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viernes, 20 de enero de 2017

Charla con Miguel "Zurdo" Martìnez


Miguel “Zurdo” Martínez (m. 2011), junto a Linares Cardoso, ha sido uno de los mayores exponentes del canto folklórico entrerriano. El amor a su tierra, al río, se reflejan bellamente en su magistral obra poético-musical. A continuación compartimos un fragmento de una nota realizada por Gilda García para el Nº 21 de la revista paranaense El Colectivo.
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Si decimos que alguien vive como piensa y que, pensando como quiere, camina el mundo y la vida defendiendo sus creencias y verdades, tal vez esto no alcance para definirlo. Si después agregamos que nunca ha lucrado con su arte a pesar de las ofertas recibidas, nos estamos acercando. Pero si concluimos que es músico, entrerriano, sabedor del río y hombre de pocas vueltas, lo estamos nombrando. A los 68 años, Miguel “Zurdo” Martínez no hace concesiones para estar en el candelero, se cabrea rápido si alguno se hace el distraído, pero se conmueve hasta la medula cuando habla de Martha, su compañera de casi toda la vida. “No puedo quejarme, tengo lo necesario para vivir y darme algunos gustos”- asegura, mientras se dispone a solicitar un préstamo bancario para cambiar su vieja guitarra.

¿Por qué cree que vino a esta vida y a este lugar del mundo?

Para encontrar una explicación a eso tengo que recurrir a mi hermano Atahualpa Yupanqui: cuando habla del “destino del canto”. Me considero un elegido por la tierra para cantarle y defenderla. Ella me dio el don de la música, no para mi vanidad, sino para mi sacrificio. Una especie de sacerdocio que uno acepta. Y mi lugar en el mundo es este. Nunca me fui de acá. En las épocas bravas de la dictadura me consideraba un exiliado interno, con un cagazo cotidiano, un terror permanente. Pero nunca me fui.

¿Cree que ha renunciado a un mayor reconocimiento o ingreso económico?

La guita dejala porque no importa. Ahora, el reconocimiento lo tengo. En los últimos tiempos, cada actuación se ha transformado en una gratísima sorpresa. Pero no busco masividad. Eso dejalo para otra gente que busca el exitismo. Ya te he dicho otras veces que para mí el éxito es estar conforme con lo que uno hace. El otro éxito, el materialista, no me interesa un carajo. Me importa más la comunicación con la gente, el respeto.

¿A qué clase de hombre va dirigida su música?

Al hombre con dignidad, honesto, solidario. Al que puede emocionarse con la música que uno hace, con el mensaje que uno quiere brindar. Si es mucha o poca esa gente no importa porque eso depende de los vaivenes y coyunturas político –sociales.

SIN ARREPENTIMIENTOS

¿Qué frutos le ha dado la coherencia?

A mí no me costó ni mierda ser coherente. Nunca he dejado de ser lo que soy y lo que fui. Los valores con que me forme y lo que me enseñaron mis viejos no han cambiado. Lo que pensaba cuando tenía 15 años es lo mismo que estoy pensando ahora. Además, mientras exista la injusticia, el hambre y la explotación del hombre por el hombre, para mí las cosas van a seguir estando claritas.

Si pudiera empezar de nuevo ¿cambiaría algo de lo que hizo?

En ese caso no sé si me inclinaría por la guitarra. Fue mi viejo quien me puso la guitarra en las manos. Pero a mí me gusta mucho el chelo. Esa tesitura de barítono que tiene, ese sonido intermedio me emociona mucho.

¿Es lo único que habría hecho distinto?

No estoy arrepentido de nada de lo que me ha tocado hacer. Tal vez si a los veinte años hubiera tenido la madurez suficiente para discernir, no habría sido empleado bancario. Eso me jodio en muchos aspectos. Tendría que haber sido docente musical. Pero, por otro lado, el hecho de no vivir de la música -porque yo he vivido para la música pero no de ella – y haber tenido mi sueldito, me dio y me sigue dando la libertad de decir cosas y ser sincero. Por eso es que no tuve que hacer concesiones. Tal vez la única fue entrar a las siete menos cuarto al banco, colgar mi personalidad en la puerta, y a las dos y media volverla a levantar. Esas ocho horas eran del banco, no mías.

¿Qué desea transmitirle a las generaciones que vienen?

