Mostrando entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de febrero de 2015

De Héroes y Centauros

     Vemos surcar los llanos, colosales centauros guerreros; enmarcados por un cielo de espesa muchedumbre nubosa tras la cual reposan los espíritus antepasados de la raza, marchan impertérritos frente al destino que se cierne inexorable sobre el rumbo de los hijos de esta tierra. Bravos varones de lanza y espada que siguiendo el tronante rugido del león se dirigen hacia la definitiva consumación de su estirpe, iniciada en el fuego abismal del combate por la gloria trascendente de la misión emancipadora.
        Se sacude este territorio surcado de venas desiertas al galope brioso de corceles que dibujan el sonido del trueno y retumban el poder del rayo que con luz hace arder la consciencia dormida. Despiertan los débiles y temblorosos buscan ocultar la rotunda sujeción al ocio del vicio atenazante que domina sus pasiones; saben que al rugido del león las huestes del estrépito unirán su furor y ya nada detendrá su marcha victoriosa. Marchan, marchan al compás del hierro uranio que ha santificado sus armas y el aliento   exhala el vigoroso rumor de la conquista definitiva.
         A la vista extasiada el centauro semeja un dios tutelar nacido para la guerra: sus ojos hieren con el filo inquisidor de la ancestral sabiduría; varonilmente barbado su nobleza es el destello refulgente del valor atesorado durante siglos de tradición; nada más cierto que su portentosa imagen de inmensurable estatura, erguida siempre hacia lo alto en una verticalidad que restituye elevaciones y desprecia vilezas; y así, el centauro se transforma en arquetipo, en luminosidad combativa, pesadilla del cobarde e ilusión de quienes se agigantan con la vida. Cuando un pueblo pierde el sentido del heroísmo, se transforma en el lobo de sí mismo; y no hay bestia más peligrosa que la que se alimenta de su propia carne. Si se pierde el heroísmo, muere la civilización.
         Vibran las notas del cielo y se estremecen en el clamor de una borrasca irrefrenable; el trote cadencioso se confunde con el susurro insistente de los vientos montañosos y la sombra de los centauros proyecta un paradigmático sesgo legionario que imprime al suelo impronta de bravías tempestades libertadoras. "Ya llegan", anuncia la voz del pueblo, "llegan de la mano del león", y éste agita su melena en rugidos estrepitosos que imponen la señal de la criolla redención.
         En sus manos la espada refulge hierros milenarios dispuestos a cernirse sobre los recursos infernales del ente opresor; relampagueantes destellos de ira sagrada aturden las argucias de la tiranía y caen construcciones ficticias edificadas sobre las arenas del aliento sufrido: pastores que se levantan en armas al sólo conjuro de la equina insurrección, campesinos que despiertan al clamor inevitable de la tierra... ¡Sangran los miembros desgarrados de un sistema agonizante que se resiste a morir! ¡Corren desquiciados sus representantes ante el coro revulsivo de las hordas cimarronas! ¡Celebración, ebriedad, júbilo al paso de los centauros, guardianes de la raza! ...y ya el león se retira a descansar...
         Desde tiempos pretéritos nos llega el eco atronador de estos jinetes inexorables surcando los llanos, enfundados en estandartes de justicia y verdad, recorriendo distancias inauditas para acallar la necesidad de los hijos del suelo vapuleados por la insatisfacción presurosa de lobunos detentores del poder. Los evocamos con el derecho que nos permite el arquetipo y los hacemos presentes para que el numen de su gloria gaucha nos asista en nuestra batalla presente.
***
          La narración épica, el cantar de las gestas heroicas, representan la vitalidad de una raza que se erige por sobre las incesantes transformaciones de la historia, y esa vitalidad habla de espíritus consumados, poderosos e imponentes. El heroísmo supone la eclosión de las virtudes más nobles puestas en acción sobre los campos de batalla de la vida. De aquí que el hombre genuinamente espiritual sea inherentemente guerrero, resultante de combates tanto interiores como exteriores, ya que lo que se vivencia profundamente, como elevación sobre las características mediocres de su humanidad animal, debe trasladarse necesariamente al exterior en el combate contra las entidades inferiores, representantes de la maldad, que deben ser superadas, eliminadas y echadas al olvido. Todo esto es puesto en marcha por la infinitamente sublime voluntad de justicia y libertad que moviliza a los auténticos héroes. La cobardía ha sido siempre una característica de espíritus débiles, dolientes, que hallan un oscuro placer en el sufrimiento y la humillación. El cobarde jamás ha sido fundamento para la afirmación de ninguna raza ni pueblo, sino para la más trágica decadencia, cadalso de civilizaciones hundidas en la tensión plebeya de la mundanidad más vulgar en la que se adoran dioses falsos estaqueados que reflejan la sufrida pasión de una muerte consentida que el guerrero jamás acepta pues él es eternidad y vida conseguidas a hierro liberador.
           Bajo el sol que preside el manto empíreo, las dualidades inherentes a la existencia han configurado los matices luminosos y tenebrosos que representan los pasos de la humanidad sobre este mundo con rumbo al más allá, apoteosis de elevación o lamentos de degradación. Bien y mal, verdad y falsedad, belleza y fealdad, se han erigido como valores fundacionales con  que los hombres han plasmado su historia en la tela siempre única de la leyenda universal. Y le son perfectamente naturales; de aquí que gracias a esas dualidades de valor el ser humano pueda expansionarse, crecer, evolucionar hacia su forma superior, superando los términos negativos, siendo fluido e inexorable en los positivos como lava volcánica que brota ardiente y espesa de la cima volcánica, dispuesta a devorar las miasmas que la tierra ya considera parasitarias e inservibles: así el hombre triunfa sobre el mal, lo falso y la fealdad de sí mismo; así el hombre reproduce la gloria heroica de su condición divina. Por esto que la guerra forme parte de su más sana y sublime naturaleza; sin ella nada lograría condenado al estado larvario de la pre-existencia o a la quietud vaciante de una muerte espiritual en vida.
           El Soberano de los mundos, Creador y Sustentador de los cielos y la tierra, se define a Sí mismo como Señor de los ejércitos, y Él posee el poder arrasador del trueno y la tempestad, como también los Jardines de la eternidad para Sus más encumbrados mártires, símbolos eminentes de una vida entregada voluntariamente al combate, a la guerra, a la consciencia épica sin la cual la humanidad es entregada pasivamente a la esclavitud y la ceguera, al anquilosamiento del alma que busca su libertad tras el escudo y la espada. El héroe transfiere su fuerza devocional al dios que se agita en su interior, al que contempla en la poderosa e inextinguible marea que quiebra los océanos y que traduce la belleza de los montes que rozan los cielos, encumbrados reflejos de su más profunda y noble intención; el dios del héroe es Justo y Verdadero en tanto él es una imagen suya por recuperar y exaltar en los altares de la vida que se agiganta en sus venas y en las venas del mundo; el dios del héroe le ha revelado la extensión de su valentía y le ha mostrado la monstruosidad de aquello que en él debe combatir y superar, y para realizarlo le ha dado armas forjadas en las alturas sagradas donde asienta su Trono de Majestad; el héroe posee un dios que sabe cantar y bailar cuando la alegría desata sus pájaros más elocuentes, y que sabe destruir cuando la corrupción así lo requiere; el dios del héroe es el dios del cuervo y de la paloma, del águila y del buitre, del lobo y del león, de la vida y la muerte, y en ellos ha puesto una señal distintiva para que el héroe reconozca el color original y con sabiduría conduzca su corcel hacia la consumación final. El dios del héroe no sufre ahogado en su sangre empalado por los pecados del mundo, porque el dios del héroe se goza en la fuerza que se impone sobre lo vil y es furia desatada sobre la consciencia del cobarde que teme al relámpago y al ruido del metal cuando chocan las espadas: el dios del héroe hace la guerra con él y es la belleza de un nuevo amanecer tras la victoria definitiva.

