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miércoles, 23 de agosto de 2017

Cimbreando - José Larralde


Si una vez pedí permiso...
si una vez pedí permiso esta vez no viá a pedir nada
cansado de saltar pialada me he hecho medio escurridizo
no sé si será preciso que explique mi situación
no sé si será cuestión de afilar el desembuche
pero sé que el que me escuche me prestará su atención.

Todo aquel que alguna vez
me escucho con sentimiento
sabe bien que no le miento y que no doy de revés
naide me ha visto de juez pues me falta autoridá
pero no puedo callar lo que naides debería
la jeta que tengo es mía y me la han hecho para hablar.

Disgraciado el que se calla
pobrecito el silencioso
que castigo doloroso cuando la vergüenza falla
quien tiene que muestre agalla y me diga que no es cierto
que el vivo que vive muerto aferrado a su tembleque
siempre espera que se seque para ira agregar el huerto.

Quien tenga mejor razón que vomite el desengaño
no viví juntando año pa´ hacerme burro osobón
Dios me ha dado un corazón y por rispeto al regalo
con diente palo o uña defenderé su postura
yo se que me sobra achura pa´ empachar a más de un malo
soy amigo del que quiera pero no me den manija
el que guste que me elija y el que no me deje ajuera
no nací pa´ ser cumbrera pues me gusta ser orcón
y como soy el patrón de mi propia voluntá
quiero estar donde hay que estar vomitando mi opinión.

Tan solo le pido a Dios
como gauchada final
que me deje con mi mal de poder alzar la voz
yo que he sido domador, pion de a pie y hasta hachador,
resero de lo mejor y hasta me prendí al arao
solo me queda el tostao y el recadito cantor.

Todo por no asosegar
ni la palabra ni el gesto
porque nunca hallé pretesto pa´ que me quieran prepiar
porque no supe callar lo que callar no debía
porque fue la vida mía arriador pa´ l atropello
hoy solo tengo el risueyo y esta tristeza tan fría.

Porque no di la liberta pa´ engordar al candidato
porque nunca fui barato ni me compraron la jeta
porque no fui gallareta que se escuende en el juncal
porque ante el bien o ante el mal yo siempre puse la cara
hoy tengo la idea clara pero grande el chiripá.

Por eso no tengo un perro que me ladre la osamenta
porque nunca me hice cuenta ni de lata ni de fierro
tengo razón y no le erro cuando digo que el derecho
empieza donde arranca el pecho y termina en el bolsillo
no tiene ni calzoncillo quien siempre encara el repecho.

No es lo mismo el montón lerdo
que el montón hecho de apuro
el lerdo es el más seguro el otro hecha olor a cerdo
cuando digo esto me muerdo porque siempre elegí el más lerdo
y me quede con el cuento de migran filosofía
las cosas que yo creía se las ha llevao el viento.

Hoy pienso en la humanidá
igual que ayer y mañana
se va muriendo con ganas de llegar a la verdá
se que no es casualidá que el hombre viva amargado
embuchando un entripao producto de su inocencia
unos le llaman paciencia y yo tiempo mal gastado.

Con rispeto a la razón, alguna sé que le acierto
tocar el cielo de murto no es ninguna solución
conozco a más de un varón que se adormece entre palma
hechas con las pobres alma de los difunto en vida
suelen ser las más podridas las aguas que están más calmas.

Corazón que tiene pena puede legara extraviarse
como la pava volcarse si al hervir está muy llena
lleva la misma condena el clavo que la madera
una se hincha pa´ ajuera y el otro pierde su brillo
y el que goza es el martillo cuando se ciembra y golpea.

Cosa que aprendí de viejo
antes de llegar a serlo
una de mirar y verlo, otras de mi propio espejo
cosas que no son consejo ni siquiera comentario
lo mesmito que un rosario cuenta que naide las reza
pero niebla su cabeza con su cruces y calvario.

Aunque he vivido a los saltos no viví sobresaltado
a las cosas que he pasado ni les suebro ni les falto
nunca quise volar alto siempre volé a lo perdido
ansí contemplé el matiz de la vida y sus porfía
las cosa que no sabía las supe por la raíz.

Volar alto es la grandeza
pa´ los que van de aguilucho
pero el hombre ha de ser ducho pa´ no enturbiar la cabeza
yo me aferré a la riqueza de andar cerquita del suelo
una tranquiada ni un vuelo ni cansa ni perjudica
la tierra es grande o es chica de acuerdo con los anhelos.

