sábado, 22 de marzo de 2014

Antecedentes de la Payada en varias Culturas Antiguas

Los payadores representan lo que podría llamarse la "época heroica" de la poesía criolla. La historia de esta poesía (o digamos la protohistoria si así se prefiere), comienza con los cantares improvisados por los trovadores campesinos de las generaciones criollas de la colonia y se continúa con los gauchos del siglo XIX, llaneros, sertoneros, rudos y analfabetos, en quienes confluían secretas corrientes antiquísimas que de alguna manera los vinculaban con los bardos de la antigüedad grecolatina; con los cantores árabes que animaban las travesías de las caravanas, y con los poetas arábigo-andaluces, antes y después de Aben Guzmán; con los trovadores medievales del Viejo Mundo; con los cantores cosacos (gau­chos de la vieja Rusia) que improvisaban al son del laúd y con aquellos otros que lo hacían al compás de la balalaika; * con los cantores repentistas de los países escandinavos;** con los músicos-poetas-cantores de la América precolombina; con los poetas improvisadores polinesios; y con los poetas-cantores del Continente Negro, cuya expresión está caracterizada por el repentismo y las formas dialogales.

Por lo común los autores que, en el Río de la Plata, se han ocupado de este asunto, encuentran en las tensiones provenzales el antecedente más directo de la payada criolla. Quizá aquella sea la forma antigua que más se asemeja al contrapunto americano, pero no hay duda de que la payada tiene múltiples antecedentes en diversas culturas antiguas. Pudiera decirse que en los trovadores criollos hay una confluencia de elementos culturales (pero no legados de modo directo y algunos con relaciones remotas), fundidos en una síntesis nueva y desarrollados dentro de las condiciones del medio americano, con matices y rasgos de originalidad.

Lugones, luego de citar las fuentes grecolatinas (las églogas de Teócrito y de Virgilio); los torneos en verso llamados tensiones, que sostenían los trovadores de Provenza, y los "romances con ecos" difundidos en España, resume así sus observaciones sobre los antecedentes de la poesía payadoresca: "Ahora bien -dice-, si el origen de las tensiones provenzales y de los romances con ecos estaba sin duda en las églogas grecolatinas, puesto que la civilización romana persistió vivaz sobre toda la Europa meridional, hasta el siglo VII, fueron los árabes quienes continuaron y sistematizaron aquel género de poesía, que les era también habitual, cuando en la época mencionada, dominaron allá a su vez. Precisamente, los trovadores del desierto habían sido los primeros agentes de la cultura islamita, constituyendo con sus justas en verso, la reunión inicial de las tribus, que Mahoma, un poeta del mismo género, confederó después. Así se explica que para nuestros gauchos, en quienes la sangre arábiga del español predominó, como he dicho, por hallarse en condiciones tan parecidas al medio ancestral, tuviera el género tanta importancia".1 Por su parte el erudito Ramón Menéndez Pidal, a través del estudio de los zéjeles arábigoandaluces, su expansión y su influjo, establece "una relación histórica entre la canción andaluza, cuyo primer poeta aparece a fines del siglo IX y la canción provenzal, cuyos primeros cultivadores escriben en los comienzos del siglo XII".2

El Dr. Ricardo Rojas, a su vez, basado en las referencias de Albert Lavignac sobre los poetas-cantores errantes de la Europa medieval, establece similitudes entre aquéllos y nuestros payadores gauchos. Y, al mencionar las tensiones, dice "tan parecidas a nuestras payadas".3

 El Dr. Ismael Moya, al referirse a la herencia recogida por el trovador gaucho, expresó: "Su abolengo poético le vincula con los pastores virgilianos, tan dados como él a las controversias líricas. Se hermana a los antiguos trovadores de Provenza que también gustaban de la polémica en verso -tensiones-; con los bardos de Inglaterra y Alemania; con los romancistas imbuidos de un incurable sentido de lo heroico; con el árabe sentencioso y fantasista, cuya sangre hereda en la sangre del conquistador".4

 En relación con las fuentes griegas el Dr. Moya, además, examinando certeramente el Idilio V de Teócrito, muestra las analogías de la payada pastoril entre Comatas y Lacón -cuidador de cabras aquél, de ovejas éste- con los contrapuntos de nuestros antiguos payadores. 5

El poeta Andrés Chabrillón comienza su magnífico poema Santos Vega evocando a los más famosos trovadores provenzales. Y finaliza así la primera parte:

Lo mismo que en Provenza
aconteció en el Plata;
y yo acerqué el oído
a los pastos del alma,
para escuchar el eco de la vida,
la común resonancia,
oyendo al payador, cuya existencia,
por el destino acuchillada,
pasó enredando el fleco de las coplas
y la dulzura fiel de la guitarra.6

En el Uruguay el musicólogo y folklorista Lauro Ayestarán, al escribir sobre la milonga se refirió también al canto de contrapunto. De éste dice que es el "amebeo" de la antigüedad, distribuido entre dos cantores que luchaban en verso acompañándose con la lira apolínea. Es el "joc partí" -juego partido- de los juglares de 1250 en el verso cantado de las lenguas romances con el acompañamiento de los laúdes medievales. Hasta la "tensión" trovadoresca es el antecedente más exacto del "compuesto" payadoresco del siglo XIX”.7

Enrique Heine dedicó uno de sus cantares a la evocación romántica de los combates poéticos protagonizados por los antiguos trovadores europeos. Comienza así su canción:

A disputar su valía
En la excelsa poesía
Hoy los trovadores van:
¡Grave será la porfía!
¡Arduas las justas serán! 8

Respecto de Chile, Fernando Alegría encuentra en el contrapunto "un nexo más entre la poesía popular chilena y la tradicional española. En efecto -dice- las payas de nuestros pliegos sueltos son descendientes de las "preguntas y respuestas" de los Cancioneros del siglo XV y una derivación de la tenzone provenzal.9

