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domingo, 28 de mayo de 2017

A campo abierto - Argentino Luna


Vi’a entrar sin pedir licencia
a lo potro en el corral
y aunque al cantar cante mal
pa’ conversar mi conciencia.
Alforjas con experiencias
va palenteando mi overo,
y a fuerza de ser sincero
vi’a tirar con todo el rollo:
porque donde canta un criollo
hay que sacarse el sombrero.

Si he galopeao hasta aquí
quiero dejar aclarao
que es porque he sido invitao,
sino andaría por ahí.
Porque me encuentro feliz
a campo abierto pensando,
horas enteras cantando
en el rancho de un amigo,
de esos que son como abrigo
si el alma anda tiritando.

No vengo a cantar mis penas
ni a conversar mis pobrezas,
si allá en mi rancho, mi pieza,
está llena de cosas buenas.
Pero se me inflan las venas
si me patean el asao,
y no aguanto un entripao
pa que no pese la carga,
que el que recibe y no larga
suele morir atorao.

Bueno, ahí tienen mas o menos,
cómo soy y a lo que vengo;
y si ven que no convengo
no quieran mostrarme un freno.
Que aún estando en campo ajeno
el palenque no me halaga
y no encuentro mejor paga
que volar a mi manera,
como esas aves camperas
que vuelan por Madariaga.

Estoy de errores cubierto
por eso no dejo herencia,
y sigo con mi existencia
galopeando a campo abierto,
me persigno ante los muertos
de la orilla del camino
porque tal vez el destino
me brinde un mismo final
y me cubra el pastizal
de los campos argentinos.