     

viernes, 26 de septiembre de 2014

Peregrinación y Sacrificio de los Musulmanes del Mundo

Esta semana es el Hajj — la Peregrinación a la Meca — que todo musulmán debe realizar al menos una vez. El destino exacto es Baitul Allah, la Casa de Allah, conocida como la "Kaaba," que el Profeta Ibrahim [Abraham], la paz sea con él, construyó con su hijo Ismail como un acto de adoración al Dios Único.

La Kaaba se encuentra cerca a la fuente que el Arcángel Jibril (Gabriel) abrió años antes para la madre de Ismail, Hajar, en el desierto árabe, cuando corría entre dos pequeños montes buscando desesperadamente agua para su pequeño hijo. Desde tiempos antiguos, los peregrinos habían viajado a la Kaaba. Con el tiempo, la adoración de ídolos se enraizó entre las tribus árabes así como en las actividades del Hajj. Fue el Profeta Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él, quien restauró el monoteísmo a la tierra y puso énfasis en la intención religiosa tras la realización del peregrinaje.

Cada año, un océano de creyentes circula alrededor de la Kaaba, siguiendo las huellas del Profeta Ibrahim y del Profeta Muhammad. Representan nuevamente la carrera de Hajar y se refrescan a sí mismos con las aguas de Zam Zam, la fuente que aún hoy sigue manando. En el último día del Hajj, se desplazan unas cuantas millas a la llanura de Arafat y el sonido de sus súplicas es un anticipo del Día del Juicio.

Los cuatro días de celebración de Id comienzan el siguiente día. Toda familia musulmana que posea los medios suficientes debe sacrificar un animal por causa de Allah. Lo que nos hace recordar la voluntad activa del Profeta Ibrahim de sacrificar a su hijo mayor, Ismail, cuando Allah se lo ordenó. Y nos recuerda la misericordia de Allah cuando Ismail fue salvado del puñal.

El episodio demuestra dos niveles de Islam (sumisión): uno en el cual el padre sometió su voluntad a la de su Señor, llevando a cabo de manera obediente todos los pasos necesarios para sacrificar a su hijo, sin objeción. El otro nivel lo muestra Ismail, quien se sometió con calma al cuchillo en las manos de su padre, aceptando que su padre actuaba de acuerdo a la voluntad de Allah, al punto de decirle a su padre con toda conciencia que volviera su rostro hacia abajo, de modo que no Ibrahim tenga que ver el rostro de su hijo. Allah los recompensó por su estricta obediencia remplazando al niño con un carnero, y dio fin así para siempre a la práctica del sacrificio humano como acto de adoración.

En un sacrificio realizado de manera propia (kurban), se alimenta, se proporciona agua y se trata al animal con amabilidad. Una aproximación calmada, en oración y hábil asegura el mínimo de temor y dolor al animal, de manera que se someta a su rol tal como lo hizo Ismail. El kurban ofrece una conmovedora y poderosa experiencia acerca de la naturaleza frágil y temporal de esta vida para los creyentes que lo atestiguan. Las familias y los amigos se visitan entre sí para compartir la carne del kurban. Una tercera parte de la carne de cualquier animal sacrificado se da a los pobres.

El Profeta Ibrahim era muy rico. Las montañas se poblaban de blanco con sus numerosas ovejas y tenía a numerosos pastores que trabajaban para él. Era conocido como el “Amigo de Allah”(Khalil-ullah). Jibril sintió curiosidad por saber por qué Allah favoreció tanto a Ibrahim. De modo que fue a verle disfrazado de un hombre. El Profeta Ibrahim sacrificó una oveja y preparó una comida para el extranjero. Antes de comer, Jibril ofreció un zikir (una alabanza a Allah) que Ibrahim jamás antes había escuchado.

Totalmente impresionado y en gratitud al escuchar que el extranjero había alabado a su Señor de manera tan bella, y por su generosidad sin límites, Ibrahim le dio todas sus ovejas al extranjero y le pidió que repitiera el zikir. Cuando Jibril así lo hizo, Ibrahim se ofreció inmediatamente a sí mismo y a todos sus pastores como siervos de su huésped. Así Jibril comprendió que el Profeta Ibrahim era Khalil-ullah, porque vivía única y literalmente sólo para Allah. Jibril le dijo entonces a Ibrahim cuál era su verdadera identidad angélica y declinó aceptar las ovejas. Ibrahim por su parte le dijo: “Una vez que doy algo por Allah, no lo tomo de nuevo”.

De modo que Jibril trasladó las ovejas detrás de la Montaña de Qaf (una montaña secreta y escondida), donde permanecerán hasta el regreso de Isa (Jesús). Jesús y Sayyidina Mahdi, uno de los descendientes del Profeta Muhammad (saaws), traerán justicia y paz al mundo. Las ovejas serán sacrificadas y los creyentes celebrarán con Isa y el Mahdi.

Ibrahim fue el padre de dos líneas proféticas. Se dice que miles de profetas fueron enviados a los Bani Israel (los hijos de Israel) a través de la descendencia de Isaac, el otro hijo de Ibrahim. Algunos de ellos son: los Profetas Yakub (Jacob), Musa (Moisés), Dawud (David), Suleiman (Salomón) e Isa.
Del linaje de Ismail vino el Profeta Shuaib, el suegro del Profeta Moisés. El Profeta Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él, es asimismo un descendiente directo del Profeta Ibrahim a través de la línea de Ismail ... al-Fatiha.


[Nota de nuestro Maestro Sheykh Abdul Kerim al-Kibrisi publicada en el periódico Daily Star, de Oneonta, Nueva York, el 31 de enero de 2004] 

domingo, 22 de junio de 2014

El Origen Andaluz de la Payada Argentina

La cultura siempre ha sido la manifestación de un espíritu activo que expresa su irradiación sirviéndose de las herramientas naturales que el entorno le dispone. Para un pueblo determinado esa manifestación espiritual equivale a una identidad tradicional distintiva con la que se distingue de los demás. La cultura es, por lo tanto, el resultado propio de un genio étnico regional que retrata lo autóctono, el color singular que representa un sentir y un ser diferencial, original y que se perpetuará a través de los tiempos con el impulso que le confiere su cualidad de universalidad. Nuestra tradición argentina en gran medida viene representada por la cultura campera, y todo aquello que desde ella ha germinado como expresión de un espíritu o de un genio étnico particular: música, poesía, costumbres, etc. El gaucho, el paisano, como modelos de esta tradición, fueron -y son- los encargados de difundir y preservar nuestra cultura vernácula desde los albores mismos de la constitución de la patria argentina.

El gaucho, el hombre de la extensión infinita que se conoce como pampa, fue en sus orígenes un hijo libre de la llanura que a caballo recorría las distancias sin más horizonte que el de su dichosa libertad. Se había forjado fama de cantor errante pues poseía la virtud innata del alma musical, heredada de sus antepasados peninsulares. La guitarra, símbolo visible de aquella valiosa herencia, era, junto a su caballo, las prendas infaltables que reunía como única riqueza con la que cubrir su necesidad. Y con eso le bastaba. Se dedicó a la caza del ganado cimarrón, fue arriero, baquiano, y más tarde, con la llegada del alambrado limitador, fue peón de hacienda, domador, esquilero, y demás faenas del campo. Y lo más importante, aquello que definió un tipo cultural que arraigó y sirvió de instrumento para la obra cumbre de nuestra literatura proverbial representada por el Martín Fierro: fue payador, costumbre también de herencia peninsular que aquí halló un nuevo color, original y distintivo, signo indudable de identidad y tradición.