Y aquí estoy ni más ni menos con lo que Dios me ofreció
el hombre siempre vivió entro lo malo y lo bueno
algunos mascan el freno otros viven cabestreando
otros por andar cediendo terminan en mortadela
y yo soy burro de escuela y me la paso patiando.

Pero no dejo de ser
apenas un pobre criollo
y si una vez fui pimpollo ya de dentrado a envejecer
los años se dejan ver sin cuzco que los espante
siempre marchan adelante y por más que el hombre avance
no hay almanaque que alcance, ni crestiano que lo aguante.

Sin embargo y a pesar de tanta potencia junta
me he quedao con una punta que no me podrán quitar
me han ayudado a pensar a observar y a preguntarme
quien ha podido cambiarme, quien me ha podido torcer
conciente de mi deber ya nada puede asustarme.

No me gusta oír excusas
porque no soy confesor
tan solo soy decidor sin fusa ni semifusa
vivo sacando pelusas del rincón de los olvido
si sufro por ser sufrido soñador de la justicia

peleo por la delicia de no vivir sometido.

domingo, 28 de mayo de 2017

A campo abierto - Argentino Luna


Vi’a entrar sin pedir licencia
a lo potro en el corral
y aunque al cantar cante mal
pa’ conversar mi conciencia.
Alforjas con experiencias
va palenteando mi overo,
y a fuerza de ser sincero
vi’a tirar con todo el rollo:
porque donde canta un criollo
hay que sacarse el sombrero.

Si he galopeao hasta aquí
quiero dejar aclarao
que es porque he sido invitao,
sino andaría por ahí.
Porque me encuentro feliz
a campo abierto pensando,
horas enteras cantando
en el rancho de un amigo,
de esos que son como abrigo
si el alma anda tiritando.

No vengo a cantar mis penas
ni a conversar mis pobrezas,
si allá en mi rancho, mi pieza,
está llena de cosas buenas.
Pero se me inflan las venas
si me patean el asao,
y no aguanto un entripao
pa que no pese la carga,
que el que recibe y no larga
suele morir atorao.

Bueno, ahí tienen mas o menos,
cómo soy y a lo que vengo;
y si ven que no convengo
no quieran mostrarme un freno.
Que aún estando en campo ajeno
el palenque no me halaga
y no encuentro mejor paga
que volar a mi manera,
como esas aves camperas
que vuelan por Madariaga.

Estoy de errores cubierto
por eso no dejo herencia,
y sigo con mi existencia
galopeando a campo abierto,
me persigno ante los muertos
de la orilla del camino
porque tal vez el destino
me brinde un mismo final
y me cubra el pastizal
de los campos argentinos.