En cuanto a la improvisación poética en los pueblos indígenas del continente, ésta se ha registrado entre los antiguos araucanos, como así también entre los tamoyos y tupinambás. Y, en la época actual, entre los yakalamarures de Colombia y los naturales de la región cuzqueña, como lo veremos en los respectivos capítulos. Igualmente entre los mukuchíes de Venezuela. 10

Con referencia al Brasil, varias son las opiniones vertidas por los estudiosos acerca del origen de la payada, desafío, porfía o canto de contrapunto. Algunas de estas opiniones han sido resumidas por Almeida Prado en su interesante trabajo sobre los cantadores paulistas.11 Se dividen así: hay quienes aseveran que la payada brasileña es de calificación africana; otros, que es de procedencia portuguesa o ibérica; otros que la consideran herencia indígena y por último aquellos que le asignan origen mixto. Seguramente ésta es la opinión más atendible, teniendo en cuenta la conformación étnica y cultural del Brasil.

Cita Almeida Prado a dos estudiosos contemporáneos: Roger Bastide y Otoniel Mota, quienes en 1946 pronunciaron conferencias sobre el tema.

El profesor Roger Bastide sostiene que la porfía es de origen africano y que la costumbre de trocar versos de improviso, existente entre los aborígenes del África, fue trasmitida de aquel continente a través del tráfico de esclavos. En cambio Otoniel Mota observa que no puede tener origen africano el improvisador de versos al son de la viola, pues en África no existe ese instrumento; trae a colación referencias contenidas en los escritos de Herculano indicadoras de la existencia del desafío en Portugal, y luego cita el testimonio de Gabriel Soares de Souza sobre la improvisación poética en competencia entre los indios tamoyos y tupinambás (aunque no dice con qué instrumento), y en conclusión se inclina por el reconocimiento de un doble origen: portugués e indígena. Después de estas citas agrega Almeida Prado que si bien la viola existe en Portugal, es poco usada, y que los desafíos, que allá también se estilan, son sostenidos con guitarra o armónica.

Gabriel Soares de Souza, viajero portugués del siglo XVI, también ha sido citado por Afranio Peixoto en sus indagaciones acerca de los orígenes de la poesía brasileña, juntamente con otros testimonios que destacan la importancia y el arraigo que el canto improvisado tuvo entre los indios tamoyos. Observó Soares de Souza que esos indígenas "son grandes componedores de canciones improvisadas, siendo muy estimados del gentío por donde quiera que van". Simáo de Vasconcellos corrobora: "Ninguna otra satisface tanto a esta gente, como la dulzura del canto; en ella pone la felicidad humana". Y certifica Fernán Cardim: "Remedan pájaros, culebras y otros animales, todo trovador por comparaciones para incitarse a pelear. Esas trovas las hacen de repente, y las Mujeres son insignes trovadoras".12

 Cardim es autor de un Tratado descriptivo del Brasil (1587).

A nuestro juicio, en los orígenes de la payada brasileña deben computarse tres corrientes: la indígena, la ibérica y la africana, con preponderancia de esta última en algunos casos. En ciertas regiones americanas ha sido bien establecida la procedencia africana del canto payadoresco. Así en Cuba, a través de los amplios, sagaces y medulosos estudios del Dr. Femando Ortiz.13

Decile a la vida mía,
la que vive en Chiquinduy,
decile que soy papuy
en su pecho murmuruy,
Querés que te cante en lengua
en lengua te cantaré,
Qué muchucupé sairá,
que sairá muchucupé.

 Entre los pueblos africanos existen varias formas de canto improvisado y contrapunteo, desde los cantos dialogales de los remeros hasta antífonas rituales, desde el canto de puya o desafío llamado makagua, con intervención de coro, hasta el torneo poético que acompaña los juegos pugilístico-danzantes denominados maní. Esas modalidades están arraigadas principalmente entre los congos, pero en general la improvisación poética está difundida en toda el África, en el Congo como en Guinea, en la región de Tanganika y en otras áreas, entre los abakuás, los ashantis, los bantús, los yorubas, etc. Destácanse como características esenciales del canto en los pueblos negros, el sentido coloquial y la repentización. En diversas circunstancias se estila el canto improvisado y la controversia poética, en las ceremonias rituales o mágicas y en las fiestas profanas, en los trabajos, en los juegos, en los viajes en grupo, en canoa o a pie.
Con referencia a la música negra, de indudable influencia en América y fuente de la jazz moderna, el distinguido musicólogo Kurt Pahlen se ha expresado en forma coincidente: "En las interpretaciones musicales de las negros -dice- prevalece siempre la improvisación, como en toda música primitiva; entre ellos no existe música escrita y cada ejecutante tiene no sólo el derecho sino el deber de inventar e improvisar lo más posible, rasgo que se encuentra también en la música gitana". 14

En el Congo hay cantos de remeros, generalmente improvisados, que entona un solista a quien responden los demás con una especie de acompaña­miento. En la región del lago Tanganika donde los grupos de remeros nunca son menos de diez (a veces doce, o catorce), actúan dos entonadores -uno adelante y otro atrás dirigiendo el timón- que improvisan couplets, por turno, mientras los demás, en coro, repiten un estribillo. "Con frecuencia, entre los akikugas, en una hilera de personas en marcha, alguna que va al frente prorrumpirá en un canto de invectivas o sátiras contra otra que va atrás, y ésta le contestará en igual forma musical. En tanto, el resto formará un coro que a modo de estribillo comentará las salidas de los contendientes. A veces el diálogo se ejecuta entre personas de uno y otro sexo. Entre los bambala, hombres y mujeres entonan alter-nativamente los versos del canto. Hasta entre los negrillos se nota esa forma poética".15 Entre los congos se registra un género de controversia payadoresca que, introducido en Cuba, tiene allí el nombre de makagua o managua, o canto del "puya". También hay cantos funerarias improvisados "por plañideros de uno u otro sexo”. (La africanía de la música folklórica de Cuba, p. 228). Igualmente se repentizan cantos para ridiculizar a alguien. 