Yo creo o quiero creer en las nuevas generaciones porque me doy cuenta que el enemigo es el imperialismo yanqui, el capitalismo, el consumismo y la globalización. Y lo es principalmente de todos los jóvenes. La cosa es que se den cuenta. Pero si esto no sucede, habrá que tratar de ayudarlos. Creo en las nuevas generaciones porque creo en el hombre y en el fin del imperio. Todos los imperios han tenido un final y nosotros estamos asistiendo al fin del sistema capitalista.

¿Cree en Dios?

Hace unos años, en una cena, me senté al lado del cura Farinello. Contábamos historias y anécdotas. Y por ahí me dice que, escuchándome, le parecía que no era católico apostólico romano. “Mira –le digo –capaz que soy católico apostólico entrerriano”. Se cago de risa y me pregunto cómo era eso. Le explique que no creía en el dios de Karlic ni en el dogma católico, pero que cada vez creía más en Dios. En un Dios mío. Uno que no tiene nada que ver con el dios del temor, del cagazo como forma de portarse bien que intentaron enseñarme cuando era guri. “¿Y cómo es la cosa?”, me pregunto. “Mira - le dije – para encontrarme con Dios me voy a la isla, escucho el canto de los pájaros, el rumor del agua, veo un amanecer o un atardecer. Miro para Villa Urquiza, donde están mis viejos y hablo con ellos. Me llevo un walkman y escucho Bach, Isaco Abitbol y la música de guitarra que me gusta. En esos momentos estoy plenamente con Dios”. Farinello se rió y me dijo: “Pero si eso es Dios”.

Lo busca en la esencia y no en la apariencia.

Claro. Es que no creo en ese catolicismo de los tipos que, de lunes a viernes, viven explotando gente, cometiendo injusticias, jodiendo a los demás y el domingo se meten en la iglesia para salir limpios.

¿Cuántos años hace que está con su compañera?-

Hace 38 años que estamos juntos. Tuve la suerte de encontrar la compañera ideal. Haber conocido a Martha fue mi salvación. Por ahí nos puteamos un poco, pero hay mucha afinidad, mucho respeto y, sobre todo, gran coincidencia en los gustos. Ella es docente musical y tiene una gran capacidad de análisis. Cuando nos fuimos a vivir a Santo Tome en el año 70 yo ganaba el doble que ella. La mitad del sueldo era para mis hijos – de un primer matrimonio – la otra para pagar el alquiler. Vivíamos con su sueldito de maestra. Toda la vida fue así. Después, cuando llego la época de las jubilaciones, se hizo al revés: ella se retiró con el cargo de supervisora y gana el doble que yo. Con su sueldo y el mío nos arreglamos. Así vivimos y, cuando tengo alguna actuación por ahí, saco la cabeza afuera, respiro un poco y compramos algo. De ahí no sale la cosa. Tampoco hay aspiraciones de otro tipo. Estamos conformes con eso: comprar una mejor guitarra, unos libros. Eso sí, no me privo de comprar discos, aunque debo tener cuidado cuando salgo con el sueldo recién cobrado y me meto en una disquería.

BALANCE

¿Cree que ha vivido como ha querido?

Lo que te puedo decir es que a los 68 años, después de haber pasado muchas malas y muchas muy buenas, estoy conforme con lo que me ha tocado vivir. No puedo quejarme. Estoy contento de no haber vendido mi alma al diablo y haber sido coherente con una conducta aprendida a través de la influencia de mi padre, de Yupanqui, de Marcelino Román…Tal vez, sin razonarlo ni pensarlo demasiado, uno se fue formando y armando. Con ellos también aprendí el sentido de la amistad y el deseo de vivir en una constante superación, acumular conocimiento. Creo que esto puede hacerse de muchas maneras: algunos llegan a tener gran conocimiento intelectualizando todo. No lo digo despectivamente, al contrario. No soy de esos aunque los admiro. A esta altura de la vida me doy cuenta que los conocimientos acumulados fueron a través de la vida misma, de las circunstancias que me ha tocado vivir. La historia social, política y cultural no la intelectualizo ni me la contaron, la he vivido. Tengo buena memoria y me doy cuenta que he llevado una conducta que puede ser ejemplo para muchos jóvenes. Eso pasa a ser el capital de uno. Cuando te das cuenta que la dignidad con que viviste es tu capital, el otro – el material- pasa a ser una cagada. Ni pelota le das. Mis hijos saben bien que los únicos bienes materiales que recibirán son esta casa, la guitarra, los discos y los libros. Nada más. Pero creo que también ellos van a ir por ese camino. A esta altura muchos de la vereda de enfrente me creen resentido. ¿Resentido? No. Yo tuve posibilidades de vender mi alma al diablo.