martes, 10 de mayo de 2016

6/05/2016. Don José Larralde en Rosario: Crónica de una guitarreada


“Esto no es show, ni concierto ni espectáculo, esto es una guitarreada”, aclaró con firmeza don José Larralde en el saludo inicial del recital que dio en el teatro El Círculo, y después de cuatro años de ausencia de los escenarios rosarinos.
Con las luces de la sala encendidas, sin escenografía y con una puesta técnica mínima y básica, arrancó con “Un día me fui del pago”, la milonga en homenaje a su tierra natal, Huanguelén. Empezó con la garganta fría, su voz sonó gastada y sin energía en el comienzo, pero fue mejorando rápidamente y nunca le faltó el aire decidor, campero, claro y contundente.
El teatro estuvo casi a pleno, en silencio absoluto, como escuchando sentencias bíblicas. Larralde no venía a Rosario desde el 2012 y la sensación del público era de reencuentro con sus reflexiones e intimidades.
A propósito del público, allí convivieron las pilchas gauchas con las musculosas, los tatuajes, los aritos, las trenzas y las rastas. Lo heterogéneo tiene en parte fundamento en los seguidores que le sumó Ricardo Iorio, de Almafuerte, cuando grabó “De los pagos del tiempo”, en 1995.
Su dinámica es de recitales de otros tiempos, esquivando el vértigo y otorgándole valor al silencio y a las pausas reflexivas. Trata al público como a amigos a los que les cuenta los avatares de su vida, incluso de sus problemas de salud ya superados.
Preocupado porque suene bien su guitarra, le dedicó un relato a Roberto Molina, el changarín que le enseñó los primeros acordes. En ese tramo, contó historias de sus padres y de su infancia. Con el acompañamiento musical que utilizaban los payadores, fue ofreciendo su “música opinadora”, dictando una cátedra sobre la esencia del milonguero y criticando a los folclorólogos que tratan de etiquetar su obra.
Larralde inventó el ritmo de milonga chamarriteada cuando compuso “La noche del peludero”, y en sintonía con lo anterior, con lenguaje frontal, sin filtro, recordó cuando Sadaic no quería registrarlo porque el género no existía.
Con otro relato por milonga, ‘Ramón Contreras’, homenajeó al paisano de quien aprendió los primeros pasos del oficio de peón. Con la memoria intacta, recordó y contó con detalles la historia, con asombrosa precisión.
Clima relajado. Con tono rural, nada urbano ni florido ni condescendiente con las reglas, Larralde no tiene drama en conversar con la gente y explicar entretelones o confesar intimidades antes de relatar “Por adentro de la vida”.
Esa fue la introducción para recordar que a los 14 años escribió “Mi viejo mate galleta”, ‘una milonga chiquita’, dijo respecto al tema que retrata costumbres de la vida en el campo.
“Cuando ustedes se cansen o vean que se aburren y están medio podriditos, me dicen y termino”, sorprendió. Parecía que concedía al público el poder de decidir la extensión, pero más adelante corrigió: “Me olvidé de decirles que no me pidan temas porque no les voy a dar pelota”, dijo recuperando la iniciativa.
El músico se entusiasmó con las historias que fueron derivando en otras. Si cabe el insulto, insulta, pero también logró emocionar a todos cuando desde el lamento por la pérdida de su mate desembocó en sus padres y pidió “dénle un abrazo y un beso a los viejos, díganles que los quieren”.
Antes de cantar “Patagonia”, reivindicó la obra de Milton Aguilar y Marcelo Berbel, creadores olvidados en Argentina. Justamente, la voz de Larralde cantando “Quimey Neuquén”, loncomeo de esta dupla y un ritmo patagónico que se usa en las rogativas, sonó curiosamente en la serie norteamericana ‘The Breaking Bad’.
Si bien su obra habla de vivencias lejanas, demuestra estar al tanto de la actualidad y se anima a ilustrar sus opiniones con comentarios sobre Vicky Xipolitakis o Lázaro Báez, generando carcajadas por el contraste de estos personajes con su figura, al tiempo que reivindica firmemente a los aborígenes y a los caídos en Malvinas.
Cuando anunció “Ayer bajé al poblao”, advirtió que ‘la historia es larga’, pero el público pidió que la cuente. Dijo que leyó filosofía y antropología, pero aclaró: “No encontré en los libros respuesta a qué soy, qué es un hombre en la vida”. Así, dijo, se puso a pensar y lanzó la conclusión de sus cavilaciones: “Soy un sorete en una llanta, a veces estoy arriba, a veces abajo, y cuando te deja aplastado ya no servís ni para mierda”, volvió a sorprender, y completó: “Obvio que ninguna academia me va a aceptar que llegué a esta conclusión”. Larralde, que se burló de sus propias reflexiones, no transó con ningún pedido y compartió otra reflexión, esta vez de San Martín: “Cuando hay libertad, lo demás sobra”.
Humor. Detectó algún bostezo en la platea y saludó a los que se levantaron para ir al baño con la mirada atenta que permiten las luces del teatro encendidas hasta el final.
En el tramo final incluyó “El alegre canto de los pájaros tristes” y “Otras cosas fuleras”, basadas en situaciones que, dijo, “me fueron poniendo el alma en rebeldía y otras cosas fuleras”.
Para quienes no lo conocen, el Mundo Larralde es una incógnita. Para quienes lo siguen, es un milonguero de culto, no necesita recorrer los medios para promocionar sus “guitarreadas” y llenar teatros.
No actúa en festivales desde mediados de los sesenta, le debe a Cafrune su popularidad inicial y a Yupanqui el estilo. Enemigo de las formas y las estructuras y alejado del ambiente artístico, la pobreza vivida en la infancia le da suficiente autoridad para opinar, sentenciar y aconsejar.
Con solamente sexto grado, considera que “para amar una cosa hay que sufrirla, hay que llorarla, hay que sangrarla”. Toca la guitarra de oído y no da notas porque, dice, “yo opino cuando canto”.