Entre los yorubas se practica el canto improvisado por todas las clases de la población. Con referencia a los negros de Angola, Henry Chatelain observó: "Son los más rápidos improvisadores". Y Stephen Chauvet suministra estas otras referencias interesantes: "Los cantos circunstanciales representan la inmensa mayoría de los cantos negros consisten en palabras improvisadas por los aficionados, sobre los aires de música que son tradicionales y fijos. Esas palabras constituyen o recitativos (por ejemplo, los que acompañan a los juegos de los niños baluba) o bien estrofas, como las que recitan los cargadores de caravanas a lo largo de las rutas, al son dei m' bieli, y en las cuales cantan su infortunio de verse obligados a trabajar o todo la que concierne a los blancos que los mandan. Los más características de esos cantos circunstanciales son los cantos de remeros" .16La forma de contrapunteo llamado canto de "puya" o "makagua" reaparece en el pugilato danzario denominado juego de maní, "durante el cual un jugador que está bailando trata de abatir con un fuerte golpe a puño cerrado a uno de los varios participantes que están a la defensiva, formando un corro a su alrededor"... "Los púgiles afamados al iniciar su baile "roncaban" es decir, cantaban con alarde de sus pasadas victorias y desafiando a los demás"... "Los cantos con frecuencia se improvisaban y cada «gallo» lanzaba a su antojo sus «puyas» y fanfarronadas que enardecían a los rivales. Al canto del solista retador, replicaba el coro con un estribillo o repitiendo las palabras finales".17 Tiénese entendido que este raro torneo en que se pegan] puñetazos, se baila y se canta de contrapunto, es de origen gangá. Tanto ese juego como la payada se arraigaron en Cuba con las gentes traídas del Continente Negro. En mayor o menor grado, la influencia africana en la poesía y el canto está presente en todas las Antillas. También la improvisación poética se ha registrado entre los negras de Jamaica. Es visible la presencia del negro en el crisol etno-cultural americano. El árabe -mencionado a menudo con referencia a las gentes dé las llanuras sudamericanas y su afición al canto-, corresponde a filtraciones más remotas. Mas no dejaremos computar ninguna si miente, así nos haya llegado por escondidos canales en lento andar de centurias.

El legendario Antar, hijo de un emir árabe y de una esclava negra, erguido hace siglos en el centro de un formidable drama histórico, héroe que también comenzó siendo esclavo y fue siempre poeta, que entregaba sus cantares improvisados a lo largo de sus andanzas, es un alto símbolo de la poesía errante de todos los tiempos, y ese símbolo cobra en América una especial sugestión.18

Entre los berberiscos el canto improvisado asume algunos caracteres llamativos. Un caso ilustrativo observó Clifton Joseph Furness en un café popular de una pequeña población tunecina, donde dos cantores ambulantes -un niño y un adulto-, unidos en íntima colaboración, cantaban de mesa en mesa y producían visible efecto artístico. Predominaba la nota humorística. El cantor, adulto improvisaba sus estrofas, cada vez con versos distintos e infinitas variaciones de inflexión y contenido, y con referencia especial a cada parroquia- no a quien aquellos eran dedicados; pero terminando siempre cada tirada juntándose las voces de ambos en un estribillo. La participación del niño, apenas de doce años, era muy interesante "porque jamás vacilaba cuando tenía que unir su voz para el estribillo".19

También la improvisación poética se manifiesta entre los polinesios. Al mencionar el importante papel que la poesía desempeña en aquella cultura, Lowie dice que los polinesios a menudo improvisan y apropósito recuerda que "los tahitianos celebraron en verso la llegada de Darwin y más recientemente cantaron en forma lírica la guerra europea".20

Métraux anota que en las islas de la Polinesia "no había un sólo acontecimiento de cierta importancia que no se transformara en canción". Y, después de referirse a los géneros de poesía cantada cultivados por los antiguos bardos de la isla de Pascua -poemas sacros, peanes guerreros y cantos de intención satírica dirigidos a las mujeres infieles y a las muchachas demasiado esquivas- dice que "los enamorados improvisaban también canciones en honor de la amada, y si la melodía o la letra habían complacido a los auditores, quedaban incorporadas al folklore de la isla".21

Al hacer estas menciones recordamos que los etnólogos y arqueólogos han señalado la presencia de elementos polinesios en las culturas de la costa sudamericana del Pacífico. (No dejaremos de prevenirnos sin embargo, en este en otros casos, contra la exagerada tendencia a buscar los signos americanos fuera del continente. América ha mostrado suficientemente sus caracteres originales).

En este punto cabe observar que entre los estudiosos de las cosas de América y sus valores culturales, quizá es el antropólogo Rafael Girard quien ha asumido una posición más firme en la estimación de los caracteres de originalidad y autoctonía de nuestras culturas precolombinas.22

Florecían sin duda en el espíritu del payador algunas sabidurías ancestrales que no procedían de una sola fuente. Pero al hablar de los antecedentes, las vinculaciones y las semejanzas, no debemos creer que la aparición del payador se haya producido por un proceso simple de adaptación de elementos depositados en sus manos para que él los elaborara. Los fenómenos de esta naturaleza son extremadamente complejos, y también debe tenerse en cuenta que ciertos hechos similares pueden producirse independientemente en el seno de diferentes culturas, en d0istintos lugares del mundo, cuando algunas condi­ciones de parecida influencia favorecen determinados desarrollos. El espíritu humano y las formas de vida y de cultura tienen manifestaciones coincidentes a través de la historia, en el seno de diversas razas.