Tal vez la cosa pase por ahí: tuvo la posibilidad y no lo hizo.

Me resulta chocante en las personas que quiero y respeto, inteligentes y formadas ideológicamente, el estado de sorpresa en que viven ante los hechos aberrantes que nos tocan vivir. No tenemos más derecho a sorprendernos de las injusticias cotidianas. Lo que vivimos es producto y resultado de un capitalismo salvaje y un consumismo que ha demostrado su fracaso en todo el mundo. En los 90, Menem y su gente y ahora los actuales funcionarios, dicen que la globalización es irreversible, que las cosas hay que aceptarlas así porque no hay posibilidades de cambiar y que todo lo demás son utopías. Bueno, si no tenemos utopías me pego de un tiro y chau.

Serrat decía que si no tenemos utopías, la vida es solo un largo camino hacia la muerte.

Hay muchas maneras de expresarse. Marcelino, mi viejo y otros en sus trabajos siempre dejaban una puerta abierta a la esperanza, a un mundo mejor. Eso lo tengo incorporado. Muchos imbéciles me dicen que no le canto a las injusticias. ¿Cómo no lo voy a hacer? Pasa que nunca he lucrado con la protesta. A la protesta la tengo incorporada. Basta con mirar mi repertorio. Lo que no hago es aprovechar las coyunturas políticas para hacer una canción. Detesto eso. Hay tipos que viven pendientes de la denuncia pero en eso no hay un hecho artístico. Eso debe ir acompañado de arte en lo político y en lo musical.

Y de conducta.


¡Eso ni hablar! Pero ¿Cómo hacemos para escapar de la Tinellizacion? Yupanqui la tenía clarita con aquello de que “a la gente no hay que darle lo que pide sino lo que se merece, o sea lo mejor”. Acá todo el mundo vive pendiente del rating. Si no lo tenes te echan a la mierda. Está todo al servicio del enemigo. Sin ir muy lejos, sé que muchos músicos populares han ido a cantar a los cortes del Túnel. A mí también me vinieron a buscar y les dije que no. Primero porque yo quiero la reforma agraria y ahí nadie habla de eso. Segundo, porque soy antisojero y ahí nadie lo es. Ni de un lado ni del otro. Porque el gobierno tiene un doble discurso: por un lado dice que quiere eliminar la soja pero, por el otro, favorece a los pooles de siembra, a los Grobocopatel, a los grandes intereses que manejan todo. Yo estoy muy cercano a los movimientos ambientalistas, al Foro Ecologista sobre todo. No a los otros, porque no me quiero disfrazar de verde para pelear contra el desmonte o la contaminación del río. No. Para ser ambientalista hay que ser anticapitalista. Vivir como se piensa parece casi imposible dentro de este modelo. Pero intentarlo ya es un logro. 


viernes, 29 de mayo de 2015

Entrevista a Jorge Cafrune - España 1972

Reportaje realizado en España para la revista Telva en una visita del guitarrero y cantante argentino allá por el año 1972.

*Las barbas de Cafrune mesadas por españolas

Está rodeado de "fans" cuando llegó. Casi todas esperan que les firme un disco, y lo hace sin prisa mientras charla con ellas. Jorge Cafrune aparece como una persona exótica: alto y ancho, con espesa barba llena de canas y amplios pantalones de gaucho argentino. En la mano tiene una vasija con mate, una especie de té de su tierra, que chupa de vez en cuando. Recuerda a un gran sultán.

Cafrune está en el primer lugar de la lista de "hits" argentina, con la canción "Virgen india". En España sus canciones suben y suben entre la juventud.

Por fin podemos sentarnos a charlar despacio, y sus primeras palabras me sorprenden:

—Pienso quedarme en Europa cinco o seis años —me contesta con su hablar argentino—. Tengo treinta y cuatro años, pues hasta los cuarenta o cuarenta y uno. Quiero traerme acá a la familia, porque ahora estoy la mitad aquí y la mitad allá.

—¿Piensa poner casa en España?

—Mi niña mayor ya va a la escuela; está en el primer grado, y tengo que respetar la organización. Porque el casamiento no es una posesión, sino un convenio de vivencias.

—Y también la mujer necesita serenidad...

—Claro. Mi mujer aún no se entero que es mujer de Jorge Cafrune. No anda detrás de mí ni quiere figurar. Por eso yo le estoy tan agradecido; soy su admirador.