Cuando se indaga sobre el origen de la payada y el payador, nuestros representantes culturales en primera instancia suelen aludir como antecedente a los trovadores provenzales, juglares medievales que llevaban una vida ambulante y recitaban versos improvisados de diversa índole, tratando desde temas de amor hasta diatribas políticas. Sin embargo, luego de algunas pesquisas que hemos llevado a cabo encontramos que su procedencia data de un origen muy diferente y que nos remite directamente a la España musulmana.

Los musulmanes entran a la Península Ibérica hacia el año 711 de la era cristiana forjando una de las culturas islámicas más florecientes por aquel entonces: el emirato de Al-Ándalus. Este emirato caería definitivamente en manos de los reyes católicos en el año 1492. Sin embargo los musulmanes transmitirían pautas culturales que encontrarían arraigo en los no-musulmanes, quienes las asimilarían a su acervo y las harían propias. Por ejemplo, el poeta Ezra Pound, en su Canto VIII, en referencia a la canción de un trovador, nos dice que Guillermo de Poitiers (noble francés, noveno duque de Aquitania, séptimo conde de Poitiers y primero de los trovadores en lengua provenzal del que se tiene noticia, 1071-1126) "había traído la canción de España, con sus cantantes y sus velos...", estableciendo un origen moro para la poesía lírica medieval popularizada por los trovadores. El erudito Evariste Lévi-Provençal (1894-1956), en sus estudios ha encontrado cuatro versos arabo-hispanos completos recopilados en un manuscrito del mismo Guillermo de Aquitania. Según fuentes históricas, el padre de Guillermo había hecho llevar a Poitiers centenares de prisioneros musulmanes luego de los combates por la “reconquista” católica de España. Guillermo, impulsor de la tradición trovadoresca, habría heredado su sensibilidad, e incluso su temática, de la poesía andalusí. Esta hipótesis fue apoyada a comienzos del siglo XX por Ramón Menéndez Pidal, aunque su origen se remonta al Cinquecento (periodo artístico del Renacimiento europeo correspondiente al siglo XVI) de parte de Giammaria Barbieri (filólogo italiano muerto en 1575) y Juan Andrés y Morell (1740-1817, sacerdote jesuita, humanista cristiano y crítico literario español de la Ilustración). Meg Bogin, traductor al inglés del Trobairitz (trova occitana de los siglos XII y XIII), también apoya esta hipótesis. Otra de las influencias recibidas por los trovadores desde los hispanomusulnanes fue la introducción en Francia desde el siglo XI, y luego al resto de Europa, de un gran número de instrumentos musicales, por ejemplo: las palabras laúd, rabel, guitarra y órgano, derivan de los originales árabes 'oud, rabab, qitara y urghun. Así también una teoría propuesta por Meninski en su 'Thesaurus Linguarum Orientalum' (1680) y luego por Alexandre de Laborde en su 'Essai sur la Musique Ancienne et Moderne' (1780), sugiere que los orígenes de las notas del solfeo también provienen de una raíz árabe. Esta teoría sostiene que las sílabas del solfeo (do, re, mi, fa, sol, la, si) habrían derivado de las sílabas del sistema árabe de solmización llamado 'Durr-i Mufassal' (Perlas separadas): dal, ra, mim, fa, sad, lam, shim.

De igual modo consideramos que si bien la payada encuentra un antecedente en los cantos de los trovadores provenzales, quienes a su vez lo recibieron de los cantores poetas andaluces, ésta se encuentra íntimamente relacionada en su forma y estilo con el repentismo y el trovo de la cultura hispanomusulmana. Debemos aclarar que esta influencia netamente andalusí llega al Río de la Plata de mano de los exiliados moriscos que arribaron a estas costas americanas de manera clandestina, eludiendo los controles o integrando las filas de los ejércitos españoles. Y por esto mismo debemos ser categóricos al diferenciar la influencia que ejerció en nuestro suelo argentino el color español-europeo del color morisco-andalusí. Este último, si bien forzado por la Inquisición a una conversión al cristianismo y a una cancelación jurídica de la comunidad islámica, conservó marcadas pautas del acervo cultural musulmán que se plasmaron con libertad en los llanos pampeanos de mano de su vástago directo: el gaucho y la cultura gauchesca. La payada es una de esas pautas que aquí arraigaron y se transformaron en parte formativa de la tradición autóctona.

Ahora bien, retomando nuestro estudio: el repentismo es un canto de improvisación que toma el tenor de 'discusión dialéctica' entre dos trovadores y que responde a un patrón determinado que ha estado presente en un gran número de culturas, sobre todo en la historia del Mediterráneo Musulmán.

En el ámbito árabe-musulmán, la improvisación es un arte arraigado desde el siglo VIII. La costumbre de improvisar 'sobre pie forzado' aparece en multitud de textos de la cultura islámica (p.ej. Las Mil y Una Noches), generándose incluso todo un sistema de juegos poéticos basados en la repentización, como señala Bencheikh en ‘Poetíque arabe’, Ed. Gallimard, París 1989, pg. 73. El 'pie forzado' es un verso octosílabo que se impone a un poeta-cantor improvisador para que construya un poema improvisado cuyo último verso debe ser obligatoriamente el forzado[1]. El Arte de la poesía improvisada, en forma de duelo entre dos poetas, está suficientemente acreditada en Al-Ándalus (Cf. Del Campo Tejedor, Alberto: ‘Trovadores de repente’, Centro de Cultura Tradicional Ángel Carril, Salamanca, 2006).

Del repentismo surge el Trovo, forma musical tradicional de la comarca de La Alpujarra, región histórica de Andalucía que comprende Granada y Almería, así como de otras zonas del sureste español, y que consiste en la improvisación de 'poesía dialogada' sobre una base musical folclórica. A partir de 1492, y especialmente tras la rebelión de los moriscos liderados por Muhammad ibn Umayya (en 1568-1570), la Alpujarra sufre un proceso de feroz despoblación a manos de la inquisición católica. En este largo período de casi un siglo, los moriscos alpujerraños mantuvieron sus tradiciones músico-poéticas y sus bailes (como la zambra).

El escritor y escribano Emilio Pedro Corbiére (1886-1946) nos dice: "Este gusto a payador o cantor, creación árabe, que es la primitiva sangre de los andaluces, vino importado con los conquistadores a América, y de aquéllos se han copiado muchos de sus objetos de uso, como los frenos y las riendas de cuero trenzado. Es árabe el estilo de sus canciones pesadas, monótonas, quejumbrosas como lamentos, siempre en el mismo tono, y que los nativos denominaron 'tristes'" ('El Gaucho. Desde su origen hasta nuestros días', Editorial Renacimiento, Sevilla, 1998, pág. 206)

En este contexto, son altamente significativas las declaraciones del cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa (1903-1969): "La milonga es rioplatense... Se trata de un ritmo que recibe influencias afro y, por cierto, también proviene, como una buena parte del folclore nuestro, del folclore del sur de Andalucía, del sur de España, del folclore andaluz". (Entrevista que se le realizó en España por el periodista José Luis Izaguirre, para Radio Peninsular en diciembre de 1976).