Tampoco habrá de creerse que el payador aprendió su oficio como quien aprende una copla, un romance, una canción. El don del canto pertenece a la raza humana, Y bien se ha visto que nuestros pueblos no han carecido de este don: ni los indígenas ni la nueva población resultante de los más diversos cruzamientos. Además es preciso reconocerles a los payadores, formados a la intemperie, un gran caudal de originalidad. Ellos son los fundadores de una nueva poesía en el continente, con bastantes rasgos típicos y emancipado vuelo como para desbordar los moldes coloniales y crecer con el mismo impulso con que estos pueblos hicieron la Revolución Americana, A ellos pertenecen los primeros capítulos de la historia de la literatura criolla.

Sin duda la poesía primitiva, en las culturas más arcaicas de todos los continentes, fue una poesía improvisada, que más tarde se encuadró en esquemas más o menos fijos, trasmitidos oralmente en el cauce de la tradición, hasta alcanzar, por fin, la forma de los documentos literarios con la aparición de los primeros sistemas de escritura. En verdad la poesía payadoresca -poesía improvisada y cantada- se relaciona con las formas poéticas más antiguas de los pueblos de diferentes razas esparcidos por el mundo.

Notas:

* Korolenko, en su novela corta "Los ruidos del bosque", pinta a un cosaco dotado de un fuerte instinto de la libertad y de la poesía, que prolongaba su estampa en el caballo y era un bravo hombre de pie sobre la tierra ajena, y cultivaba el canto improvisado acompañándose con el laúd. Con su laúd transmitía voces profundas de la naturaleza, el lenguaje de los vegetales y el llanto de los sauces sobre una tumba. Y en sus cantares decía cosas que prolongaban su resonancia hasta el recinto de la muerte. A veces, por sus rasgos, sus impulsos rebeldes y su duro destino, nos hace pensar en nuestro paisano Martin Fierro. Un día hizo trizas su laúd contra un árbol y, con su ciega rebeldía social, se refugió en los bosques y quiso hacer justicia a su modo. (Vladimiro Korolenko: El día del juicio, novelas, esp. pp. 121-24, Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1953). Otro de los grandes escritores rusos, Iván Turgueneff, ha presentado en uno de sus Relatos de un cazador  (V, Los cantores rusos, pp. 81 ss., Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1943) una competencia por apuesta entre dos cantores de la estepa rusa, realizada en un "pritinni" o taberna que se parece bastante a nuestras antiguas pulperías: "En la parte donde están los parroquianos no hay, generalmente, más que algunas barricas vacías, un banco y una mesa" (p. 85). Pero ciertamente tal competencia de canto, como bien lo observara Carlos Alberto Leumann, es muy diferente a la típica payada rioplatense. No podría decirse, sin embargo, que carece en absoluto de relación con ella.

** Domingo Prat, refiriéndose a Carlos Miguel Bellman, nacido en Estocolmo el 4 de febrero de 1740, dice que "pertenece al grupo de juglares, trovadores, payadores y "tocaores". Y agrega: "Bellman fue poeta improvisador y cantor, valiéndose para ello del laúd unas veces y otras de la guitarra. En la Argentina tiene sus similares en Gabino Ezeiza, Betinotti y tantos otros". ("Diccionario de guitarristas”, p.45).

1- Leopoldo Lugones: El payador, cap. IV, La poesía gaucha, pp. 115 -122, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1944.

2- Ramón Menéndez Pidal: Poesía árabe y poesía europea, p. 57, Espasa-Calpe, Argentina, Buenos Aires, 1941.

3- R. Rojas: Historia de la literatura argentina, I, Los gauchescos, pp. 248 y 297.

4- Ismael Moya: Romancero I, p.163.

5- Cf. Ismael Moya: Las ascendencias de la payada, en "Ñandubay", revista folklórica argentina, Buenos Aires, agosto de 1955.

6- En Si pensara la rosa... p. 98, Ed, Nueva Impresora, Paraná, 1954.

7 - Lauro Ayestarán: La milonga, en Folklore de las Américas (primera antología), recopilación de Félix Coluccio, p. 422, Bs Aires, 1949.

8- Enrique Heine: Los trovadores, en Sus mejores obras, p. 179, Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

9- Fernando Alegría: La poesía chilena. Orígenes y desarrollo, pp. 140-41, Fondo de Cultura Económica, México, 1954.

10- Gilberto Antolínez: Hacia el indio y su mundo, p. 94, Caracas, 1946. Tanto los tamoyos como los tupinambás (tribus brasileñas) son miembros de la familia tupí, pero a los primeros ya Daniel G. Brinton, hace más de medio siglo, los consideraba extinguidos. Los mukuchíes, andinos del Estado Mérida, pertenecen al grupo timote. La información de Antolinez se refiere a una improvisación poética que los citados indígenas dedicaron a unaestudiosa venezolana, María Luisa Escobar, en ocasión de una visita que les] hiciera:
"La copla concluye -acota Antolínez-, desde su premisa amatoria que recuerda a la mujer amada, con un laude a la dama presente: "Que muchucupé sairá, que sairá muchucupé!", esto es: "¡Pero qué blanca tan hermosa!", lo cual no deja de ser una fina galantería, muy poco propia rústicos".

11- José Nascimento de Almeida Prado: Cantadores paulistas de porfía ou desafío, Separata de la "Revista do Arquivo Municipal", p. 234 San Pablo, 1947,

12- Braulio Sánchez-Sáez, al ocuparse de "Peixoto y sus reseñas sobre los orígenes de la poesía brasileña", en Vieja y nueva literatura del Brasil, p. 115, Ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1935.

13- Cf. esp. Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba, habana, 1951, y también La africanía de la música folklórica de Cuba, 1950, y los  instrumentos de la música afrocubana, 2 t. 1952.

14- Kurt Pablen: Historia-universal de la música, p. 354, Ed. Centurión, Buenos Aires, 1948,

15- Fernando Ortiz: Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. p. 10.

16- Fernando Ortiz, ob. cit., pp. 54-55.

17- Femando Ortiz, ob. cit., pp. 297; 316-20.

18- Cf. El romance de Antar, según los antiguos textos árabes, por Gustave Rouger, Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1943.