martes, 10 de mayo de 2016

6/05/2016. Don José Larralde en Rosario: Crónica de una guitarreada


“Esto no es show, ni concierto ni espectáculo, esto es una guitarreada”, aclaró con firmeza don José Larralde en el saludo inicial del recital que dio en el teatro El Círculo, y después de cuatro años de ausencia de los escenarios rosarinos.
Con las luces de la sala encendidas, sin escenografía y con una puesta técnica mínima y básica, arrancó con “Un día me fui del pago”, la milonga en homenaje a su tierra natal, Huanguelén. Empezó con la garganta fría, su voz sonó gastada y sin energía en el comienzo, pero fue mejorando rápidamente y nunca le faltó el aire decidor, campero, claro y contundente.
El teatro estuvo casi a pleno, en silencio absoluto, como escuchando sentencias bíblicas. Larralde no venía a Rosario desde el 2012 y la sensación del público era de reencuentro con sus reflexiones e intimidades.
A propósito del público, allí convivieron las pilchas gauchas con las musculosas, los tatuajes, los aritos, las trenzas y las rastas. Lo heterogéneo tiene en parte fundamento en los seguidores que le sumó Ricardo Iorio, de Almafuerte, cuando grabó “De los pagos del tiempo”, en 1995.
Su dinámica es de recitales de otros tiempos, esquivando el vértigo y otorgándole valor al silencio y a las pausas reflexivas. Trata al público como a amigos a los que les cuenta los avatares de su vida, incluso de sus problemas de salud ya superados.
Preocupado porque suene bien su guitarra, le dedicó un relato a Roberto Molina, el changarín que le enseñó los primeros acordes. En ese tramo, contó historias de sus padres y de su infancia. Con el acompañamiento musical que utilizaban los payadores, fue ofreciendo su “música opinadora”, dictando una cátedra sobre la esencia del milonguero y criticando a los folclorólogos que tratan de etiquetar su obra.
Larralde inventó el ritmo de milonga chamarriteada cuando compuso “La noche del peludero”, y en sintonía con lo anterior, con lenguaje frontal, sin filtro, recordó cuando Sadaic no quería registrarlo porque el género no existía.
Con otro relato por milonga, ‘Ramón Contreras’, homenajeó al paisano de quien aprendió los primeros pasos del oficio de peón. Con la memoria intacta, recordó y contó con detalles la historia, con asombrosa precisión.
Clima relajado. Con tono rural, nada urbano ni florido ni condescendiente con las reglas, Larralde no tiene drama en conversar con la gente y explicar entretelones o confesar intimidades antes de relatar “Por adentro de la vida”.
Esa fue la introducción para recordar que a los 14 años escribió “Mi viejo mate galleta”, ‘una milonga chiquita’, dijo respecto al tema que retrata costumbres de la vida en el campo.
“Cuando ustedes se cansen o vean que se aburren y están medio podriditos, me dicen y termino”, sorprendió. Parecía que concedía al público el poder de decidir la extensión, pero más adelante corrigió: “Me olvidé de decirles que no me pidan temas porque no les voy a dar pelota”, dijo recuperando la iniciativa.
El músico se entusiasmó con las historias que fueron derivando en otras. Si cabe el insulto, insulta, pero también logró emocionar a todos cuando desde el lamento por la pérdida de su mate desembocó en sus padres y pidió “dénle un abrazo y un beso a los viejos, díganles que los quieren”.
Antes de cantar “Patagonia”, reivindicó la obra de Milton Aguilar y Marcelo Berbel, creadores olvidados en Argentina. Justamente, la voz de Larralde cantando “Quimey Neuquén”, loncomeo de esta dupla y un ritmo patagónico que se usa en las rogativas, sonó curiosamente en la serie norteamericana ‘The Breaking Bad’.
Si bien su obra habla de vivencias lejanas, demuestra estar al tanto de la actualidad y se anima a ilustrar sus opiniones con comentarios sobre Vicky Xipolitakis o Lázaro Báez, generando carcajadas por el contraste de estos personajes con su figura, al tiempo que reivindica firmemente a los aborígenes y a los caídos en Malvinas.
Cuando anunció “Ayer bajé al poblao”, advirtió que ‘la historia es larga’, pero el público pidió que la cuente. Dijo que leyó filosofía y antropología, pero aclaró: “No encontré en los libros respuesta a qué soy, qué es un hombre en la vida”. Así, dijo, se puso a pensar y lanzó la conclusión de sus cavilaciones: “Soy un sorete en una llanta, a veces estoy arriba, a veces abajo, y cuando te deja aplastado ya no servís ni para mierda”, volvió a sorprender, y completó: “Obvio que ninguna academia me va a aceptar que llegué a esta conclusión”. Larralde, que se burló de sus propias reflexiones, no transó con ningún pedido y compartió otra reflexión, esta vez de San Martín: “Cuando hay libertad, lo demás sobra”.
Humor. Detectó algún bostezo en la platea y saludó a los que se levantaron para ir al baño con la mirada atenta que permiten las luces del teatro encendidas hasta el final.
En el tramo final incluyó “El alegre canto de los pájaros tristes” y “Otras cosas fuleras”, basadas en situaciones que, dijo, “me fueron poniendo el alma en rebeldía y otras cosas fuleras”.
Para quienes no lo conocen, el Mundo Larralde es una incógnita. Para quienes lo siguen, es un milonguero de culto, no necesita recorrer los medios para promocionar sus “guitarreadas” y llenar teatros.
No actúa en festivales desde mediados de los sesenta, le debe a Cafrune su popularidad inicial y a Yupanqui el estilo. Enemigo de las formas y las estructuras y alejado del ambiente artístico, la pobreza vivida en la infancia le da suficiente autoridad para opinar, sentenciar y aconsejar.
Con solamente sexto grado, considera que “para amar una cosa hay que sufrirla, hay que llorarla, hay que sangrarla”. Toca la guitarra de oído y no da notas porque, dice, “yo opino cuando canto”.

Lamentando que su pueblo haya olvidado las tradiciones, en el bis rescató la milonga “El Tamayo”, que le habían pedido desde el inicio de su presentación. Enérgico, hacia el final, dejó una sugerencia: “Que nos vaya bien a todos y no sean tan pelotudos de pelearse por política o por fútbol”, con lo cual concluyó su guitarreada.

jueves, 4 de febrero de 2016

Jorge Cafrune - El Chacho, Vida y Muerte de un Caudillo

Imperdible obra maestra dedicada al caudillo riojano Ángel Vicente 'Chacho' Peñaloza, interpretada por el inolvidable Jorge Cafrune sobre textos de León Benaros y música de Eduardo Falú, Adolfo Abalos y otros.

Descarga El Chacho de Jorge Cafrune

jueves, 10 de diciembre de 2015

Algunos versos de sabiduría gaucha


Siempre se habla del destino
pa’ juntar resignación
mas yo pido una razón
al que promueve el despojo
y tiene pinchao el ojo de
mirar a la nación.