Lamentando que su pueblo haya olvidado las tradiciones, en el bis rescató la milonga “El Tamayo”, que le habían pedido desde el inicio de su presentación. Enérgico, hacia el final, dejó una sugerencia: “Que nos vaya bien a todos y no sean tan pelotudos de pelearse por política o por fútbol”, con lo cual concluyó su guitarreada.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Algunos versos de sabiduría gaucha


Siempre se habla del destino
pa’ juntar resignación
mas yo pido una razón
al que promueve el despojo
y tiene pinchao el ojo de
mirar a la nación.

Se hace la paz y la guerra
y lo que venga si es negocio
y hasta el cielo es un consorcio
administrado en la tierra.

Cuando Dios arme la yerra
porque un día ha de ser
cuando se halla que poner
el honor en la parrilla
cuantos machos de rodilla
seguro habremos de haber.

Preguntas y más preguntas
que me hacen y que hago yo
que naides me respondió
y que debo contestar
si es que debo amortiguar
lo que le debo al Creador.

Debo hallar adentro mío
toda la paz que me quede
pa’ ver si mi mente puede
y aun entrando en rebelión
cantar con el corazón
pero cantar lo que debe.

Ninguno se arrogue un tiento
de mi lonja pa’ su apero
a fuerza de ser sincero
me he ganao mas de un quebranto
pero nada vale tanto
como esta tierra que quiero.

No hay razón pa’ que no se oiga
la voz de un canto argentino
no le tenga miedo al trino
que nace en la tierra de uno
y no lo vuelva reyuno
por más que apriete el destino
la tierra suele ser de otro
pero el canto ha de ser de uno.

Suele el pan andar de ayuno
y la vergüenza con frío
ser de otro el agua y el río
pero el canto... pero el canto...
ha de ser de uno.

Si alguna razón te asiste
no hay porque d’irse a baraja
solo una medida encaja
y hay que encajarla aunque cueste
porque no existe peor peste
que desatarse la faja.

Por eso sigo derecho
voy lerdo pero no paro
yo sé que no tengo amparo
si no me amparo yo mismo
y hasta me hice un catecismo
con credos que son muy claros:
creo en mi Dios
y en un creo, creo en todo lo que he visto
si por existir existo
mi credo no me ha mentido
y pa’ no andar resentido
cuando se me va lo chisto.

Se han inventao las naciones
pa’ desparramar tumulto
cada una invento su culto,
bandera, iglesia, costumbre
pero el hombre, pero el hombre...
tiene herrumbre en la mitad del indulto.


Sin embargo hay que creer en la verdad
aunque parezca mentira
si hasta la lonja se estira
cuando la asidera aguanta
como no creer en la santa verdad
si se la respira.

(Fragmento de "Cuando la vida me nombra" de don José Larralde)

viernes, 29 de mayo de 2015

Entrevista a Jorge Cafrune - España 1972

Reportaje realizado en España para la revista Telva en una visita del guitarrero y cantante argentino allá por el año 1972.

*Las barbas de Cafrune mesadas por españolas

Está rodeado de "fans" cuando llegó. Casi todas esperan que les firme un disco, y lo hace sin prisa mientras charla con ellas. Jorge Cafrune aparece como una persona exótica: alto y ancho, con espesa barba llena de canas y amplios pantalones de gaucho argentino. En la mano tiene una vasija con mate, una especie de té de su tierra, que chupa de vez en cuando. Recuerda a un gran sultán.

Cafrune está en el primer lugar de la lista de "hits" argentina, con la canción "Virgen india". En España sus canciones suben y suben entre la juventud.

Por fin podemos sentarnos a charlar despacio, y sus primeras palabras me sorprenden:

—Pienso quedarme en Europa cinco o seis años —me contesta con su hablar argentino—. Tengo treinta y cuatro años, pues hasta los cuarenta o cuarenta y uno. Quiero traerme acá a la familia, porque ahora estoy la mitad aquí y la mitad allá.

—¿Piensa poner casa en España?

—Mi niña mayor ya va a la escuela; está en el primer grado, y tengo que respetar la organización. Porque el casamiento no es una posesión, sino un convenio de vivencias.

—Y también la mujer necesita serenidad...

—Claro. Mi mujer aún no se entero que es mujer de Jorge Cafrune. No anda detrás de mí ni quiere figurar. Por eso yo le estoy tan agradecido; soy su admirador.