El ya citado Lugones escribe: “Precisamente los trovadores del desierto habían sido los primeros agentes de la cultura islámica, constituyendo en sus justas en verso, la reunión inicial de las tribus que Mahoma, un poeta del mismo género, confederó después (el autor habla del Profeta Muhammad como ‘poeta’ remitiéndose al Sagrado Qur’an, libro revelado que Muhammad se encargó de transmitir y cuya particularidad es el verso, ya que en el momento se dirigía a un pueblo de eminentes poetas para quienes la palabra tenía un influjo particularmente especial). Así se explica que para muchos gauchos, en quienes la sangre arábiga del español predominó, como he dicho, por hallarse en condiciones tan parecidas a las del medio ancestral  (el desierto árabe, la pampa argentina), tuviera el género tanta importancia (…) ¡Quién habría dicho al conquistador que con la guitarra introducía el más precioso elemento de civilización, puesto que ella iba a diferenciarnos del salvaje, el espíritu imperecedero! Dulce vihuela gaucha que ha vinculado a nuestros pastores… con la rediviva dulcedumbre de las qassidas arábigas cuyos contrapuntos al son del laúd antepasado y de la guzla monocorde como el llanto, iniciaron entre los ismaelitas del arenal la civilización musulmana: el alma argentina ensayó sus alas y su canto de pájaro silvestre en tu madero sonoro, y prolongó su sensibilidad por los nervios de tu cordaje, con cantos donde sintiose original, que es decir, animada por una vida propia. (El Payador, págs. 61-62)

Acerca del numen artístico del gaucho, el sociólogo y jurista argentino Carlos Octavio Bunge (1875-1918) dice:

"Poseía un espíritu contemplativo y religioso. Falto de escuelas, su filosofía era simple ciencia de la vida formulada en abundantes sentencias y refranes. (...)

Trovador de abolengo, habíase traído de Andalucía la guitarra, confidente de sus amores y estímulo de sus donaires. Sentado sobre un cráneo de potro o de vaca, bajo el alero del rancho o bien sobre las salientes raíces de un ombú, tañía las armónicas cuerdas para acompañar sus canciones dolientes o chispeantes, a cuyo ritmo bailaban los jóvenes. De este modo se unían en una sola manifestación, como en las culturas primitivas, las tres artes: danza, música y poesía. En la danza alternaban movimientos graciosos, casi solemnes, y alegres zapateos. En la música -cielitos, vidalitas, tristes, a veces no sin marcado sabor morisco-, recordaba las melodías populares de la bendita tierra de los claveles y las castañuelas. (...)

Era fértil en imágenes como los poetas orientales; casi no se expresaba más que con metáforas y en estilo figurado. Fácil lirismo tenía en el fondo del alma y el chascarrillo a flor de piel. Prolongaba inmensamente notas trémulas, vibrantes, cálidas, que se dirían nacidas, más que humano pecho, de las entrañas mismas de la Pampa, como por evocación divina." (Fragmentos del discurso pronunciado en la Academia de Filosofía y Letras, 1913)

Si bien la payada hoy en día en nuestro territorio -y hace ya un siglo- se desarrolla sobre ritmo de milonga, es sabido que originalmente los gauchos improvisaban sobre ritmo de cifra. Uno de los grandes intérpretes de música surera -la música de tradición campera que mejor ha sabido mantener el color de la estirpe gaucha-, don Argentino Luna, en una entrevista realizada por el músico Chango Spasiuk para el Canal Encuentro, decía que la cifra tenía un claro origen en el flamenco andalusí. Ahora bien, el escritor andalucista Blas Infante (1885-1936) sostiene que el término 'flamenco' proviene de la expresión árabe 'fellah min ghair ard', que significa 'campesino sin tierra'. Asimismo dice que muchos moriscos se integraron en las comunidades gitanas y supone que desde ese caldo de cultivo surgió el cante flamenco, como manifestación del dolor que ese pueblo sentía por la aniquilación de su cultura (cf. Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, 1929-1931). En su obra 'El Ideal andaluz' escribe: "(,..) estos moriscos, estos andaluces fieramente perseguidos, refugiados en las cuevas, lanzados por su sociedad española, encuentran en el territorio andaluz un medio de legalizar, por decirlo así, su existencia, evitando la muerte o la expulsión. Unas bandas errantes, perseguidas con saña, pero sobre las cuales no pesa el anatema de la expulsión y la muerte, vagan ahora de lugar en lugar y constituyen comunidades organizadas por caudillos, y abiertas a todo peregrino (...) Basta cumplir un rito de iniciación para ingresar en ellos. Son los gitanos (...) Hubo, pues, (el morisco) de acogerse a ellos. A bandadas ingresaban aquellos andaluces, los últimos descendientes de los hombres venidos de las culturas más bellas del mundo, ahora labradores huidos. ¿Comprendéis ahora por qué los gitanos de Andalucía constituyen, en decir de los escritores, el pueblo gitano más numeroso de la tierra? ¿Comprendéis por qué el nombre flamenco no se ha usado en la literatura española hasta el siglo XIX, y por qué existiendo no trascendió el uso general? Un nominador arábigo tenía que ser perseguido al llegar a denunciar al grupo de hombres, heterodoxos a la ley del estado, que con ese nombre se amparaban. Comienza entonces la elaboración del flamenco por los andaluces desterrados o huidos en los montes de África y España" (págs. 107-108). El Padre García Barroso también considera que el origen de la palabra flamenco puede estar en la expresión árabe usada en Marruecos 'fellahmengu', que significa 'los cantos de los campesinos' (cf. La música hispanomusulmana en Marruecos, Larache, 1941). Asimismo, Luis Antonio de Vega aporta las expresiones 'felahikum' y 'felahenkum', con en el mismo significado (cf. El origen del flamenco. El baile de los pájaros que se acompañan en sus trinos).

Con estos breves apuntes hemos querido sumar información sobre la indudable influencia que la cultura hispanomusulmana ha tenido en la forja de nuestra identidad tradicional argentina. Por esto, y en tanto que musulmanes argentinos, es nuestro deber conocer, respetar y amar nuestras señas culturales distintivas para así poder sanamente desarrollar nuestro espíritu en el marco de una experiencia islámica espontánea y natural.



[1] Así encontramos en un cantautor argentino contemporáneo, el gaucho y payador surero Alberto Merlo (1931-2012), una payada titulada ‘De pie forzado’, en la cual expone excelentemente este género de interpretación (en el disco ‘Paisano’).

sábado, 19 de abril de 2014

La pervivencia del Gaucho

"Martín Fierro es lo invariante, lo permanente de un sino regional, estructural, social. No solamente vive todavía... sino que vivirá mientras esa matriz siga gestando hijos con todas las sustancias de su ser" (Martínez Estrada, E. Muerte y transfiguración de Martín Fierro, p. 75)

"...nosotros, argentinos, poseemos un mito gaucho como expresión de un estilo biológico y anímico siempre capaz de nueva vida a través de sucesivos avatares y transformaciones" (Astrada, C. El mito gaucho, p. 65-66)

En gran medida la tradición gaucha ha pervivido gracias al mantenimiento que ha hecho de ella un gran sector de la capa popular asociado indudablemente al sector rural de nuestro país. Y es que mientras que las grandes ciudades y poblaciones se han caracterizado por priorizar en sus habitantes una visión global reducida a los mandatos de ismos que han configurado una mentalidad particular acorde a los movimientos que en el mundo se gestaron en nombre del desarrollo material y la civilización industrial: pragmatismo, positivismo y capitalismo, el hombre de campo es quien con naturalidad ha guardado las costumbres propias que redescubren nuestra originalidad. Las ciudades, sumidas en el ritmo desenfrenado de la dualidad omnipresente de producción-consumo, han determinado una clase de ser humano desarraigado de la tradición y sujeto al arbitrio del cambio incesante que supone la moda. La tradición se define por su singular estatismo en el que la persona -y su espíritu, no necesitan más que amoldarse a ciertos patrones universales que se corresponden con el hondo significado de un ser en el mundo distintivo y original. La moda, es decir, el tratamiento al que se ve sujeto el citadino, es un flujo de permanente cambio que redunda en la más obsoleta efimeridad y que restringe al hombre a los límites de ser meramente un reflejo de aquello que compra y consume (sean distracciones, vestimenta, alimentos, artefactos y demás desnaturalizaciones). Por esto es que la tradición -nuestra tradición, la que define nuestro ser en el mundo dentro de patrones universales- ha mantenido viva su llama esperanzadora dentro de los sectores populares de extracción rural: el campesino, el labrador, la persona más vinculada con el terruño, es la que encuentra una profunda definición de sí misma en aquello que las posibilidades de la tierra le brinda en su cotidiana labor. Estamos hablando de una conexión íntima, espiritual, con el entorno que hace a las personas partícipes activos del rumor que la tradición convierte en eclosión de vida para los vástagos del suelo, quienes conscientes de formar parte del inmenso plan de Dios, viven el tiempo con la calma y la plenitud propias a quien cuida y ennoblece sus raíces y sabiduría. Por esto que las masas rurales -sobre todo aquellas que no se han visto influidas directamente por el elemento foráneo llegado con la inmigración, en cierto sentido reproduzcan el ejemplo conductual del gaucho de antaño -en su vestimenta, en su cultura, en su eticidad.