Se hace la paz y la guerra
y lo que venga si es negocio
y hasta el cielo es un consorcio
administrado en la tierra.

Cuando Dios arme la yerra
porque un día ha de ser
cuando se halla que poner
el honor en la parrilla
cuantos machos de rodilla
seguro habremos de haber.

Preguntas y más preguntas
que me hacen y que hago yo
que naides me respondió
y que debo contestar
si es que debo amortiguar
lo que le debo al Creador.

Debo hallar adentro mío
toda la paz que me quede
pa’ ver si mi mente puede
y aun entrando en rebelión
cantar con el corazón
pero cantar lo que debe.

Ninguno se arrogue un tiento
de mi lonja pa’ su apero
a fuerza de ser sincero
me he ganao mas de un quebranto
pero nada vale tanto
como esta tierra que quiero.

No hay razón pa’ que no se oiga
la voz de un canto argentino
no le tenga miedo al trino
que nace en la tierra de uno
y no lo vuelva reyuno
por más que apriete el destino
la tierra suele ser de otro
pero el canto ha de ser de uno.

Suele el pan andar de ayuno
y la vergüenza con frío
ser de otro el agua y el río
pero el canto... pero el canto...
ha de ser de uno.

Si alguna razón te asiste
no hay porque d’irse a baraja
solo una medida encaja
y hay que encajarla aunque cueste
porque no existe peor peste
que desatarse la faja.

Por eso sigo derecho
voy lerdo pero no paro
yo sé que no tengo amparo
si no me amparo yo mismo
y hasta me hice un catecismo
con credos que son muy claros:
creo en mi Dios
y en un creo, creo en todo lo que he visto
si por existir existo
mi credo no me ha mentido
y pa’ no andar resentido
cuando se me va lo chisto.

Se han inventao las naciones
pa’ desparramar tumulto
cada una invento su culto,
bandera, iglesia, costumbre
pero el hombre, pero el hombre...
tiene herrumbre en la mitad del indulto.


Sin embargo hay que creer en la verdad
aunque parezca mentira
si hasta la lonja se estira
cuando la asidera aguanta
como no creer en la santa verdad
si se la respira.

(Fragmento de "Cuando la vida me nombra" de don José Larralde)

viernes, 29 de mayo de 2015

Entrevista a Jorge Cafrune - España 1972

Reportaje realizado en España para la revista Telva en una visita del guitarrero y cantante argentino allá por el año 1972.

*Las barbas de Cafrune mesadas por españolas

Está rodeado de "fans" cuando llegó. Casi todas esperan que les firme un disco, y lo hace sin prisa mientras charla con ellas. Jorge Cafrune aparece como una persona exótica: alto y ancho, con espesa barba llena de canas y amplios pantalones de gaucho argentino. En la mano tiene una vasija con mate, una especie de té de su tierra, que chupa de vez en cuando. Recuerda a un gran sultán.

Cafrune está en el primer lugar de la lista de "hits" argentina, con la canción "Virgen india". En España sus canciones suben y suben entre la juventud.

Por fin podemos sentarnos a charlar despacio, y sus primeras palabras me sorprenden:

—Pienso quedarme en Europa cinco o seis años —me contesta con su hablar argentino—. Tengo treinta y cuatro años, pues hasta los cuarenta o cuarenta y uno. Quiero traerme acá a la familia, porque ahora estoy la mitad aquí y la mitad allá.

—¿Piensa poner casa en España?

—Mi niña mayor ya va a la escuela; está en el primer grado, y tengo que respetar la organización. Porque el casamiento no es una posesión, sino un convenio de vivencias.

—Y también la mujer necesita serenidad...

—Claro. Mi mujer aún no se entero que es mujer de Jorge Cafrune. No anda detrás de mí ni quiere figurar. Por eso yo le estoy tan agradecido; soy su admirador.

Cafrune tiene tres hijas, y espera otra para estas mismas fechas, por eso le pregunto:

—¿Será niño esta vez?

—No; será niña. Como otras veces le elegí nombre de hombre y me nacieron mujeres, esta vez elegí ya nombre de mujer.

—¿Y cuál va a ser?