Cafrune tiene tres hijas, y espera otra para estas mismas fechas, por eso le pregunto:

—¿Será niño esta vez?

—No; será niña. Como otras veces le elegí nombre de hombre y me nacieron mujeres, esta vez elegí ya nombre de mujer.

—¿Y cuál va a ser?

—Encarnación. Como la mujer de don Juan Manuel de Rosas, un gran caudillo que tuvimos nosotros: el hacedor de nuestra querida patria. Todos los nombres de mis hijas tienen una significación: Yamila, la heroína de la revolución argentina, vive todavía. Victoria, la mujer del "Chacho" Peñaloza, gran defensor del federalismo. Delfina, la mujer de Pancho Ramírez, otro caudillo nuestro.

—Los Cafrune tienen sangre árabe, ¿verdad?

—Sirio-libanesa.

*Cuánto gana Jorge Cafrune

Es un hombre humano y abierto, que ha llegado a España con la aureola del que canta al pueblo sencillo, por eso le hago una pregunta sobre algo que me ha llamado la atención:

—¿Es cierto que cobró cinco millones por cinco días de actuación en Madrid?

—Esas son tonterías; lo mismo que hablaban allí en Argentina que ganaba sesenta mil dólares. Cosas, inventos de ellos. Yo acá vengo a sembrar: no soy Serrat ni Raphael, vengo a sembrar. Los artistas de América no son como los de Europa.

Y Jorge se enfada, habla fuerte y rápido. Trato de calmarle.

—De todas formas, la persona que trabaja tiene derecho a un salario.

—Perfecto, pero lo que me indigna es que ellos me vengan a poner el precio que ni yo sé, ¡hombre! ¡Tampoco vengo gratis!, le adelanto. Vengo con el ansia de ampliar el panorama de la canción nativa, de trabajar como cualquiera de ustedes, como cualquier cristiano que tiene que trabajar. Y estoy orgulloso y agradecido a la gente de España que me ha recibido tan bien.

—Sus discos son muy conocidos...

—Pienso que entre España y América hay una relación de padres a hijos. Nosotros seguimos unidos a la madre, es innegable. Hay una copla de un autor uruguayo:
"No se puede matar al abuelo
para que viva el nieto."
Siempre hay una relación de vejez y de respeto para quienes fueron nuestros mayores, directa o indirectamente.

—En España hay en la actualidad una corriente de admiración hacia Hispanoamérica: la canción, la literatura...

—Eso me alegra. Lo noto cuando la gente me respeta, me escucha. Eso son signos de relación humana. Pienso que la canción sintetiza al poeta, al creador, a la música, las costumbres, formas, creencias, un montón de cosas.

—Cortázar, Borges... —lo interrumpo.

—Cortázar, Borges, son ya literatos, pero a mí me importa el poeta popular, afirmado en la vivencia de los pueblos. El poeta que pese a su valor, es simple, porque creo que ya estamos en un tiempo de dejarnos de posturas por el solo hecho de que tengamos o no la importancia de cantar, o de escribir, o de componer. No por eso somos gente de otro mundo. Pienso que hay que actuar con naturalidad, hay que dejar de creerse superiores a la gente normal.

*Las letras de sus canciones están en el pueblo argentino

—El divismo aleja de la gente.

—Aleja y en otros crea una aureola que luego se traduce en pesos. Muchas veces uno dice: "Debería ponerme un poco así”, pero no, yo soy como soy!

—De todas formas, habrá alguien que se ocupe de sus negocios.

—Pero el negocio es en relación a la forma de uno. Si yo tomase esto como solamente negocio, hubiera puesto un almacén.

—Antes habíamos quedado en que el trabajo tiene una remuneración.

—Eso es otra cosa. Pero que si tú te agarras la guitarra o la copla para hacer negocio, es un negocio; ahora, que esto después que tú has hecho, después que te han aceptado, te da dinero, ¡pues de acuerdo!

—Tu familia también tiene unos derechos.

—Vivo en un sistema, tengo una familia y soy absolutamente normal a cualquier vivencia, o sea, que necesito plata para vivir. Se sobreentiende. Pero eso es muy distinto a que yo haya agarrado este madero y dejado una carrera universitaria, pensando en cuánta plata voy a ganar con la guitarra.

—Cuéntame un poco cómo fue tu niñez, como empezaste a cantar.