El gaucho siempre ha estado asociado, sobre todo en su época clásica, a un modo de vida que guarda una íntima relación de hermandad con aquel que han llevado desde tiempos inmemoriales las tribus nómadas que han transitado las estepas y desiertos del mundo oriental. Profundamente enraizadas en códigos de conducta que priorizaban la lealtad, el honor, la valentía, la frugalidad, la generosidad y el estoicismo, las civilizaciones nómadas fueron las encargadas de atesorar desde los tiempos antiguos las tradiciones fundamentales que han sido las encargadas de marcar los rumbos para la humanidad. Toda civilización vinculada al nomadismo ha estado relacionada indisolublemente al pastoreo, vocación propia a la estirpe desde que el ganado animal es móvil como el mismo estilo de vida llevado por ella. Nómada era el hombre original, libre, desapegado, mas con el hondo sentir de la tierra y la espiritualidad más profunda abierta a los infinitos espacios exteriores e interiores -de aquí que los grandes profetas de la humanidad hayan sido pastores, y en su generalidad, nómades. El gaucho fue el herdero de estos modos vivenciales, y su emergencia en la historia del mundo no nos parece para nada fortuita. Tal vez sin saberlo, el gaucho fue germinado en esta tierra nuestra para constituirse en modelo de la tradición, en modelo de esos patrones universales que todo hombre necesita para conocer su ser en el mundo y vivir de acuerdo a él, que es decir de acuerdo a la tradición legada por sus antepasados. De aquí que el gaucho, si bien creyente profundo, por no decir místico, no haya sido una persona religiosa, es decir, sujeta a dogmas o catequismos. El gaucho poseía una espiritualidad auténtica que se correspondía con su experiencia de la libertad, con su hondo sentir de la pampa abierta como espacio infinito: para él, Dios, era el mismo sentido de libertad y honradez que hacía de él una persona íntegra y de bien; y ese sentido de la libertad hacía que su alma fuese plétora de música y poesía, que es decir anhelo del más allá, de la trascendencia propia que confiere un sentido vertical a los seres humanos. Todo esto el gaucho lo llevaba como entidad madre desde su ascendencia morisca, remontando su linaje a la civilización forjada por los hijos de Ismael, el Islam, tradición de nuestros antepasados orientales que tuvo un maravilloso florecer en la España medieval. Todo en el gaucho es oriental -sus vestimentas, hábitos, creencias-, lo que lo diferencia netamente del elemento típicamente español -europeo- que predominó sobre ciertas clases dirigentes 'cultas' que hubo en la Argentina como resabios del virreinato colonizador. Y oriental es, por propia definición, toda auténtica tradición, como tampoco podemos negar el hecho de que en parte la emergencia del gaucho también fue debida gracias al elemento aborigen con quien el morisco se mestizó. Y no vemos contradicción alguna: los registros históricos nos muestran una gran mestización de moriscos con mujeres sobre todo guaraníes, etnia asociada también al nomadismo y a una particular visión religiosa que los vincula a lo que hemos llamado 'tradición oriental', visión que les procuraba un modo existencial muy particular, divergente del español aunque cercano al morisco. Ocuparnos de la visión religiosa guaraní excedería este humilde artículo, por lo que Dios mediante será un tema a tratar a futuro.

Si bien el gaucho vio mermada su libertad debido a que la tierra donde acostumbraba realizar sus vaquerías progresivamente fue convirtiéndose en propiedad privada y su presencia comenzó a verse como un estorbo para los proyectos político-liberales de los dirigentes del país, poco a poco, a medida que sedentarizaba su existencia, fue relacionándose con los trabajos rurales para los que tenía una inmejorable experiencia. Así, la tradición gaucha pasó a manos del campesinado. Y si bien fue reducido hasta casi su desaparición, el gaucho ha encontrado feliz supervivencia en las costumbres camperas y en el folcore nuestro de mano de serios cantores y guitarreros que han hecho del arte un instrumento para la criolla consciencia y su transmisión.

Considerando así el asunto, ante la desmedida uniformidad que se impone desde los sistemas de dominación cultural, se nos hace necesario revalorizar y rescatar el ejemplo del gaucho de antaño, su hermosa tradición, y hacerla vívida en nuestra rutina cotidiana, ya que, insistimos, no ha sido casual su emergencia como signo distintivo de identidad tradicional: ha sido el fruto de un movimiento sagrado encargado de traer hacia estos lados la brillante iridiscencia de un modo vivencial que remite al ser humano a su naturaleza primordial. Allí se conservan nuestros ejemplos decidores y desde allí debemos nutrir nuestra voluntad de hombres libres y soberanos ante Dios.

Nota final: También debemos anotar, por fuerza de ser sinceros, que nuestra tradición se encuentra plasmada de modo representativo en los versos del Martín Fierro; y es que a nuestro entender el poema es una historia de redención gaucha que guarda nuestro descubrimiento como hombres en el mundo y nuestra consumación  como pueblo que busca y anhela la emancipación de todo aquello que injustamente lo oprime. Martín Fierro vive una Edad de Oro, desciende a los infiernos y regresa cumpliendo con los mandatos que constituyen en definitiva su más íntima trascendencia. Es el camino que toda persona debe transitar para lograr cumplir con su significado inherente: Martín Fierro es un reflejo de nuestro ser en el mundo, del descenso y la apoteosis de las posibilidades concretadas que todo hombre guarda en sí mismo. El inmenso mérito del poema es que el héroe -aquel que todos deberíamos ser ante los ojos de Dios- es un hijo de esta tierra, lo que involucra a nuestro ser nacional con el ser universal, vinculándolos en una relación de reciprocidad que confiere eternidad al significado de sus versos. El gaucho sosegado, laborioso y familiero es llevado a matrerear como insurgencia frente a las injusticias que se ciernen sobre él y concluye siendo un anciano sabio que aconseja a sus hijos en el camino de la rectitud. Este último Martín Fierro es el que nos debe servir de modelo de conducta para evitar todo aquello que a él lo ha conducido a errar y que puede sucedernos como seres humanos en cualquier momento.

Por esto que la pervivencia del gaucho se encuentra en cada uno de nosotros: primero, como seres humanos, luego, como argentinos. Redescubrirla facilitará nuestro sentido de pertenencia dentro de la existencia y nos llevará, Dios mediante, al redescubrimiento de nosotros mismos.

sábado, 3 de agosto de 2013

Árabes y Gauchos en el proyecto liberal de Domingo F. Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento, en su obra clásica 'Facundo', la cual originalmente fue escrita como una denuncia desde la óptica liberal al régimen tradicional de don Juan Manuel de Rosas, establece asombrosos -si bien despectivos- paralelos entre la vida de campaña del beduino y el gaucho. No está demás aclarar que, al establecer estos paralelos, Sarmiento tiene en mente a los habitantes seminómadas del Norte de África (de Argelia más precisamente), que en su mayoría eran de origen bereber, quienes suponían una evidente contracara para los intereses civilizadores (colonialistas) de la Francia de entonces. Sarmiento no duda en trasplantar a nuestra pampa la imagen del beduino, que transformado aquí en gaucho es el obstáculo que deberá ser superado para implantar el proyecto liberal y civilizador que el prócer europeizante ha concebido para la Argentina. Sin embargo debe quedar claro que el paralelo de Sarmiento no es ideal o imaginario: sus viajes al África dejarán testimonio de las indudables semejanzas entre musulmanes y gauchos esbozadas en un primer momento en su Facundo.