—Encarnación. Como la mujer de don Juan Manuel de Rosas, un gran caudillo que tuvimos nosotros: el hacedor de nuestra querida patria. Todos los nombres de mis hijas tienen una significación: Yamila, la heroína de la revolución argentina, vive todavía. Victoria, la mujer del "Chacho" Peñaloza, gran defensor del federalismo. Delfina, la mujer de Pancho Ramírez, otro caudillo nuestro.

—Los Cafrune tienen sangre árabe, ¿verdad?

—Sirio-libanesa.

*Cuánto gana Jorge Cafrune

Es un hombre humano y abierto, que ha llegado a España con la aureola del que canta al pueblo sencillo, por eso le hago una pregunta sobre algo que me ha llamado la atención:

—¿Es cierto que cobró cinco millones por cinco días de actuación en Madrid?

—Esas son tonterías; lo mismo que hablaban allí en Argentina que ganaba sesenta mil dólares. Cosas, inventos de ellos. Yo acá vengo a sembrar: no soy Serrat ni Raphael, vengo a sembrar. Los artistas de América no son como los de Europa.

Y Jorge se enfada, habla fuerte y rápido. Trato de calmarle.

—De todas formas, la persona que trabaja tiene derecho a un salario.

—Perfecto, pero lo que me indigna es que ellos me vengan a poner el precio que ni yo sé, ¡hombre! ¡Tampoco vengo gratis!, le adelanto. Vengo con el ansia de ampliar el panorama de la canción nativa, de trabajar como cualquiera de ustedes, como cualquier cristiano que tiene que trabajar. Y estoy orgulloso y agradecido a la gente de España que me ha recibido tan bien.

—Sus discos son muy conocidos...

—Pienso que entre España y América hay una relación de padres a hijos. Nosotros seguimos unidos a la madre, es innegable. Hay una copla de un autor uruguayo:
"No se puede matar al abuelo
para que viva el nieto."
Siempre hay una relación de vejez y de respeto para quienes fueron nuestros mayores, directa o indirectamente.

—En España hay en la actualidad una corriente de admiración hacia Hispanoamérica: la canción, la literatura...

—Eso me alegra. Lo noto cuando la gente me respeta, me escucha. Eso son signos de relación humana. Pienso que la canción sintetiza al poeta, al creador, a la música, las costumbres, formas, creencias, un montón de cosas.

—Cortázar, Borges... —lo interrumpo.

—Cortázar, Borges, son ya literatos, pero a mí me importa el poeta popular, afirmado en la vivencia de los pueblos. El poeta que pese a su valor, es simple, porque creo que ya estamos en un tiempo de dejarnos de posturas por el solo hecho de que tengamos o no la importancia de cantar, o de escribir, o de componer. No por eso somos gente de otro mundo. Pienso que hay que actuar con naturalidad, hay que dejar de creerse superiores a la gente normal.

*Las letras de sus canciones están en el pueblo argentino

—El divismo aleja de la gente.

—Aleja y en otros crea una aureola que luego se traduce en pesos. Muchas veces uno dice: "Debería ponerme un poco así”, pero no, yo soy como soy!

—De todas formas, habrá alguien que se ocupe de sus negocios.

—Pero el negocio es en relación a la forma de uno. Si yo tomase esto como solamente negocio, hubiera puesto un almacén.

—Antes habíamos quedado en que el trabajo tiene una remuneración.

—Eso es otra cosa. Pero que si tú te agarras la guitarra o la copla para hacer negocio, es un negocio; ahora, que esto después que tú has hecho, después que te han aceptado, te da dinero, ¡pues de acuerdo!

—Tu familia también tiene unos derechos.

—Vivo en un sistema, tengo una familia y soy absolutamente normal a cualquier vivencia, o sea, que necesito plata para vivir. Se sobreentiende. Pero eso es muy distinto a que yo haya agarrado este madero y dejado una carrera universitaria, pensando en cuánta plata voy a ganar con la guitarra.

—Cuéntame un poco cómo fue tu niñez, como empezaste a cantar.

—Habría que explicar primero los paisajes donde nací. Nosotros somos del Norte. La gente canta mucho allá; empezábamos a cantar como a jugar, a vivir.

—¿Qué hacían tus padres?