19- Fernando Ortiz: ob. cit., pp. 38-39.

20- Robert H. Lowie: Antropología cultural, p.114, Fondo de Cultura Económica, México, 1947,

21- A. Métraux: La isla de Pascua, pp. 206-07, Fondo de Cultura Económica, México, 1950.

22 -Cf. Rafael Girard: El Popol-Vuh, fuente histórica, Ed. Ministerio de Educación Pública, Guatemala, 1952: Esoterismo del Popol-Vuh, Ed. Stilo, México, 1948; El calendario maya-mexica, Ed, Stilo, 1948, y otras obras del mismo autor.

Fuente: "El Itinerario del Payador", Marcelino Román.


sábado, 22 de febrero de 2014

"El Alazán" - Jorge Cafrune

Letra y Música: Atahualpa Yupanqui
Interpreta: Jorge Cafrune

Era una cinta de fuego,
galopando, galopando.
Crin revuelta en llamaradas,
mi alazán te estoy nombrando.

Trepo las sierras con luna,
cruzó los valles nevando.
Cien caminos anduvimos,
mi alazán te estoy nombrando.

¿Qué oscuro lazo de nieve
te pialó junto al barranco?
¿Cómo fue que no lo viste?
¿Qué estrella andabas buscando?

En el fondo del abismo,
ni una voz para nombrarlo.
Solito se fue muriendo,
mi caballo, mi caballo.

En una horqueta de un tala
hay un morral solitario,
y hay un corral sin relinchos,
mi alazán te estoy nombrando.

Si es como dicen algunos,
que hay cielos pal' buen caballo,
por ahí andará mi flete,
galopando, galopando.

Oscuro lazo de nieve
te pialó junto al barranco.
¿Cómo fue que no lo viste?
¿Qué estrella andabas buscando?.

En el fondo del abismo,
ni una voz para nombrarlo.
Solito se fue muriendo,
mi caballo, mi caballo.

martes, 18 de febrero de 2014

Breve reseña de la Música Surera


La música surera, música sureña o canto surero es la denominación que reciben una serie de estilos musicales de base folklórica característicos de la región pampeana de nuestra Argentina. Los principales estilos y danzas que la integran son la milonga surera, milonga sureña, milonga pampeana, milonga campera o milonga de campo, el malambo, la payada, la cifra, la huella y el triunfo. Asociada con la cultura gauchesca, tradicionalmente se interpreta con canto solista y guitarra criolla.

Entre los intérpretes de música surera se destacan grandes exponentes del arte musical argentino como Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune, Víctor Velázquez, José Larralde, Argentino Luna, Alberto Merlo,  Roberto Rimoldi Fraga, José Ballesteros, Claudio Agrelo, Omar Moreno Palacios, Suma Paz, entre otros.

A continuación compartimos algunas breves definiciones de los estilos característicos de nuestra música surera.

hg
La Milonga campera

El origen de la milonga campera se suele discutir. Se sabe, sin embargo, que contiene elementos afro en su constitución rítmica e influencias de danzas criollas y europeas llegadas a Buenos Aires y Montevideo a través de varias vías, principalmente de Perú, España, Brasil y Cuba. Se daba en aquella época el fenómeno que se conoce como “de ida y vuelta” ya que los géneros viajaban de América a Europa y viceversa sufriendo transformaciones y adaptaciones en cada región.

Tiene semejanzas con otros ritmos como la chamarrita, el choro, el candombe y la habanera. Se presume que aportó elementos al tango, que luego tomo la forma original de la milonga como subgénero propio.

La milonga campera integra la expresión campesina de la Pampa, de viejo arraigo, inicialmente cantada, aunque luego tuvo coreografía. Fue adaptada para incluirse en obras teatrales por fines de 1880. Hasta llegar a esto, la milonga tuvo un proceso largo.

En territorio que actualmente pertenece a España, aproximadamente en el siglo XII se ha detectado lo que podría ser el más antiguo antecedente de la milonga. En ese entonces, y en esas tierras, figuraba el compás alterno (6/8-3/4, es decir un ritmo constantemente cambiante), todo esto en la versión de Arcos de la Frontera del conocido “Romance de Gerineldo”. Géneros musicales posteriores de compás alternativo fueron la zarabanda (s.XVI) y su inmediata evolución, la tirana (s.XVIII).

La tonadilla escénica –antecedente de la zarzuela- llevó el género musical denominado “tirana” a Cuba, donde evolucionó y adquirió características locales propias, además de un nuevo nombre: “guajira” (término que en Cuba significa «campesina»). En los viajes de ida y vuelta entre Cuba y lo que actualmente es España, la “tirana” convertida en “guajira” volvió a territorio actualmente español, más precisamente a Andalucía (zona donde se hallaba el principal puerto español de la época, el Puerto de Palos). Allí la guajira se aflamencó y esa variante de guajira fue la que llegó a Buenos Aires.

Se estima que, aproximadamente, el arribo de la guajira aflamencada a Buenos Aires podría haber tenido lugar entre 1822 y 1830. En cuanto a lo musical, esta época se podría describir con la siguiente frase de José Antonio Wilde (médico del ejército argentino –quien estuvo en la Batalla de Caseros- y escritor): “…del cielo, décima y triste habíamos pasado por grado a las canciones españolas muy graciosas y de un estilo especial”.

Este “parentesco” musical también se podría apoyar en la similitud que hallaron Roberto Selles y Marcelo Oliveri entre la milonga pampeana y la guajira flamenca, la primera vez que oyeron una de estas últimas. A su vez, estas personas se dieron cuenta más tarde (tal y como escribió Roberto Selles en su libro “Historia de la milonga”, 2004), que el español José María Salaverría ya había escrito en “Tierra Argentina” (1910), lo siguiente: “Las milongas se parecen a las guajiras de Cuba”.