Escribe Sarmiento:
"La vida pastoril nos vuelve impensadamente a traer a la imaginación el recuerdo de Asia, cuyas llanuras nos imaginamos siempre cubiertas aquí y allá de las tiendas del calmuco, del cosaco, o del árabe. La vida primitiva de los pueblos, la vida eminentemente bárbara y estacionaria, la vida de Abraham, que es la del beduino de hoy, asoma en los campos argentinos aunque modificada por la civilización de un modo estraño" (cit. Verdevoye 693).
"Las hordas beduinas que hoy importunan con sus algaradas y depredaciones las fronteras de Argelia, dan una idea exacta de la montonera argentina... La misma lucha de civilización y barbarie, de la ciudad y el desierto existe hoy en Africa; los mismos personajes, el mismo espíritu, la misma estrategia indisciplinada entre la horda y la montonera" (Facundo, cit. Verdevoye 694).

Ahora bien, en sus Viajes en Europa, África y América (1847) el paralelismo se acentúa profundamente tras una visión aún más concreta de los acontecimientos en el Norte de África que le sirven de ejemplo para su tarea en la Argentina. En su ensayo 'Beduinos en la Pampa: El espejo oriental de Sarmiento', Isabel de Sena apunta que la carta que Sarmiento escribe de Argelia es una apología del colonialismo francés. Haciendo un análisis de las cartas escritas por Sarmiento en aquel momento, De Sena escribe: "El avance de la civilización, o de la colonización, es sistemáticamente metaforizado como movimiento, frente al cual el inmovilismo autóctono se convierte en resistencia irracional: de un lado están las calles árabes, estrechas, húmedas y oscuras, donde se sientan los árabes en el suelo fumando o tejiendo en actitudes ancestrales, inmutables; del otro lado se ve el bullicio: 'transformación y movimiento; i al paso que van las cosas, dentro de poco podrá sin impropiedad llamarse este país la Francia africana' (pág. 173). El avance francés en territorio africano, en el lenguaje típico del viajero occidental en África o en América, se asocia a la pulcritud, la luz, el movimiento, el esplendor (...). El campo semántico de lo árabe está, al contrario, marcado por la oscuridad, la credulidad, irracionalismo, primitivismo, fanatismo religioso y, obviamente, barbarie. Son la serpiente en la hierba (pág. 175), una plaga (175). Hijos de una misma especie, de un mismo 'tronco' (177) que los judíos, han degenerado, y personifican los aspectos nefastos de su cultura pastoril de origen: 'Árabe era Abraham i por mas que los descendientes de Ismael odien i desprecien a sus primos los judíos, una es la fuente de donde parten estos dos raudales relijiosos que han trastaornado la faz del mundo; del mismo tronco ha salido el Evangelio i el Koran; el primero preparando los progresos de la especie humana, i continuando las puras tradiciones primitivas; el segundo, como una protesta de las razas pastoras, inmovilizando la intelijencia i estereotipando las costumbres bárbaras de las primeras edades del mundo' (177). La Providencia, en forma de Historia, intervino para dispersar a los hebreos cuando dejaron de tener un papel que desempeñar en el mundo (177), reemplazados en el lineal movimiento hacia adelante por el cristianismo, pero los árabes, que han mantenido sus costumbres pastoriles, se convierten en estorbo, un obstáculo a la civilización". Estas apreciaciones serán trasladadas a la Argentina: el estorbo será el gaucho, símil pampeano del árabe, y el gobierno 'tiránico' de Juan Manuel de Rosas, cuya base social la conformaba el gaucho, será homologado con las 'tiranías' del Oriente y del África (por aquel entonces el Imperio Otomano. Curiosamente Sarmiento relaciona el rojo punzó del federalismo con el rojo otomano como símbolo de 'barbarie'). El 'atraso' obstaculizador frente al 'movimiento' civilizador es representado por el pueblo islámico tradicional en Argelia y por el gaucho en la Argentina. Las pautas 'negativas', que Sarmiento percibe como características anquilosadoras, pertenecen a un acervo cultural y espiritual compartido que emparentan tradicionalmente al musulmán árabe-africano y al gaucho argentino.

Como todo ideólogo europeizante y liberal, Sarmiento mide el desarrollo social a partir del progreso material y la civilización capitalista.
El capitalismo surge de la mano de la industrialización, y ésta es sinónimo de 'progreso y civilización' en la mentalidad liberal. De aquí que el Islam y su sistema de vida impliquen lo contrario y sea tildado de bárbaro, retrógrado y estacionario por el imaginario de las potencias europeas.
En quienes llevan una vida sencillamente frugal el consumismo promovido por el capitalismo no funciona en modo alguno. Por esto es que toda forma de vida que implique austeridad y conformidad debe ser literalmente 'borrada' para que se 'imponga' el tan mentado desarrollo moderno. Esto es lo que sucedió en Argentina con el gaucho y lo que viene aconteciendo en el mundo Islámico con la pretensión de acabar con la Sunnah (modo de vida tradicional) profética.
Sin mercado de consumo no hay capitalismo posible; y sin capitalismo el desarrollo material (progreso y civilización) es prácticamente nulo. De aquí la concentración que se produce en los grandes centros urbanos donde se impone el consumo (a partir de los supuestos del bienestar material, etc.) y se generan grandes mercados de ilimitada oferta y demanda. El espíritu nómada (emancipador y desapegado) de gauchos y místicos es prácticamente destruido por el proyecto liberal de la modernidad.

Similarmente a su visión del árabe, Sarmiento dice del gaucho: "Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden..." (Carta a Mitre fechada el 24 de septiembre de 1861). "Se nos habla de gauchos... La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos...es lo único que tienen de humano. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos" (Carta a Mitre fechada el 20 de septiembre de 1861). "Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor" (Carta a Mitre, marzo de 1862).

Decidido a conocer las causas de todo 'progreso' y 'atraso' social, Sarmiento inicia los Viajes ya citados que dejará documentados para la posteridad. En líneas generales, atribuye el atraso de la Argentina al elemento español que ha predominado en los habitantes de nuestra tierra, elemento sumamente arabizado, y que debe ser exorcizado mediante el ideario y la inmigración europea (francesa e inglesa) y estadounidense, representantes acabados del desarrollo liberal, capitalista y republicano. A su paso por España escribe: "El español de hoy es el árabe de ayer, frugal, desenvuelto, gracioso en la Andalucía, poeta y ocioso por todas partes; goza del sol, se emborracha poco, y pasa su tiempo en las esquinas, figones y plazas. Las mujeres llevan velo sobre la cara, la mantilla, como las mujeres árabes. Se sientan en el suelo en las iglesias, sobre un tapiz o alfombra con las piernas cruzadas a la manera oriental. En todo el mundo cristiano lo hacen en sillas, en Roma incluso. Los hombres llevan la faja colorada de los moriscos; los andaluces la chamana, los valencianos la manta y las gabuchas; los picadores conservan los estribos; y el gobierno de los Capitanes generales, cadies absolutos de las provincias que se entrometen en hacer justicia a la maneta de Aroun al-Raschid. Rézanse tres oraciones al día, en contraposición a las tres plegarias enunciadas por el Muhezzin...".