—Eran agricultores, sembraban tabaco. Soy nacido en un paraje, Perico del Carmen, en el Sunchal. Así es que yo no es que venga de padres ricos, ni de muy pobres: una familia de mediana para abajo, normal. No voy a llorar miserias ni me la voy a alardear.

—¿Cómo se desarrolló tu vida?

—Hice mi escuela primaria en los pueblos. La escuela secundaria en la capital de Jujuy, y ahí fue donde me interesó la guitarra, y empecé a cantar por cantar. Luego ya vino un conjunto y actuaciones. Después decidí andar solo... y agarramos un rumbo de canto que pretendemos que sea firme, hondo; que sea a la vez pueblo, costumbres; con honestidad, ¿sabes? Yo soy sólo cantor, no soy poeta, ni músico, así que sólo soy un vocero de lo que el poeta toma de su pueblo y lo devuelvo en forma de canción.

—¿Tus letras son antiguas o modernas?

—Hay antiguas, modernas, populares.

Mientras hablamos ha cogido la guitarra y rasguea suave, interrumpiéndose constantemente para dar fuerza a una frase o decirla en voz más baja.

—¿Hay letras hechas para ti?

—No, no. Allí los poetas escriben y los cantores eligen o no eligen.

—¿Pero hay, por ejemplo, un grupo de amigos, poetas que compartan las mismas ideas, que traten de traducir ese alma sencilla del pueblo, para que tú puedas cantarla?

—El poeta, el poeta libre, que no tiene compromiso más que con su honestidad, nunca tiene a quién cantarle por deber, solo tiene la concepción de la poesía como obra. Después está en uno saber lo que ha elegido. O sea, que si a mí no me gusta una cosa, no soy capaz de hacérsela gustar a un tercero.

—¿Por qué canta siempre al hombre de campo?

—Porque vengo de ahí, vengo..., pues, de la gente sencilla. Paso toda mi vida cantándole al país, no a la capital del país.

—¿Quieres traer algún mensaje especial con tu canción?

—Sí, traigo un mensaje especial de América, de Argentina: de paisaje, gente que se puede conocer o que se puede entender por medio de la canción. No canto a ningún sector en particular, canto a la gente. Traigo canto de gente para la gente. Ese es el mensaje especial.

*Una herencia para sus hijas: Enseñarles a dar

—¿Cómo vive tu familia en la Argentina?

—Tengo mi casa a noventa kilómetros de la Capital Federal. Una casa de campo, donde vivo con mi patrona y mis hijas. Le decimos patrona a la señora: patrona de la casa. Mis padres están en la provincia de Salta, a mil quinientos kilómetros de la capital, y mi único hermano vive también en el norte.

—Cafrune, ¿Cómo es tu mujer?

—Es como todas las buenas mujeres, superior a mí. Superior a mí en lo que le ha tocado ser en la vida: madre, honesta, comprensiva, respetuosa de su casa, compañera en todos los sentidos. En síntesis, como yo le suelo decir a ella: "¡El fundamento de lo poco que yo soy!". La mujer y los hijos son, en el sumando de todas las vivencias que tiene el hombre, lo más positivo, no digo lo único pero lo más positivo. Cuando la familia va mal, no tienes ninguna tranquilidad y pasa a ser todo un hervidero de cosas.

—¿Porqué tantos artistas fracasan en su vida familiar?

—Lo que sucede es que en esto que se suele llamar artístico, hay dos formas de concebir la vida: el hombre que piensa en la farándula, en la fama, en el brillo, en la creencia de que es un hombre extra normal , y nosotros, que somos del campo, que nos gusta cantar, andar por los pueblos, analizar la vida. Que no tenemos porqué venir a promover divorcios, peleas, conquistas y toda esa cuestión que para mí no tiene ningún sentido. Pienso que uno de los fundamentos de mi canto es tener equilibrio familiar, eso me da base para ser normal acá.

—¿Qué quiere Cafrune para sus hijas?

—Mis niñas... Tiene seis años la mayorcita. Yo quisiera que ellas aprendan a defenderse, a entender a una futura sociedad más justa. Que sepan no hacer diferencias entre la gente, que sean normales, que quieran, que respeten al semejante. Esa es la herencia que les voy a dejar: concepción social del mundo en que viven. Que sean gente bien, no ricos ni pobres, sino buenos. Que sepan dar, que sepan hacerse querer.