Podría representar otra prueba de esta posible genealogía musical la antigua milonga pampeana campera (anónima) llamada “La paloma indiana”, recogida y grabada por el folklorista argentino Mario Pardo. En esa grabación se advierte notoriamente este posible origen de la milonga. Además, se sabe que esa canción es una guajira convertida en milonga.

Por otro lado, la milonga más antigua (la cual no se denominó así en su momento) de la que hay registro data de poco antes de la Batalla de Caseros (1852). La misma habla del inminente arribo de Urquiza a Buenos Aires, y es conocida como “Milonga Rosista”, la cual dice:

Dicen que viene del norte / las tropas del general;
con mucho galón dorado / que a Rosas quieren voltear / (…)

Esta letra y la melodía existente fueron extraídas de trabajos de la musicóloga Violeta Hemsy de Gainza, a quien se la comunicó la reconocida Adela Olivieri de Garrocha.

El nuevo género musical llegado a la región pampeana, la “guajira acriollada” o “milonga antigua”, no tardó en hacerse popular. De hecho, para 1854 era tan popular que según Josué Teófilo Wilkes y Blanco: “…había pasado la época de cielitos y medias cañas. La milonga vino a suplantarlos…”. Prueba de la popularidad de dicho género musical es que, ya para 1860, “…los cantores de milongas parecían multiplicarse en la República Argentina”, refirió Sañudo Autrán citado por Vicente Gesualdo. Sin embargo, pese a la popularidad de este ritmo musical, parece ser que para los habitantes de la región donde se desarrollaron estos hechos (parte de la región pampeana argentina), el inconveniente fue reproducir el ritmo de 6/8-/4 (al cual estaban acostumbrados los guitarristas flamencos, pero no los guitarristas de mencionada tierra). La solución, según parece, fue interpretar dicho ritmo en un tiempo de 2/4 en vez de en un 6/8. Esto lo afirmó Josué Teofilo Wilkes y Blanco, y agregó que ese cambio se habría efectuado durante el decenio 1870-1880. De esta manera, la “guajira aflamencada” se había acriollado y adaptado con características propias de la zona, y así podría haber nacido la típica “milonga pampeana”.

En algún momento, a los músicos de algún conjunto se les habría ocurrido tocar la milonga pampeana campera en alguna ‘milonga’ (en este caso ‘milonga’ refiere al lugar donde se iba a bailar a finales del Siglo XIX, como refleja en algunos versos del Martín Fierro). Cuándo la milonga (que había nacido como canción bajo una melodía poco variable) se tornó bailable, los intérpretes decidieron (al estar no ya sujetos a la letra) estilizarla, y dieron así rienda suelta a su inventiva musical. A este tipo de milonga, principalmente instrumental (no a la cantable –que era la “milonga campera pampeana”- la cual continuó su curso independientemente), también se la solía llamar tango –aunque fueran “tangos-milongas antiguos”.

Ya en el transcurso de las décadas 1880-1890, y en ese proceso de dar rienda suelta a la inventiva musical de ese género (el tango-milonga antiguo), los pianistas comenzaron a llevar a la milonga o “tango-milonga antiguo”, descrita anteriormente, al pentagrama. Hay que decir, que este ritmo se fue mezclando con el ritmo que estaba en pleno auge, el tango procedente del tango andaluz (aunque con influencias también de otros géneros musicales: habanera, candombe, mazurca, vals, etc.). Todos estos ritmos, se fueron mezclando y evolucionando hasta dar lugar a lo que actualmente se conoce, simplemente, como “tango”. Con esto se puede comprender que la milonga campera dejó rastros en el tango. A partir de esto, más tarde se crearía la “milonga ciudadana”.

Pese a la aparición de la milonga estilizada (la que era llevada al pentagrama con arreglos para piano), y posteriormente la milonga ciudadana, los intérpretes de los suburbios y los de la campaña continuaron con los ritmos tradicionales de milonga, la milonga pampeana campera.

Por su parte, el considerado mejor payador de todos los tiempos, el afroargentino Gabino Ezeiza, fue quien introdujo el ritmo de milonga a la payada. El mismo Gabino, afirmó que la milonga (campera) proviene del candombe, el cual se formó a partir de viejos ritmos africanos. Hay que saber que Gabino Ezeiza era afroporteño nacido en San Telmo (un barrio de esclavos), y que vivió en una época en la que había un número considerable de afrodescendientes negros en la zona del actual Gran Buenos Aires; y que además, su maestro en la iniciación de la payada, Pancho Luna, también era afroporteño.

En un reportaje al payador argentino Nemesio Trejo, hecho por Jaime Olombrada, y que fuera publicado en el periódico “La Opinión” de Avellaneda (Pcia de Buenos Aires, Argentina) el 15 de abril de 1916, Trejo cuenta:

“En 1884 era mi primera topada con Gabino Ezeiza, el más célebre de los bardos argentinos, y esa payada sirvió para hacer escuela. Por aquella época se cantaba por cifra, pero Gabino introdujo la milonga en esa oportunidad en el tono Do Mayor”, y agregaba: “es pueblera (del ambiente ciudadano) ya que es hija del Candombe africano, y golpeando con los índices en el borde de la mesa empezó a tararear “tunga…tatunga…tunga…”, para demostrar, fonéticamente, la vinculación de este ritmo con el Candombe.”.
(Nemesio Trejo, tomado en un reportaje hecho por Jaime Olombrada)

Teniendo en cuenta lo dicho por Ezeiza, además de que los esclavizados en Argentina fueron “carne de cañón” en las guerras (desde las guerras de Independencia hasta la Guerra de la Triple Alianza), y que Rosas simpatizaba con los afroargentinos y viceversa (compartían lugares a la hora de festejar los carnavales); es muy probable que entre esos lugareños que entonaban “guajiras acriolladas” o “milongas primitivas” (de quienes se habían burlado los brasileños del Ejército Grande de Justo José de Urquiza) hubiera afroargentinos quienes le darían su toque propio a la milonga, influidos por el toque candombe porteño. Además, ha habido grandes payadores afroargentinos; amén del ficticio moreno del Martín Fierro. También fueron famosos los payadores y poetas Gabino Ezeiza (1858-1916) e Higinio Cazón. Por todo esto, es posible que la milonga calara fuerte entre los afroargentinos, y que ellos ayudaran a su difusión (tal y como lo hizo Gabino Ezeiza con su innovación de payar en ritmo de milonga), y a su evolución progresiva hasta que la milonga campera quedara completamente definida, como se la conoce en la actualidad. Otro importante payador afroargentino fue “el Negro” Juan José García.