Ahora bien, es justamente ese elemento árabe, proveniente del Norte de África (bereber, diríamos), el que distingue negativamente a España del resto de la Europa progresista que para Sarmiento representa Francia. Y justamente ese elemento es el que de mano del Caudillaje y el gaucho suponen el atraso desafortunado para la república naciente. Aclaremos que tanto Sarmiento como Mitre fueron solamente instrumentos de un proceso que por entonces se cumplía a nivel mundial y que culminaría en el mundo moderno tal cual lo conocemos. Ilustrativa resulta la siguiente anécdota: el 29 de septiembre de 1868, en un banquete que la masonería ofrece a Sarmiento y a Mitre, éste, agitando un instrumento masónico, dice: "¿Qué es Sarmiento? Un pobre hombre como yo, un instrumento como este..." (Mitre, 'Discurso masónico', en Arengas Selectas, pág. 83).
***
A modo de conclusión: en Argelia habita una etnia bereber, los Zouaouas (o Zwawas), quienes durante mucho tiempo habían sido reclutados para el ejército turco-otomano. Hacia 1830, con la conquista francesa de Argelia, esta tribu ofrecerá sus servicios al ejército francés. Este cuerpo de infantería será conocido como 'Zuavo'. Observando fotografías e imágenes de los zuavos, comprobamos con admiración las enormes similitudes con nuestros gauchos, en cuanto a rasgos físicos y vestimenta. Refiriéndonos a esta última: el albornoz, cuyo parentesco con el poncho es indudable; chaqueta corta sin cuellos, chaleco, voluminosos pantalones que se asemejan al chiripá y la bombacha criolla, faja de lana, polainas de lana blanca muy similares a las botas de potro, y un gorro tipo fez. Algo de esto seguramente tuvo Sarmiento oportunidad de ver en su viaje a Argelia, lo que le permitió homologar al musulmán norteafricano con el gaucho argentino. Algunas imágenes de zuavos:

La cultura, en cuanto a hábitos y costumbres, y la espiritualidad, en cuanto a experiencia singular de la vida, establecen luminosas semejanzas entre el musulmán y el gaucho. Conocerlas enriquecerán nuestra cultura y nuestra espiritualidad.

martes, 9 de julio de 2013

El Bendito Mes de Ramadán

  Los Musulmanes de todo el mundo hemos ingresado al bendito mes de Ramadán.
  El mes de Ramadán fundamentalmente es el mes del Noble Corán, es el momento feliz en que los musulmanes se reúnen alrededor del libro que los impregna con su carácter, que hace de ellos una Comunidad.
  El Corán no es un texto normativo ni la historia de un pueblo, sino la reflexión esencial a partir de la cual el Islam se convierte en un hecho civilizador y universal, abierto, tolerante, capaz de armonizar culturas diferentes y proporcionarles una proyección en la solidaridad activa.
  No es el libro de una idea común, sino el de un sentir común y un estilo, donde es radicalmente posible la diversidad de criterios, el trasiego continuo, la comunicación.
  Es un libro destinado a suprimir barreras, a franquear obstáculos, y no a erigir dioses o dogmas.
  Por eso, Ramadán es el mes de la Misericordia de Dios, de la Bendición y la indulgencia. Dijo el Profeta Muhammad (que Dios le conceda paz):
“Gentes, llega a vosotros el mes de Dios, portando Misericordia, Bendición e Indulgencia, un mes que es, junto a Dios, el mejor de los meses”.
  Por eso es que en este bendito mes, los Musulmanes ayunamos no sólo de lo que bebemos y comemos, sino de todo aquello que nos rebaja en cuanto a seres humanos íntegros y soberanos.
  Abu Umâmah (que Dios esté complacido con él), uno de los discípulos del Profeta Muhammad, relató: ‘Dije: Oh, Mensajero de Dios, dime una acción por la que yo puedo entrar en el Paraíso’. Él dijo: “Ayunar, no hay nada como eso”.
  Como Musulmanes argentinos nos llena de satisfacción compartir este momento especial con nuestros lectores, sin distinción de religión, raza, ni nación.
  Que Dios los colme de bendiciones.

martes, 25 de junio de 2013

Perlas Sapienciales de la Tradición

La gesta de los grandes hombres de nuestra tradición ha sido una epopeya religiosa; es decir, desde el momento en que se libra un combate para preservar la identidad tradicional de un pueblo o una raza, se está combatiendo por ideales religiosos, entendiendo la 'religión' como el mantenimiento de un vínculo con lo Sagrado que permite la trascendencia del hombre con respecto a sí mismo. Lo que llamamos 'identidad tradicional' es el acervo sapiencial que permite y actualiza ese vínculo, y por esto es que reivindicamos el arquetipo del Caudillo de antaño, por considerarlo el representante acabado de esa identidad, defensor de la tradición frente a los excesos y peligros de las ideologías liberales que de mano de los personajes del unitarismo se terminaron imponiendo en la idiosincrasia política y cultural del país.

Sin embargo, al buscar una forma identitaria propia, aún cuando no sea más que para el festejo patrio correspondiente al calendario oficial, se acude gustosamente a la tradición gaucha cuyos máximos exponentes y guerreros aún perviven latentes a la sombra de la historia. Si bien ha surgido un poderoso movimiento revisionista que permite un encuentro más cercano y objetivo con los hombres de la tradición, la historia que se sigue enseñando es la misma que se escribió desde las plumas del liberalismo que se impuso a sangre y agresión sobre la tradición y sus representantes caudillos.

E insistimos en la epopeya religiosa, que es una épica propia a lo espiritual: mientras que la tradición preserva el vínculo con lo trascendente siendo depositaria de su sabiduría transformadora, el liberalismo busca el desarraigo, el desvinculamiento, la enajenación espiritual mediante la difusa permisibilidad del individualismo más egocéntrico, imponiendo la razón subjetiva como norma absoluta y parámetro de ilustración, conceptos como libertad, progreso y civilización de acuerdo a los postulados más salvajes del peor materialismo y el más voraz capitalismo, y una desmedida igualdad acorde a un modelo pergeñado desde la más baja horizontalidad. Por esto supone una épica espiritual: la batalla de lo elevado contra lo vil. Por ejemplo, mientras que Sarmiento y Mitre encarnaban el 'barbarismo civilizador', con sus ínfulas de progresismo sanguinario (la ideología que se impone con las armas), el 'Chacho' Peñaloza manifestaba la identidad tradicional de la raza, con su sublimación rural, fruto de un nomadismo ancestral del que era heredero el hombre de campo, del 'interior' (ideología de la 'resistencia' que permite desarrollar las posibilidades autóctonas). De aquí que ambas maneras de percibir la realidad (una horizontal, material y urbana, la otra vertical, espiritual y rural) nunca encuentren una coincidencia en la paz. Así lo quiere el destino: la lucha del bien contra el mal, y entendemos el bien como aquello que nos permite expansiones y el mal como lo que nos da estancamiento, cuando el que se expande es el espíritu y el que se estanca es el ego, es decir, nos expandimos mediante el espíritu y lo espiritual, nos estancamos mediante el ego y lo egoísta.

Si bien la Sabiduría Tradicional reviste cualidad de universal, su manifestación histórica en al ámbito humano ha adquirido formas determinadas de acuerdo a la situación espacio-temporal de la humanidad. Desde ya hace 1400 años, y hasta la consumación de los tiempos, el soporte de manifestación para esa Sabiduría transformadora es el Islam.

El Islam 'resurge' (y empleamos este término ya que como doctrina religiosa no viene a conculcar novedad alguna ni a suplantar doctrinas anteriores, sino a continuarlas y acabarlas -en cuanto a darles perfección-) en la Península Arábiga por el año 610 e.c. con la prédica del Profeta Muhammad (que Dios le conceda paz), enseñanza que se haya contenida en el Sagrado Qur'an (revelación de la Palabra de Dios a los hombres de toda época y lugar) y en los nobles hadices (dichos, sentencias y actos del Profeta Muhammad que complementan y explicitan la enseñanza coránica).