—Habría que explicar primero los paisajes donde nací. Nosotros somos del Norte. La gente canta mucho allá; empezábamos a cantar como a jugar, a vivir.

—¿Qué hacían tus padres?

—Eran agricultores, sembraban tabaco. Soy nacido en un paraje, Perico del Carmen, en el Sunchal. Así es que yo no es que venga de padres ricos, ni de muy pobres: una familia de mediana para abajo, normal. No voy a llorar miserias ni me la voy a alardear.

—¿Cómo se desarrolló tu vida?

—Hice mi escuela primaria en los pueblos. La escuela secundaria en la capital de Jujuy, y ahí fue donde me interesó la guitarra, y empecé a cantar por cantar. Luego ya vino un conjunto y actuaciones. Después decidí andar solo... y agarramos un rumbo de canto que pretendemos que sea firme, hondo; que sea a la vez pueblo, costumbres; con honestidad, ¿sabes? Yo soy sólo cantor, no soy poeta, ni músico, así que sólo soy un vocero de lo que el poeta toma de su pueblo y lo devuelvo en forma de canción.

—¿Tus letras son antiguas o modernas?

—Hay antiguas, modernas, populares.

Mientras hablamos ha cogido la guitarra y rasguea suave, interrumpiéndose constantemente para dar fuerza a una frase o decirla en voz más baja.

—¿Hay letras hechas para ti?

—No, no. Allí los poetas escriben y los cantores eligen o no eligen.

—¿Pero hay, por ejemplo, un grupo de amigos, poetas que compartan las mismas ideas, que traten de traducir ese alma sencilla del pueblo, para que tú puedas cantarla?

—El poeta, el poeta libre, que no tiene compromiso más que con su honestidad, nunca tiene a quién cantarle por deber, solo tiene la concepción de la poesía como obra. Después está en uno saber lo que ha elegido. O sea, que si a mí no me gusta una cosa, no soy capaz de hacérsela gustar a un tercero.

—¿Por qué canta siempre al hombre de campo?

—Porque vengo de ahí, vengo..., pues, de la gente sencilla. Paso toda mi vida cantándole al país, no a la capital del país.

—¿Quieres traer algún mensaje especial con tu canción?

—Sí, traigo un mensaje especial de América, de Argentina: de paisaje, gente que se puede conocer o que se puede entender por medio de la canción. No canto a ningún sector en particular, canto a la gente. Traigo canto de gente para la gente. Ese es el mensaje especial.

*Una herencia para sus hijas: Enseñarles a dar

—¿Cómo vive tu familia en la Argentina?

—Tengo mi casa a noventa kilómetros de la Capital Federal. Una casa de campo, donde vivo con mi patrona y mis hijas. Le decimos patrona a la señora: patrona de la casa. Mis padres están en la provincia de Salta, a mil quinientos kilómetros de la capital, y mi único hermano vive también en el norte.

—Cafrune, ¿Cómo es tu mujer?

—Es como todas las buenas mujeres, superior a mí. Superior a mí en lo que le ha tocado ser en la vida: madre, honesta, comprensiva, respetuosa de su casa, compañera en todos los sentidos. En síntesis, como yo le suelo decir a ella: "¡El fundamento de lo poco que yo soy!". La mujer y los hijos son, en el sumando de todas las vivencias que tiene el hombre, lo más positivo, no digo lo único pero lo más positivo. Cuando la familia va mal, no tienes ninguna tranquilidad y pasa a ser todo un hervidero de cosas.

—¿Porqué tantos artistas fracasan en su vida familiar?

—Lo que sucede es que en esto que se suele llamar artístico, hay dos formas de concebir la vida: el hombre que piensa en la farándula, en la fama, en el brillo, en la creencia de que es un hombre extra normal , y nosotros, que somos del campo, que nos gusta cantar, andar por los pueblos, analizar la vida. Que no tenemos porqué venir a promover divorcios, peleas, conquistas y toda esa cuestión que para mí no tiene ningún sentido. Pienso que uno de los fundamentos de mi canto es tener equilibrio familiar, eso me da base para ser normal acá.

—¿Qué quiere Cafrune para sus hijas?

—Mis niñas... Tiene seis años la mayorcita. Yo quisiera que ellas aprendan a defenderse, a entender a una futura sociedad más justa. Que sepan no hacer diferencias entre la gente, que sean normales, que quieran, que respeten al semejante. Esa es la herencia que les voy a dejar: concepción social del mundo en que viven. Que sean gente bien, no ricos ni pobres, sino buenos. Que sepan dar, que sepan hacerse querer.