En 1886 “El Mundo Artístico” de Buenos Aires daba cuenta de la popularidad de este género en ambas orillas del Río de la Plata:

La milonga es el canto popular de las repúblicas del Plata, original, de sentido eminentemente criollo… tiene algunos puntos de semejanza con las “saetae” que se cantan en Andalucía para el Viernes Santo…

Una curiosidad de la milonga campera, es que coexistió con la habanera, pero reinó en ambientes sociales muy humildes. A su vez, en la última etapa de su desarrollo, se la solía llevar al pentagrama de la misma manera en que las habaneras eran escritas en el pentagrama, quizás por eso se la habría llamado “la habanera de los pobres”.

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Cifra

En Argentina y Uruguay se llama Cifra a una especie de melodía tradicional con acompañamiento que se asocia con textos generalmente improvisados.

Se denomina cifra a las canciones cuyo texto improvisan dos ejecutantes en competencia; a las canciones que entonan alternadamente dos participantes o más, en base de coplas improvisadas o hechas; y a las canciones del ejecutante sólo que improvisa sobre un tema solicitado por su auditorio. Pero la cifra por excelencia es la canción de los payadores que improvisan en oposición. La forma en que este canto interrumpido se compagina y enlaza con los rasgueos o punteos de la guitarra es lo más característico de ella y, curiosidad única en los cancioneros americanos. De hecho, el canto dialoga con la guitarra. Una serie de acordes rasgueados hace las veces de preludio. Cuando el cantante alza la voz, la guitarra enmudece. Concluidos uno o dos versos, irrumpe de nuevo el rasgueo o alguna nota grave punteada a manera de breve interludio y así, corre la estrofa hasta el final. No habiendo medida para los interludios ni cuenta para las repeticiones de versos, la forma es más o menos libre. En los mejores tiempos de la especie, se usaba como enfrentamiento de dos cantores para cambiar agudas preguntas o respuestas en estrofa. Mientras rasguea el preludio inicial, el payador piensa su primera pregunta y, lanzado a entonar los versos, se interrumpe e interludia tanto cuanto necesite para continuar pensando en la idea o en la versificación; sigue así hasta completar su pensamiento y la estrofa. En ese momento su contrincante recoge la estrofa de la pregunta e inicia su respuesta del mismo modo. Un improvisador es tanto más hábil cuanto menor sea la cantidad de repeticiones e interludios que requiera para versear.

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Huella

La huella es una danza folclórica argentina, nacida hacia 1820, característica de la llamada música surera o sureña. Esta danza fue bailada principalmente en Argentina, aunque también su práctica se extendió a Bolivia, Chile y Uruguay. Se caracteriza por ser picaresca por sus giros y zapateos, señorial por el leve contacto de las manos, aparecida durante la etapa de las guerras civiles.

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Triunfo

El triunfo es una danza de estilo musical folclórico de Argentina y el sur de Bolivia (Dpto. de Tarija).

Surgió al final de la Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809-1824), en coincidencia con la derrota española definitiva en la batalla de Ayacucho, para celebrar el triunfo independentista, de donde viene su denominación. Tiene un carácter vivaz y exultante. Es característico del folclore surero (pampeano).

Uno de los triunfos más antiguos recopilados dice:

Este es el triunfo, niña
de los patriotas,
que diga de los patriotas
huían los realistas
como gaviotas
que diga como gaviotas.

Sus estrofas suelen comenzar con la frase "este es el triunfo..."

Cada estrofa está formada por un verso de siete y uno de cinco sílabas, forma denominada copla "de seguidilla" o "de pie quebrado", repitiéndose el segundo verso, a veces con el agregado de una o dos palabras antes de esta repetición ("que diga", "la pucha", "aijuna", etc.).

Este es el triunfo niña (7)
de los patricios (5)
que diga de los patricios.

Cada verso se cantará en 2 compases resultando una estrofa de 6 compases, forma melódica única del folklore Argentino, debido a que en la mayoría de los géneros se estila el uso de frases melódicas de 4 u 8 compases.

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Malambo

El malambo es una danza folclórica tradicional argentina, perteneciente a la llamada música surera o sureña. Nació en las soledades pampeanas allá por el año 1600. Dentro de los bailes folclóricos argentinos, es una excepción que carece de letra; la música de un Bombo legüero las guitarras acompaña a esta danza ejecutada, únicamente, por hombres. Se cree, y varios estudiosos del tema están de acuerdo en, que el Malambo tiene influencia africana, en el zapateo (similar a los pequeños zapateos afroperuanos) y en el toque del Bombo.

La primera versión musical del malambo fue publicada por Ventura Lynch en 1883.

Lo esencial de la música del malambo es un esquema rítmico de seis unidades por compás.

En un principio el instrumento típicamente utilizado para el malambo fue -y sigue siendo- la guitarra. Al expandirse por la Argentina el malambo incorporó otros instrumentos según la región. En el norte argentino se incorporó el bombo, instrumento de percusión; en la zona del Litoral es muy popular el «fuelle» (bandoneón o acordeón); en la zona chaqueña y Cuyo el violín es muy estimado. Actualmente las diferencias de regiones casi no son tenidas en cuenta, generalizándose el uso de instrumentos en todo el país, incluyéndose otros como la quena y la flauta.

