez se refiere a una improvisación poética que los citados indígenas dedicaron a unaestudiosa venezolana, María Luisa Escobar, en ocasión de una visita que les] hiciera:
"La copla concluye -acota Antolínez-, desde su premisa amatoria que recuerda a la mujer amada, con un laude a la dama presente: "Que muchucupé sairá, que sairá muchucupé!", esto es: "¡Pero qué blanca tan hermosa!", lo cual no deja de ser una fina galantería, muy poco propia rústicos".

11- José Nascimento de Almeida Prado: Cantadores paulistas de porfía ou desafío, Separata de la "Revista do Arquivo Municipal", p. 234 San Pablo, 1947,

12- Braulio Sánchez-Sáez, al ocuparse de "Peixoto y sus reseñas sobre los orígenes de la poesía brasileña", en Vieja y nueva literatura del Brasil, p. 115, Ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1935.

13- Cf. esp. Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba, habana, 1951, y también La africanía de la música folklórica de Cuba, 1950, y los  instrumentos de la música afrocubana, 2 t. 1952.

14- Kurt Pablen: Historia-universal de la música, p. 354, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1948,

15- Fernando Ortiz: Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. p. 10.

16- Fernando Ortiz, ob. cit., pp. 54-55.

17- Femando Ortiz, ob. cit., pp. 297; 316-20.

18- Cf. El romance de Antar, según los antiguos textos árabes, por Gustave Rouger, Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1943.

19- Fernando Ortiz: ob. cit., pp. 38-39.

20- Robert H. Lowie: Antropología cultural, p.114, Fondo de Cultura Económica, México, 1947,

21- A. Métraux: La isla de Pascua, pp. 206-07, Fondo de Cultura Económica, México, 1950.

22 -Cf. Rafael Girard: El Popol-Vuh, fuente histórica, Ed. Ministerio de Educación Pública, Guatemala, 1952: Esoterismo del Popol-Vuh, Ed. Stilo, México, 1948; El calendario maya-mexica, Ed, Stilo, 1948, y otras obras del mismo autor.

Fuente: "El Itinerario del Payador", Marcelino Román.