Cafrune tiene tres hijas, y espera otra para estas mismas fechas, por eso le pregunto:

—¿Será niño esta vez?

—No; será niña. Como otras veces le elegí nombre de hombre y me nacieron mujeres, esta vez elegí ya nombre de mujer.

—¿Y cuál va a ser?

—Encarnación. Como la mujer de don Juan Manuel de Rosas, un gran caudillo que tuvimos nosotros: el hacedor de nuestra querida patria. Todos los nombres de mis hijas tienen una significación: Yamila, la heroína de la revolución argentina, vive todavía. Victoria, la mujer del "Chacho" Peñaloza, gran defensor del federalismo. Delfina, la mujer de Pancho Ramírez, otro caudillo nuestro.

—Los Cafrune tienen sangre árabe, ¿verdad?

—Sirio-libanesa.

*Cuánto gana Jorge Cafrune

Es un hombre humano y abierto, que ha llegado a España con la aureola del que canta al pueblo sencillo, por eso le hago una pregunta sobre algo que me ha llamado la atención:

—¿Es cierto que cobró cinco millones por cinco días de actuación en Madrid?

—Esas son tonterías; lo mismo que hablaban allí en Argentina que ganaba sesenta mil dólares. Cosas, inventos de ellos. Yo acá vengo a sembrar: no soy Serrat ni Raphael, vengo a sembrar. Los artistas de América no son como los de Europa.

Y Jorge se enfada, habla fuerte y rápido. Trato de calmarle.

—De todas formas, la persona que trabaja tiene derecho a un salario.

—Perfecto, pero lo que me indigna es que ellos me vengan a poner el precio que ni yo sé, ¡hombre! ¡Tampoco vengo gratis!, le adelanto. Vengo con el ansia de ampliar el panorama de la canción nativa, de trabajar como cualquiera de ustedes, como cualquier cristiano que tiene que trabajar. Y estoy orgulloso y agradecido a la gente de España que me ha recibido tan bien.

—Sus discos son muy conocidos...

—Pienso que entre España y América hay una relación de padres a hijos. Nosotros seguimos unidos a la madre, es innegable. Hay una copla de un autor uruguayo:
"No se puede matar al abuelo
para que viva el nieto."
Siempre hay una relación de vejez y de respeto para quienes fueron nuestros mayores, directa o indirectamente.

—En España hay en la actualidad una corriente de admiración hacia Hispanoamérica: la canción, la literatura...

—Eso me alegra. Lo noto cuando la gente me respeta, me escucha. Eso son signos de relación humana. Pienso que la canción sintetiza al poeta, al creador, a la música, las costumbres, formas, creencias, un montón de cosas.

—Cortázar, Borges... —lo interrumpo.

—Cortázar, Borges, son ya literatos, pero a mí me importa el poeta popular, afirmado en la vivencia de los pueblos. El poeta que pese a su valor, es simple, porque creo que ya estamos en un tiempo de dejarnos de posturas por el solo hecho de que tengamos o no la importancia de cantar, o de escribir, o de componer. No por eso somos gente de otro mundo. Pienso que hay que actuar con naturalidad, hay que dejar de creerse superiores a la gente normal.

*Las letras de sus canciones están en el pueblo argentino

—El divismo aleja de la gente.

—Aleja y en otros crea una aureola que luego se traduce en pesos. Muchas veces uno dice: "Debería ponerme un poco así”, pero no, yo soy como soy!

—De todas formas, habrá alguien que se ocupe de sus negocios.

—Pero el negocio es en relación a la forma de uno. Si yo tomase esto como solamente negocio, hubiera puesto un almacén.

—Antes habíamos quedado en que el trabajo tiene una remuneración.

—Eso es otra cosa. Pero que si tú te agarras la guitarra o la copla para hacer negocio, es un negocio; ahora, que esto después que tú has hecho, después que te han aceptado, te da dinero, ¡pues de acuerdo!

—Tu familia también tiene unos derechos.

—Vivo en un sistema, tengo una familia y soy absolutamente normal a cualquier vivencia, o sea, que necesito plata para vivir. Se sobreentiende. Pero eso es muy distinto a que yo haya agarrado este madero y dejado una carrera universitaria, pensando en cuánta plata voy a ganar con la guitarra.

—Cuéntame un poco cómo fue tu niñez, como empezaste a cantar.