*Espectáculo de doma criolla de caballos

Tiene los ojos negros y profundos, y una forma que recuerda la Arabia del Oriente.

—¿Qué espera de España?

—Vengo por cuatro o cinco meses. Mi pretensión de España es ser aceptado. Que les guste el mensaje que traigo. Primero en Madrid, pero como la capital no es toda España, pienso andar más y que me entiendan. Que no me mezclen, que sepan definir lo que es un mensaje americano, un mensaje de gente. Ojalá que pueda salir airoso y me puedan decir: bueno, Cafrune, lo hemos entendido. Ese es el premio mayor y no los cinco millones de cuestiones que dicen por ahí y que ni yo sé. Con la plata faltan valores humanos, por eso yo suelo decir que no soy artista: soy cantor y guitarrero.

—¿Es cierto que quiere traer un espectáculo de doma criolla de caballos?

—¡Ése es mi sueño! Porque me gustan mucho los caballos y yo allá tengo mi espectáculo: jineteada, doma de potros...

—¿En la finca?

—No, rodando por el país. Ojalá podamos traer acá este espectáculo para que conozcan lo que es un hombre de a caballo en Argentina.

—¿Piensa llevar reses bravas a su finca?

—Pensaba hacer un intercambio, pero allá no se permite matar a los animales o hacer una toreada. Sólo pueden ver lo que es un toro de lidia.

*Partidario de Perón

Poco a poco vamos tocando en los temas de la conversación unos temas y otros, y hemos llegado a la política.

—Otra cosa, ¿cómo es el pueblo argentino que le escucha?

—Es un pueblo nuevo. América del Sur se está haciendo, busca su rumbo, su sitio en el mundo, su liberación, la independencia. Ser cada uno: con su sentido, con su aire nacional.

—Quizá en estos países sea más difícil que en otras partes por la extensión de territorio y por la diversidad de razas que se han juntado en ellos...

—Es lo que yo muchas veces digo: el conseguir un sentimiento nacional en un país como el mío va a llevar años, porque no se puede obligar a nadie a querer a nadie. Se quiere por libre. Es un proceso que vendrá con la fusión de las generaciones, hasta que lleguemos a un rumbo en que todos pensemos que una de las principales cosas del hombre es la patria, la tierra, el respeto a sus tradiciones, a sus formas. Pero eso no ocurre por un decreto.

—¿Hasta qué punto ocupa Perón un lugar importante en la política de su país?

—Para hablar de política o de religión se necesita un tiempo amplio, porque no se puede sintetizar: corre uno el peligro de no hacerse entender. Resumiendo, solo puedo decir que mi política es del que haga bien a mi pueblo.

—¿Y cree que Perón hace bien a su pueblo?

—No que hace, ¡que hizo!

*Viste de gaucho desde la escuela primaria

Se nota que es un tema candente para él, pero no tenemos tiempo de extendernos.

—Esa ropa que lleva puesta ¿es sólo para la escena?

—Yo uso esta ropa desde la escuela primaria por el gran amor que les tengo a las gentes del campo. El gaucho es un elemento político-social de un tiempo de nuestra organización nacional. Hoy no hay gauchos. Esta es ropa de montar de la gente del campo del Norte de Argentina. La uso siempre desde que me levanto hasta que me acuesto. Como decía un poeta nuestro:
"Que la ropa envejezca en tu cuerpo."

—¿Quién le enseñó a tocar la guitarra?

—Tuve un maestro, Nicolás Lamadrid, en Jujuy. El me enseñó a poner las manos y de ahí aprendí sólo. Como puede observar, estas no son manos de guitarrista desde niño, son manos de trabajador: fui "barman", clavador de cajones y otras cosas mientras estudiaba el secundario. No le hice ascos a ningún trabajo y no tengo miedo a la vida porque se lo que es.

Así es este hombre de humanidad desbordante, que habla de corazón, interesándose por cada pregunta. Se nota que vive con intensidad y que sabe buscar lo positivo de las cosas y el mejor lado de las situaciones.
Con Jorge Cafrune se podría estar conversando horas y horas, porque tiene muchas cosas que decir.

Emma Clares


Fuente: Ratacruel.galeon.com

sábado, 17 de enero de 2015

Señor de Montiel

Dedicada al poeta Delio Panizza. Escrita por Aníbal Sampayo, interpretada por el Zurdo Martínez.