*Espectáculo de doma criolla de caballos

Tiene los ojos negros y profundos, y una forma que recuerda la Arabia del Oriente.

—¿Qué espera de España?

—Vengo por cuatro o cinco meses. Mi pretensión de España es ser aceptado. Que les guste el mensaje que traigo. Primero en Madrid, pero como la capital no es toda España, pienso andar más y que me entiendan. Que no me mezclen, que sepan definir lo que es un mensaje americano, un mensaje de gente. Ojalá que pueda salir airoso y me puedan decir: bueno, Cafrune, lo hemos entendido. Ese es el premio mayor y no los cinco millones de cuestiones que dicen por ahí y que ni yo sé. Con la plata faltan valores humanos, por eso yo suelo decir que no soy artista: soy cantor y guitarrero.

—¿Es cierto que quiere traer un espectáculo de doma criolla de caballos?

—¡Ése es mi sueño! Porque me gustan mucho los caballos y yo allá tengo mi espectáculo: jineteada, doma de potros...

—¿En la finca?

—No, rodando por el país. Ojalá podamos traer acá este espectáculo para que conozcan lo que es un hombre de a caballo en Argentina.

—¿Piensa llevar reses bravas a su finca?

—Pensaba hacer un intercambio, pero allá no se permite matar a los animales o hacer una toreada. Sólo pueden ver lo que es un toro de lidia.

*Partidario de Perón

Poco a poco vamos tocando en los temas de la conversación unos temas y otros, y hemos llegado a la política.

—Otra cosa, ¿cómo es el pueblo argentino que le escucha?

—Es un pueblo nuevo. América del Sur se está haciendo, busca su rumbo, su sitio en el mundo, su liberación, la independencia. Ser cada uno: con su sentido, con su aire nacional.

—Quizá en estos países sea más difícil que en otras partes por la extensión de territorio y por la diversidad de razas que se han juntado en ellos...

—Es lo que yo muchas veces digo: el conseguir un sentimiento nacional en un país como el mío va a llevar años, porque no se puede obligar a nadie a querer a nadie. Se quiere por libre. Es un proceso que vendrá con la fusión de las generaciones, hasta que lleguemos a un rumbo en que todos pensemos que una de las principales cosas del hombre es la patria, la tierra, el respeto a sus tradiciones, a sus formas. Pero eso no ocurre por un decreto.

—¿Hasta qué punto ocupa Perón un lugar importante en la política de su país?

—Para hablar de política o de religión se necesita un tiempo amplio, porque no se puede sintetizar: corre uno el peligro de no hacerse entender. Resumiendo, solo puedo decir que mi política es del que haga bien a mi pueblo.

—¿Y cree que Perón hace bien a su pueblo?

—No que hace, ¡que hizo!

*Viste de gaucho desde la escuela primaria

Se nota que es un tema candente para él, pero no tenemos tiempo de extendernos.

—Esa ropa que lleva puesta ¿es sólo para la escena?

—Yo uso esta ropa desde la escuela primaria por el gran amor que les tengo a las gentes del campo. El gaucho es un elemento político-social de un tiempo de nuestra organización nacional. Hoy no hay gauchos. Esta es ropa de montar de la gente del campo del Norte de Argentina. La uso siempre desde que me levanto hasta que me acuesto. Como decía un poeta nuestro:
"Que la ropa envejezca en tu cuerpo."

—¿Quién le enseñó a tocar la guitarra?

—Tuve un maestro, Nicolás Lamadrid, en Jujuy. El me enseñó a poner las manos y de ahí aprendí sólo. Como puede observar, estas no son manos de guitarrista desde niño, son manos de trabajador: fui "barman", clavador de cajones y otras cosas mientras estudiaba el secundario. No le hice ascos a ningún trabajo y no tengo miedo a la vida porque se lo que es.

Así es este hombre de humanidad desbordante, que habla de corazón, interesándose por cada pregunta. Se nota que vive con intensidad y que sabe buscar lo positivo de las cosas y el mejor lado de las situaciones.
Con Jorge Cafrune se podría estar conversando horas y horas, porque tiene muchas cosas que decir.

Emma Clares


Fuente: Ratacruel.galeon.com