—Habría que explicar primero los paisajes donde nací. Nosotros somos del Norte. La gente canta mucho allá; empezábamos a cantar como a jugar, a vivir.

—¿Qué hacían tus padres?

—Eran agricultores, sembraban tabaco. Soy nacido en un paraje, Perico del Carmen, en el Sunchal. Así es que yo no es que venga de padres ricos, ni de muy pobres: una familia de mediana para abajo, normal. No voy a llorar miserias ni me la voy a alardear.

—¿Cómo se desarrolló tu vida?

—Hice mi escuela primaria en los pueblos. La escuela secundaria en la capital de Jujuy, y ahí fue donde me interesó la guitarra, y empecé a cantar por cantar. Luego ya vino un conjunto y actuaciones. Después decidí andar solo... y agarramos un rumbo de canto que pretendemos que sea firme, hondo; que sea a la vez pueblo, costumbres; con honestidad, ¿sabes? Yo soy sólo cantor, no soy poeta, ni músico, así que sólo soy un vocero de lo que el poeta toma de su pueblo y lo devuelvo en forma de canción.

—¿Tus letras son antiguas o modernas?

—Hay antiguas, modernas, populares.

Mientras hablamos ha cogido la guitarra y rasguea suave, interrumpiéndose constantemente para dar fuerza a una frase o decirla en voz más baja.

—¿Hay letras hechas para ti?

—No, no. Allí los poetas escriben y los cantores eligen o no eligen.

—¿Pero hay, por ejemplo, un grupo de amigos, poetas que compartan las mismas ideas, que traten de traducir ese alma sencilla del pueblo, para que tú puedas cantarla?

—El poeta, el poeta libre, que no tiene compromiso más que con su honestidad, nunca tiene a quién cantarle por deber, solo tiene la concepción de la poesía como obra. Después está en uno saber lo que ha elegido. O sea, que si a mí no me gusta una cosa, no soy capaz de hacérsela gustar a un tercero.

—¿Por qué canta siempre al hombre de campo?

—Porque vengo de ahí, vengo..., pues, de la gente sencilla. Paso toda mi vida cantándole al país, no a la capital del país.

—¿Quieres traer algún mensaje especial con tu canción?

—Sí, traigo un mensaje especial de América, de Argentina: de paisaje, gente que se puede conocer o que se puede entender por medio de la canción. No canto a ningún sector en particular, canto a la gente. Traigo canto de gente para la gente. Ese es el mensaje especial.

*Una herencia para sus hijas: Enseñarles a dar

—¿Cómo vive tu familia en la Argentina?

—Tengo mi casa a noventa kilómetros de la Capital Federal. Una casa de campo, donde vivo con mi patrona y mis hijas. Le decimos patrona a la señora: patrona de la casa. Mis padres están en la provincia de Salta, a mil quinientos kilómetros de la capital, y mi único hermano vive también en el norte.

—Cafrune, ¿Cómo es tu mujer?

—Es como todas las buenas mujeres, superior a mí. Superior a mí en lo que le ha tocado ser en la vida: madre, honesta, comprensiva, respetuosa de su casa, compañera en todos los sentidos. En síntesis, como yo le suelo decir a ella: "¡El fundamento de lo poco que yo soy!". La mujer y los hijos son, en el sumando de todas las vivencias que tiene el hombre, lo más positivo, no digo lo único pero lo más positivo. Cuando la familia va mal, no tienes ninguna tranquilidad y pasa a ser todo un hervidero de cosas.

—¿Porqué tantos artistas fracasan en su vida familiar?

—Lo que sucede es que en esto que se suele llamar artístico, hay dos formas de concebir la vida: el hombre que piensa en la farándula, en la fama, en el brillo, en la creencia de que es un hombre extra normal , y nosotros, que somos del campo, que nos gusta cantar, andar por los pueblos, analizar la vida. Que no tenemos porqué venir a promover divorcios, peleas, conquistas y toda esa cuestión que para mí no tiene ningún sentido. Pienso que uno de los fundamentos de mi canto es tener equilibrio familiar, eso me da base para ser normal acá.

—¿Qué quiere Cafrune para sus hijas?

—Mis niñas... Tiene seis años la mayorcita. Yo quisiera que ellas aprendan a defenderse, a entender a una futura sociedad más justa. Que sepan no hacer diferencias entre la gente, que sean normales, que quieran, que respeten al semejante. Esa es la herencia que les voy a dejar: concepción social del mundo en que viven. Que sean gente bien, no ricos ni pobres, sino buenos. Que sepan dar, que sepan hacerse querer.