Partió con el alba
en brioso corcel,
guitarras y lanzas...
guitarras y lanzas
galopan con él.

Lo llora Entre Ríos
al amanecer,
y aquí en la otra Banda...
y aquí en la otra Banda
lo lloran también.

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma
sangrando un laurel.

Los talas del monte,
el rojo clavel,
beben de su canto,
beben de su canto
rocíos de miel.

Y en los espinillos
se ojala la piel
cuando grita el viento,
cuando grita el viento:
"don Delio se fue".

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma
sangrando un laurel.

En décimas suyas
vibra el Uruguay,
los hijos de Artigas...
los hijos de Artigas
no lo olvidarán.

Y allá en su Entre Ríos
siempre vivirá
con don Martiniano...
con don Martiniano,
dos glorias serán.

Poeta montonero,
señor de Montiel,
se quedó en su pluma...
se quedó en su pluma

sangrando un laurel.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Grandes Payadores: el Indio Bares

Payadores Orientales: Gauna, Bares, Curbelo, Lagos
Juan Carlos Bares, apodado “El Indio”, nació en Cerros de San Juan, Rosario, departamento de Colonia en la República Oriental del Uruguay el 11 de marzo de 1930. Desde muy chico realizó tareas rurales, trasladando hacienda hasta la localidad de Paso de Morlano. Corría aproximadamente el año 1940 cuando empezó a improvisar, para sí mismo. Aún era niño. Mientras realizaba sus tareas escuchaba improvisar a los hermanos Cándido y Florentino Callejas. Era para él, una verdadera fiesta escucharlos. En esa época, que podía enredar algún verso, quedaba tan sólo para él, ya que pasaron varios años para que improvisara en público. Mientras tanto continuaba trasladando hacienda, tropeando y domando para las estancias "Las bravas" y "El descanso".

Fue en Juan Lacaze donde debutó como payador. Corría el año 1945 cuando llegó a esa localidad con ganado y luego del trabajo, le tocaba el turno a las guitarras y florecían los cantores. Allí participó trenzando algunas cuartetas libres. Su primera payada de contrapunto tuvo lugar en un bar del pueblo de Libertad, en el departamento de San José. El bar se llamaba "Carlitos" y contrapunteó con Julio Gallegos; fue un encuentro ocasional y no programado. "Recuerdo el episodio porque significó mi bautismo como payador. Siempre creí que si el payador no canta de contrapunto es como un carro al que le falta una rueda. Por eso pienso que el prólogo de mi destino de bardo lo escribí en San José y no en el Juan Lacaze, donde improvisaba solo", decía el Indio en la revista "Rincón del Payador" en septiembre de 1980.

Ya instalado en Montevideo comenzó a improvisar con las grandes figuras. En la esquina de 8 de Octubre y Pan de Azúcar, en el barrio La Unión funcionaba la herrería de Puglia; ahí recalaban todos los payadores y comenzó a entreverar versos con Omar Vallejos y el Ciego Basso. En ese tiempo había otro lugar que albergaba el canto payadoril. Estaba ubicado en Sierra y Dante, frente a la Caja de Jubilaciones. De día se trataba de un bar común y corriente, pero algunas noches modificaba su apariencia cotidiana y recibía a cantores y payadores. Allí improvisó con Aramís Arellano y Héctor Umpiérrez. Por esa época comenzó su labor radial: participó en el "Fogón oriental", ciclo conducido por Luis Alberto Martínez por Radio Artigas. Allí conoció a Evaristo Barrios que también tenía un espacio en esa emisora. Junto a Pelegrino Torres animó un programa por Radio Rural. También participó años más tarde de "Hora gaucha", programa conducido por Nicolás Fernández por Radio Acreimlan. Ya corría el año 1950 y ya payaba con figuras como Pedro Medina y Cáceres Grasso, que lo apodaban el Payador de los Fogones, y con cantores de la talla de José Molinari y Máximo Pérez.