Con respecto a la guitarra, el rasgueo criollo puede utilizar el punto clásico por instantes pero generalmente obtiene el sonido por su especial manera de punteo, el que se alterna con rasgueos según el gusto del músico.

Una manera clásica de tocar es colocando sobre las cuerdas la mano cerrada, el puño se aplica a la cuerda no a la yema sino al revés la uña la primera falange, y la aplicación varía desde el deslizamiento pleno, de frente hasta el de perfil.

Sin embargo esta forma no es la única, se utiliza música de zambas, chacareras, gatos, para otorgar mayor diversidad a la monótona música del malambo.

martes, 28 de enero de 2014

Un Tríptico Fundamental

Ante los evidentes desórdenes sociales, éticos y espirituales que aquejan a los seres humanos en el mundo, y en especial en nuestro territorio argentino, y que redundan en manifestaciones violentas de necedad, desarraigo e insensatez que atentan contra todo posible desarrollo intelectual (de intelecto, el órgano más elevado para el crecimiento del hombre en cuanto a trascendencia de sí mismo) para la humanidad, hemos considerado las posibles soluciones que pueden favorecer positivamente el cambio necesario para que el rumbo del hombre, nuestro rumbo, vuelva a ser el correcto y podamos reconocer con claridad el norte de nuestros objetivos. Así es como hemos dado con un tríptico que consideramos fundamental para el curso de la humanidad, del cual debemos recuperar sus sentidos elementales y así ordenar nuestras vidas de acuerdo a su sabiduría inherente.

Los términos de este tríptico son: Patriotismo, Tradición y Religión. En sus significados propios los tres términos se complementan equilibradamente para formar una unidad indisoluble. Ellos deben ser incorporados urgentemente a la educación de nuestras jóvenes generaciones, ya que como agentes futuros para la transformación son las que más necesitan de criterios sólidos que les permitan un correcto andar sin vacilaciones hacia adelante.

El sentido de Patriotismo está íntimamente vinculado con el amor a lo propio, a la tierra donde se ha nacido, a las costumbres vernáculas, a la pertenencia, sentimiento que se acompaña y potencia con un estudio apasionado de los procesos históricos que han configurado un ser nacional auténtico y diferencial, y el lógico respeto a los héroes que se han encargado de labrar una identidad propia a sangre y sudor, con esfuerzo y perseverancia. Esto trae como consecuencia el riguroso entendimiento de lo que implica el significado de soberanía, su defensa inexorable ante la intromisión de elementos foráneos (sobre todo de índole cultural), el amor al prójimo y el respeto a uno mismo como corolarios necesarios del amor a la tierra y una participación activa en la difusión de los valores culturales de la nación lejos de todo personalismo, chabacanería y frivolidad, tomando la cultura como una herramienta indispensable para el desarrollo del pueblo. Por sobre todas las cosas Patriotismo es educación: si se ama lo propio se lo enseña, se lo transmite, en vistas de que todo caos social se origina en primer lugar desde la ignorancia, y la ignorancia es el peor mal, la gran enfermedad que nutre a toda maldad y a todo vicio. La educación también debe ser reconocimiento y repudio rotundo de todo vicio y maldad.

La Tradición es como la madre del Patriotismo: es el ejemplo raigal de nuestros antepasados encargados de hacer Patria, las pautas conductuales que ellos establecieron como modelos de cultura y de saberes asociados a la esencia de la tierra que les dio nacimiento y crianza, la luminosidad propia del criollismo, sus costumbres y hábitos nativos, todo ello como elementos reconducentes a la originalidad de los hombres en su lugar del mundo. Tradición es raíz, y desde la raíz surge y se alimenta el árbol que dará frutos al cielo. Hundir raíces en el suelo y germinar en lo alto: tal el sentido de la Tradición. Conocer nuestra tradición nos llevará a valorizar nuestras posibilidades culturales como nación, y de aquí el respeto reverente a lo autóctono y su intrínseca belleza.

La Religión es nuestro vínculo necesario con el Dios que nos ha creado y ubicado en un momento y lugar determinados (es decir, de un modo para nada azaroso ni arbitrario), con ciertas posibilidades de desarrollo y con la inteligencia y voluntad suficientes para el crecimiento y la maduración interior. Por esto la Religión viene a ser la Fuente Primigenia y el Nutriente Último para el Patriotismo y la Tradición (de aquí que nuestro Profeta haya dicho que el amor por la tierra de uno es parte de la Fe). Sin Religión no puede haber ninguno de los otros dos, ya que el vínculo con Dios nos enseña a amar y dar valor a lo que realmente se debe amar y valorizar de acuerdo a una sabiduría universal que trasciende todo tiempo y espacio. La Religión nos reconduce a la impersonalidad que se necesita para comprender la valía y virtudes del suelo que nos ha visto nacer, la de nuestros hermanos, la de nuestras posibilidades vernáculas, y nos guía hacia la ética de los comportamientos que nos darán las expansiones definitivas. Sin el vínculo con Dios, con nuestra Realidad trascendente, el tríptico (que nos debe reconducir a Dios) se transforma en fanatismo, intolerancia y exclusivismo. Ante esto nuestra sinceridad, nuestro desapego, nuestro amor, nuestro anhelo, deben marcarse a fuego en nuestros corazones para poder ser partícipes activos en la esperanza de este movimiento transformador. De otra manera, imposible.

Creemos absolutamente indispensable que estos tres conceptos arraiguen como modos vivenciales en nuestra experiencia diaria; ellos serán los encargados de revelarnos una visión sana y equilibrada de nuestro ser en el mundo y el obrar en consecuencia. El trabajo comienza de manera individual: si se quiere un cambio, se debe empezar por uno mismo para luego llegar a los demás con la cabalidad del buen ejemplo.

Quiera Dios concedernos la inmensa fortuna de mejorar y poder ser útiles herramientas para el andar de la humanidad. De Él dependen nuestros resultados y a Él se remiten.