Básicamente el Islam es un sistema de vida que contempla todos los aspectos de la criatura humana (tanto individuales como comunitarios, abarcando tanto las formas rituales como los asuntos legales), sistema centrado en el monoteísmo de tradición abrahámica en el que se reconoce una única Divinidad (Dios, Allah) cuya Voluntad se ha manifestado mediante una cadena de mensajeros (entre ellos Noé, Abraham, Moisés y Jesús, que la paz sea con ellos) que culmina con el Profeta Muhammad como sello de la Profecía hasta el final de los tiempos. De hecho 'Islam' ha sido la prédica de todos los enviados de Dios, ya que a diferencia del Judaísmo (que alude a Judá) y al Cristianismo (que alude a Cristo), por sólo citar dos ejemplos conocidos, su nombre no hace referencia a mensajero alguno, sino a la esencia misma del mensaje que todos han transmitido. Islam es un vocablo árabe proveniente de la raíz s-l-m, que deriva del verbo 'aslama' que significa 'aceptar, rendirse o someterse'. Islam entonces representa la aceptación y el completo sometimiento a Dios, a Su Voluntad transmitida por boca de Sus mensajeros. La raíz de que deriva este vocablo cubre un amplio campo semántico en el que se encuentran significados como 'bienestar, salvaguarda, salud y paz'. De aquí provienen 'salim', sano, y 'salam', paz, términos indisolublemente relacionados con el sentido esencial de Islam. Así es que 'Islam' es un atributo impersonal, y quien lo posee es 'Musulmán'. En el reconocimiento de Dios y de Sus Mensajeros, y en la sumisión y aceptación a Su voluntad, el ser humano se vuelve física y espiritualmente saludable, logrando así la paz. Esta es la característica de un buen Musulmán.

En líneas generales, el Islam ordena la equidad, la justicia, la virtud y el respeto en el marco del servicio al Dios único. Se puede decir que en su tiempo, el Profeta Muhammad fue un caudillo carismático, con un implacable poder de atracción, que movilizó a la gran masa de desheredados, pobres, oprimidos y esclavos haciendo caer el sistema tiránico que acaudalados oligarcas tribales habían construido e impuesto sobre el comercio, los negociados y la interesada idolatría, para construir un Estado cuyos pilares fueron la fe, la verdad, la justicia y la libertad. Si bien hubo personas notables (aunque humildes y desinteresadas) en su círculo íntimo, la gran mayoría de sus seguidores eran esclavos a los que devolvió la libertad, pobres a los que hizo partícipes de sus derechos elementales como seres humanos y analfabetos a los que enseñó la ciencia de la auténtica humanidad.

Como hemos apuntado en más de una ocasión, la identidad tradicional, con su herencia sapiencial propia, de la que es depositario nuestro antepasado gaucho, y de la que los Caudillos fueron férreos defensores, proviene principalmente de la Tradición Islámica, que llegó a nuestras pampas a través de moriscos y mudéjares andaluces.

A continuación, y para poco a poco ir dando a conocer la Sabiduría propia del Islam, compartiremos una serie de 'dichos sapienciales' surgidos de la bendita boca de nuestro amado Profeta Muhammad (que Dios le conceda paz), para así comenzar a reconocer la inmensa herencia islámica que atesoran en sí mismos nuestros gloriosos antepasados patrios.

***

Lo más meritorio en el Islam es alimentar a las gentes y saludar a todos con un deseo de paz, tanto si los conoces como si no.

Hombre, repartir lo que te sobre será beneficioso para ti, y retenerlo será pernicioso para ti. La mano de arriba (que da) es mejor que la de abajo (que recibe).

Ninguno ve disminuida su riqueza por practicar la caridad; Dios acrecienta el honor de aquel que soporta resueltamente los perjuicios, y tan pronto como uno empieza a pedir, Dios le hace padecer pobreza.

La comida de dos es suficiente para tres, y la comida de tres es suficiente para cuatro.

La verdad guía a la virtud y la virtud guía hacia el Paraíso. Una persona que persiste en decir la verdad hasta que comparece ante Dios, merece ser llamada veraz. La mentira conduce al vicio y el vicio lleva al fuego; y una persona que miente hasta que comparece ante Dios, merece ser llamada mentirosa.

Deja aquello que te suscita dudas y cíñete a aquello que está libre de toda duda, pues la verdad conforta, mientras que la falsedad perturba.

Una persona prudente es aquella que se controla y se abstiene de lo que es dañino y se esfuerza por estar preparada para afrontar lo que le espera después de la muerte; y un loco es aquel que da rienda suelta a sus apetitos y busca en Dios la satisfacción de sus vanos deseos.

Parte de la excelencia del Islam de una persona consiste en abstenerse de aquello que no le beneficia.

No desdeñéis hacer el menor de los bienes, incluso saludar a vuestro hermano con un rostro alegre.

Cada día que amanece todos los miembros de una persona tienen una deuda de caridad: hacer justicia entre dos personas es caridad, ayudar a una persona a conducir su montura o a cargar en ella el equipaje es caridad, una buena palabra es caridad, cada paso dado para participar en la oración es caridad, quitar del camino lo que estorba es caridad.

Un hombre que avanzaba por un sendero sintió mucha sed. Al llegar a un pozo, descendió y volvió a salir una vez que hubo bebido; vio a un perro con la lengua fuera que intentaba lamer el fango, tan extrema era la sed que sentía. El hombre pensó: 'Este perro sufre de sed como yo sufría'. Así que descendió de nuevo al pozo, llenó su calcetín de piel con agua, subió sujetándolo entre los dientes y dio de beber al perro. Dios apreció su acción y le perdonó las faltas. Así es que es recompensada la bondad para con cualquier criatura viviente.

Protegeos contra el Fuego, aunque no sea más que dando medio dátil en caridad, y, si incluso de eso carecierais, dando una palabra de consuelo.

¿Os digo quiénes son los habitantes del Paraíso? Son todos los débiles (humildes) que son considerados débiles y en razón de ello menospreciados, pero que cuando maldicen en nombre de Dios, El cumple la maldición. Ahora, ¿queréis saber quiénes son los habitantes del Fuego? Son los ignorantes, los impertinentes, los orgullosos y los arrogantes.

Muchos son los desgreñados de cara polvorienta que son expulsados a empujones de las puertas de las gentes; mas si ellos dijeran en el nombre de Dios 'sea tal cosa y tal otra', Dios haría que se cumpliera.

Buscadme entre los humildes, pues recibís ayuda y sois atendidos por Dios a cuenta de los humildes que hay entre vosotros.

Cuando un hombre emplea el dinero en su mujer y sus hijos en espera de ser recompensado, su acción cuenta como si hiciera una obra de caridad.

A aquel que defiende el honor de un hermano, Dios le protegerá le rostro del Fuego en el Día del Juicio.

Que un hombre vaya repitiendo todo lo que oye es suficiente para que se haga mentiroso.

Si os dedicáis a buscar las faltas de vuestros hermanos, los corromperéis.

Evitad la injusticia, pues en el Día del Juicio la injusticia se convertirá en múltiples tinieblas. Y salvaguardaos de la avaricia, pues la avaricia perdió a los que os precedieron, les incitó al homicidio y a tratar lo ilícito como lícito.

El mayor sacrificio es decir a un tirano lo que es justo. El que calla la verdad es un Satán mudo.

Aquel que de entre vosotros advierta algo malo, debe cambiarlo con sus manos (mediante la acción); si no le es posible hacerlo, debe repudiarlo con su lengua; si no les posible hacerlo, debe por lo menos deplorarlo en su corazón; éste es el grado mínimo de fe.

Una persona no es creyente mientras no quiere para su hermano lo que quiere para sí mismo.

***

En próximas entradas seguiremos compartiendo las luces del inagotable océano de la Sabiduría Tradicional Islámica.