Su primera gira artística la emprendió junto a Carlos Molina, con quien se trasladaron a Soriano. La gira fue un verdadero desastre y luego de pasar por Mercedes, Molina decidió regresar a Montevideo, pero Bares siguió hasta Paysandú y desde allí cruzó a Entre Ríos, en la Argentina. Allí conoció al payador oriental Francisco Medina. Corría el año 1955 e instalado nuevamente en Montevideo, participó en audiciones como "Mañanitas del campo" conducida por Agustín Pucciano o "Nochecitas del fogón" que dirigía Héctor Umpiérrez. En ese año se inicia la "Cruzada Gaucha" y debido a una amenaza de una epidemia de poliomielitis se prohíben en Montevideo todos los espectáculos en lugares cerrados. En vísperas de la Semana Criolla (o de Turismo, como se denomina en Uruguay a la Semana Santa) surgió la idea de organizar una serie de espectáculos al aire libre. La programación incluía a cantantes nativos, recitadores y payadores. Los resultados superaron todos los cálculos previos y el canto del payador conmovió a Montevideo y al país. El éxito prosiguió cuando los cines y teatros reabrieron sus puertas. Bares actuó durante seis meses. Al tiempo se produjo una escisión y se creó la "Embajada Gaucha" con la que debutó en Buenos Aires. Los payadores argentinos que participaron fueron Cayetano Daglio, Carlos Chazarreta, Angel Colovini, Alfredo Santos Bustamante y Juan José García. Por Uruguay figuraron Bares, Carlos Rodríguez, Washington Montañéz, Julio Gallego y Victoriano Núñez.

Luego de aquel encuentro el Indio Bares se radicó en la Argentina. Primero lo hizo en el pago patagónico de General Conessa. También vivió en Tucumán, 9 de Julio y Santa Teresita. En Argentina formó pareja con payadores como Jorge Soccodato o Héctor Guillén y realizó payadas con Guillermo Rico, Alfredo Cosso, Juan Carlos Loto y Roderico Sombra. Ya en la década del '60 se instaló definitivamente en Empalme San Vicente, más tarde renombrada como Alejandro Korn donde creó las famosas "Tolderías del Indio Bares", un verdadero hogar para el canto payadoril.

En Argentina participó de programas radiales como el de Santiago Roca por Radio del Pueblo; en LU9 de Mar del Plata animó junto a Roldán Covo un espacio de corte campero; participó en "Amanecer argentino" por Radio Mitre; también participó de programas conducidos por Miguel Franco como "Grandes fiestas gauchas" y "Un alto en la huella". Otro de los programas en donde participó fue "La peña del transportista" con Luques y Sigfrido Darío. También formó parte del elenco estable de "El rincón de los payadores", la creación de Waldemar Lagos.

En Alejandro Korn formó su familia con su esposa Marta y sus hijos Patricia y Carlos. Según recordaba el propio Bares, hubo dos payadas cuyo recuerdo lo emocionaban: las dos fueron tensas, esas que le cortan la respiración al público. Una fue en el Parque Central de Montevideo y su rival fue Carlos Molina; el encuentro fue tal llameante que se proyectó al día siguiente. Había como 7 mil espectadores y los diarios comentaron que hacía años no se registraba en Uruguay una payada así. El otro contrapunto lo sostuvo con Clodomiro Pérez en el Prado de Montevideo.

En sus últimos años de vida fue Campeón provincial en los Torneos Abuelos Bonaerenses, representando al distrito de San Vicente, viajando en el año 1998 a España representando a la provincia de Buenos Aires.

El Indio Juan Carlos Bares nos dejó el 23 de junio de 1999. Falleció en el hospital Ramón Carrillo de la ciudad de San Vicente.

Para finalizar, queremos recordar sus palabras en la revista Rincón del Payador: "De todos los payadores que conocí y escuché, para mí, el más completo, el mejor diría, se llamaba Luis Alberto Martínez. Además del dominio del verso, tenía imágenes verdaderamente hermosas, una riqueza expresiva que no era fácil advertir en otros. En este sentido tengo que aclarar que a mí no me seduce la poesía que carezca de imágenes, de metáforas. Yo interpreto que una poesía sin imágenes es como un campo desierto, es como hablar en prosa, aunque se rime, aunque se forjen consonantes. La metáfora no es un artificio; es un modo de expresar poéticamente la realidad. Como payador he tratado siempre de cumplir con este principio. Y con otro. El payador es canto del pueblo. Es el pueblo mismo el que canta a través de sus payadores. Mi obligación es, entonces, ser fiel a ese sentimiento popular".