*Espectáculo de doma criolla de caballos

Tiene los ojos negros y profundos, y una forma que recuerda la Arabia del Oriente.

—¿Qué espera de España?

—Vengo por cuatro o cinco meses. Mi pretensión de España es ser aceptado. Que les guste el mensaje que traigo. Primero en Madrid, pero como la capital no es toda España, pienso andar más y que me entiendan. Que no me mezclen, que sepan definir lo que es un mensaje americano, un mensaje de gente. Ojalá que pueda salir airoso y me puedan decir: bueno, Cafrune, lo hemos entendido. Ese es el premio mayor y no los cinco millones de cuestiones que dicen por ahí y que ni yo sé. Con la plata faltan valores humanos, por eso yo suelo decir que no soy artista: soy cantor y guitarrero.

—¿Es cierto que quiere traer un espectáculo de doma criolla de caballos?

—¡Ése es mi sueño! Porque me gustan mucho los caballos y yo allá tengo mi espectáculo: jineteada, doma de potros...

—¿En la finca?

—No, rodando por el país. Ojalá podamos traer acá este espectáculo para que conozcan lo que es un hombre de a caballo en Argentina.

—¿Piensa llevar reses bravas a su finca?

—Pensaba hacer un intercambio, pero allá no se permite matar a los animales o hacer una toreada. Sólo pueden ver lo que es un toro de lidia.

*Partidario de Perón

Poco a poco vamos tocando en los temas de la conversación unos temas y otros, y hemos llegado a la política.

—Otra cosa, ¿cómo es el pueblo argentino que le escucha?

—Es un pueblo nuevo. América del Sur se está haciendo, busca su rumbo, su sitio en el mundo, su liberación, la independencia. Ser cada uno: con su sentido, con su aire nacional.

—Quizá en estos países sea más difícil que en otras partes por la extensión de territorio y por la diversidad de razas que se han juntado en ellos...

—Es lo que yo muchas veces digo: el conseguir un sentimiento nacional en un país como el mío va a llevar años, porque no se puede obligar a nadie a querer a nadie. Se quiere por libre. Es un proceso que vendrá con la fusión de las generaciones, hasta que lleguemos a un rumbo en que todos pensemos que una de las principales cosas del hombre es la patria, la tierra, el respeto a sus tradiciones, a sus formas. Pero eso no ocurre por un decreto.

—¿Hasta qué punto ocupa Perón un lugar importante en la política de su país?

—Para hablar de política o de religión se necesita un tiempo amplio, porque no se puede sintetizar: corre uno el peligro de no hacerse entender. Resumiendo, solo puedo decir que mi política es del que haga bien a mi pueblo.

—¿Y cree que Perón hace bien a su pueblo?

—No que hace, ¡que hizo!

*Viste de gaucho desde la escuela primaria

Se nota que es un tema candente para él, pero no tenemos tiempo de extendernos.

—Esa ropa que lleva puesta ¿es sólo para la escena?

—Yo uso esta ropa desde la escuela primaria por el gran amor que les tengo a las gentes del campo. El gaucho es un elemento político-social de un tiempo de nuestra organización nacional. Hoy no hay gauchos. Esta es ropa de montar de la gente del campo del Norte de Argentina. La uso siempre desde que me levanto hasta que me acuesto. Como decía un poeta nuestro:
"Que la ropa envejezca en tu cuerpo."

—¿Quién le enseñó a tocar la guitarra?

—Tuve un maestro, Nicolás Lamadrid, en Jujuy. El me enseñó a poner las manos y de ahí aprendí sólo. Como puede observar, estas no son manos de guitarrista desde niño, son manos de trabajador: fui "barman", clavador de cajones y otras cosas mientras estudiaba el secundario. No le hice ascos a ningún trabajo y no tengo miedo a la vida porque se lo que es.

Así es este hombre de humanidad desbordante, que habla de corazón, interesándose por cada pregunta. Se nota que vive con intensidad y que sabe buscar lo positivo de las cosas y el mejor lado de las situaciones.
Con Jorge Cafrune se podría estar conversando horas y horas, porque tiene muchas cosas que decir.

Emma Clares


Fuente: Ratacruel.galeon.com

miércoles, 9 de abril de 2014

Entrevista a don José Larralde

Entrevista al gran trovador gaucho realizada por dos jóvenes periodistas de Huanguelén, ciudad natal del maestro. En ella expone su particular punto de vista. Imperdible.